La idea de
este artículo nació hace unos cuantos años, cuando Macri todavía era Intendente
de la Ciudad. El slogan “en todo estás
vos”, publicado en infinitos carteles en la vía pública, fue su detonante.
Primero, me repugnaba ver cómo los impuestos se malgastaban en propaganda
gubernamental (inútil, porque la útil sería excusable, pero de ésa casi no hay).
Y segundo, la frase tenía una contracara implícita, que puede traducirse como “en todo lo tuyo estamos nosotros”, desnudando
el cariz paternalista y populista que había comenzado a tomar el gobierno.
Porque- hay que decirlo- el populismo y el paternalismo no son prerrogativas sólo del progresismo: por aquel entonces, estaba claro que Macri se había percatado de sus ventajas, lo que lo llevaría luego en su posterior gobierno como presidente a implementar un “populismo de derecha”.
La idea de entregarse ciega y mansamente a los que te cuidan supone delegar en esa persona una importante cuota de poder. Descontando que nuestros gobernantes siempre fueron muy paternalistas, la idea de que un gobierno quiera estar siempre allí, muy cerca de ti para cuidarte, no puede sino resultarme perturbadora.
En estos días de COVID y cuarentena, no hacemos sino oir el canto de sirena de funcionarios que nos juran y perjuran, parafraseando al lobo de Caperucita, que están allí para cuidarnos mejor, pero que al mismo tiempo no paran de tomar medidas que perjudican a la enorme mayoría de la población, con una insensibilidad pasmosa.
¿Necesitamos realmente que el Gobierno nos “cuide” de este modo asfixiante, paralizante y mortífero, que tanto nos recuerda los métodos de Barrera Corrales, con su perversa afinidad por el Bondage Social?
Personalmente desconfío de quienes manifiestan una “vocación de cuidado” muy acendrada. Demasiados inquisidores, censores y salvadores de la humanidad recurrieron al mismo argumento. Ni siquiera confío demasiado en los médicos, pero al menos éstos se deben al juramento Hipocrático, y asumen como objetivo supremo el devolverle al paciente la libertad que la enfermedad le ha quitado. Esta notable definición del objetivo terapéutico de la Medicina obliga al médico a abstenerse de intervenir y a autoexcluírse del vínculo con el paciente una vez que este objetivo se ha logrado.
Pero los políticos no están obligados por ningún juramento a respetar la autonomía de sus gobernados, ni mucho menos puede esperarse de ellos la generosa renuncia a la influencia que ejercen sobre sus gobernados, sobre todo cuando se pretende convertir al electorado en una clientela electoral. Por todo esto es lícito sospechar que detrás de tanto cuidado se esconde una razón mucho más espuria: la preocupación por los demás que no deja dormir a los que te cuidan esconde un secreto e inconfesado deseo de controlar al otro, y de mantenerlo bajo el propio dominio.
Ejemplos de los estragos que producen los que te cuidan hay a montones.
Los apologetas de la ideología de género quieren corregir el error en que vives y convencerte de que no hay ninguna diferencia entre un hombre y una mujer, y me consta su buena fe: en su infinita ternura no dudarán en “corregir las desviaciones de la percepción” de la que eres víctima con todos los medios a su alcance, no importa lo doloroso que pueda resultar el remedio. De igual modo, los fundamentalistas de la corrección política no te dejarán leer “Mi lucha” porque se han propuesto cuidar de tu salud mental y salvarte de la corrupción de las ideas. ¡Se olvidan que Hitler quemaba los libros de sus opositores por idénticas razones! El censor dice saber mejor que tú lo que te conviene ver o leer, y no cabe duda que si ejerce un oficio tan ingrato lo hace porque ha hecho del cuidado del prójimo un abnegado sacerdocio.
Algunos te cuidan por convicción y por fe, y otros te cuidan por conveniencia, pero en ningún caso se trata de un cuidado desinteresado. Detrás de una vocación de cuidado tan entusiasta hay casi siempre un elemento de autoritarismo y de control.
La misma palabra cuidar funciona no pocas veces como un eufemismo descarado de la palabra control. Tal ocurre con el programa “precios cuidados”, por ejemplo, que no es sino un programa de control de precios máximos.
Cuando te obligan a cuidarte con el cinturón de seguridad, no es porque les importe realmente cuidarte sino porque pretenden bajar los costos de la siniestralidad y favorecer a las aseguradoras, cuyas pólizas igual siguen subiendo: la mengüa en los costos de la siniestralidad no resulta en un beneficio para el asegurado, sino que aumenta los márgenes de ganancia de las compañías. No hay duda de que si mañana resultase más económico morir que vivir, hallarán la manera de cuidarte ofreciéndote un traguito de cicuta.
Resumiendo: el buen fascista es aquel cuyo fascismo apunta al bienestar general.
¿Y QUÉ HARÍA USTED PARA CUIDAR A LA POBLACION?, seguro que estará pensando el lector.
Pues bien,
como dice el TAO, no se debe intervenir
en las cosas más allá de orientar y dar apoyo para que éstas se acomoden de
acuerdo a sus propias fuerzas internas.
Esta sabiduría milenaria asume que la
complejidad del mundo no admite su concentración en ningún mesías, en ningún iluminado, ni en nadie que nos quiera convencer de que hay una "única solucion".
El mismo principio se aplica en la Medicina. No es el médico el que cura al paciente: el paciente se cura solo. Por supuesto que la ayuda del médico es esencial, pero la función del médico se limita a apartar, debilitar y si es posible eliminar los factores nocivos, y proveer los recursos que el propio organismo necesita o demanda para librar su propia lucha contra la enfermedad.
Claramente, lo que ocurre hoy con la intervención gubernamental respecto del COVID es una intromisión excesiva.
El gobierno debería limitarse a proveer insumos y recursos, y a establecer medidas que disminuyan la presencia o virulencia del factor nocivo.
En cuanto a proveer insumos y recursos, puede suponerse que algo se avanzó, aunque luego de tres meses siguen escuchándose quejas del sector salud por falta de insumos o equipos de protección personal.
En cuanto a limitar la presencia del factor nocivo, el gobierno actuó correctamente al establecer una cuarentena temprana, y al concientizar a la población sobre las medidas que permiten disminuir la transmisión del virus (barbijos, distanciamiento, etc).
Sin embargo, al prolongar indefinidamente la cuarentena cometió el pecado de omnipotencia, mostrando que confía más en su propio poder de curar mediante medidas intervencionistas- en este caso restrictivas-, que en la capacidad de la sociedad para enfrentarse a una crisis. Eso es un enorme error, porque no hay sujeto ni gobierno que pueda saber lo que mejor conviene a cada uno de una sociedad tan compleja como la nuestra.
De ahí que las medidas que restringen la libertad de circulación, de comercio, y literalmente de existencia, bajo el argumento de “cuidarte mejor”, resultan contraproducentes.
Este pecado de omnipotencia le va a costar muy caro a los que nos cuidan, pero lamentablemente les va a costar más caro a los que pasivamente aceptan este cuidado.
Estos facistas de izquierda, mayormente empleados públicos, soldados de este gobierno K, que cobran cómodamente sus sueldos completos el dia 30 son unos insensibles, no tiene idea de la angustia y sufrimiento de lso qeu no están pudiendo trabajar. El periodismo también se queda callado. Se queda en la mera mención de la situación, que vana desaparecer pymes, y lo dicen tan tranquilamente!!!
ResponderBorrarMuy buen articulo.