Annah Arendt - Los origenes del totalitarismo- TOTALITARISMO
FICHA BIBLIOGRAFICA con Extractos LITERALES reordenados y agrupados por mí en base a temas.
Referencias:
En AMARILLO comentarios agregados. Negritas, subrayados y remarcados verdes son agregados.
Donde aparece XX sugiero reflexionar cuánto de eso se aplica a lo que ocurre en la realidad política actual de la Argentina. Que cada cual saque sus propias conclusiones.
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8- ORGANIZACIÓN TOTALITARIA: SUSTITUCION Y DUPLICACION DE ORGANISMOS
Las SA fundadas en 1922, luego en 1926 se fundaron las SS como élite de las SA, al cabo de 3 años las SS fueron separadas y colocadas bajo mando de Himmler. Surgieron una tras otra diversas organizaciones, cada una más militante que la anterior: las tropas de choque, las unidades de la calavera, las Waffen-SS, el Servicio de Seguridad, la Oficina para Cuestiones Raciales, etc.
Esta jerarquía fluctuante con su continua adición de nuevas categorías y sus cambios de autoridad, resulta bien conocida de las organizaciones secretas de control, la policía secreta o los servicios de espionaje, donde siempre se necesitan nuevos controles para controlar a los controladores.
[una ventaja de esta estructura es que ] permite degradar a cualquier categoría o grupo que flaquee por la simple inserción de una nueva categoría más radical.
El carácter paramilitar debe ser comprendido en relación con otras organizaciones del partido como las de estudiantes, médicos, maestros, técnicos, obreros, etc. Todas estas organizaciones eran primariamente duplicados de organizaciones preexistentes.
Los nazis establecieron una serie de departamentos ficticios, modelados conforme a los ministerio de administración regular del Estado, tales como su propio Departamento de Asuntos Exteriores, Educación, Cultura, Deporte, etc.
Crearon un mundo perfecto de apariencias, en la cual cada realidad del mundo no totalitario era servilmente duplicada por una organización del Partido. XX Justicia legítima?
Esta técnica de duplicación demostró ser extremadamente fructífera en la tarea de minar activamente las instituciones existentes y en la descomposición del statu quo, que invariablemente prefieren las organizaciones totalitarias en oposicion a una abierta demostracion de fuerza.
El valor práctico de las falsas organizaciones surgió a la luz cuando los nazis conquistaron el poder y se mostraron inmediatamente dispuestos a destruir la organización existente de maestros mediante una organización de maestros, los existentes colegios de abogados mediante una asociación de abogados patrocinada por los nazis, etc.
Los nazis desencadenaron un alud de leyes y decretos, pero nunca se molestaron en abolir oficialmente la constitución de Weimar. La constitución fue marginada pero jamás abolida. Stalin pudo permitirse un absurdo mayor: aquellos que habían elaborado la nunca repudiada constitución fueron ejecutados como traidores.
Todos los estudiosos del tema se hallan de acuerdo al menos de la coexistencia y el conflicto de una autoridad dual: el Partido y el Estado. La maquinaria del Gobierno es habitualmente descripta como la fachada carente de poder que oculta y protege al verdadero poder del Partido.
Todos los niveles de la maquinaria administrativa del III Reich se hallaban sujetos a una curiosa duplicación de organismos, con una fantástica perfección los nazis se aseguraron de que cada función de la administración del Estado estuviera duplicada por un órgano del Partido. Por ejemplo el antiguo Ministerio de Asuntos Exteriores, los nazis dejaron su personal casi intacto y jamás suprimieron al ministerio, pero al mismo tiempo mantuvieron la Oficina de Asuntos Exteriores del Partido. La duplicación de organismos y la división de autoridad, la coexistencia del poder real y del visible son suficientes para crear la confusión , pero no para explicar la falta de formas de toda la estructura.
La duplicación supone una relación entre la fachada del Estado y el núcleo interno del Partido. También esto conduciría eventualmente a algún tipo de estructura en la que las relaciones entre el partido y el Estado acabarían automáticamente en una regulación legal que regularía y estabilizaría su respectiva autoridad. De hecho la duplicación de organismos resulta mejor definida como multiplicación de organismos.
El habitante del III Reich vivía no sólo bajo las autoridades simultánea y a menudo en conflicto de los poderes en competencia, tales como la administración civil, el Partido, las SA y las SS. Nunca podía hallarse seguro y jamás se le decía explícitamente a qué autoridad debía considerar por encima de todas las demás. Tenía que desarrollar un tipo de sexto sentido para conocer en un momento dado a quién obedecer y a quien desoir.
La Jefatura desplaza constantemente el centro real del poder a menudo hacia otras organizaciones pero sin disolver o denunciar públicamente a los grupos que han sido así privados de su poder. La división consistente y siempre cambiante entre la autoridad real secreta y la representación abierta y visible convertían a la sede real del poder en un misterio por definición.
Una de las diferencias técnicas entre el sistema soviético y el nazi es que Stalin cuando desplazaba el poder de un aparato al otro, liquidaba al aparato con su personal, mientras que Hitler las conservaba. El resultado fue que hasta el final del régimen no hubo una sino dos organizaciones estudiantiles nazis, dos organizaciones femeninas nazis, dos organizaciones de profesores universitarios, dos de abogados, dos de médicos, etc.
La única regla de la que todo el mundo puede estar seguro en un estado totalitario es que cuantos más visibles son los organismos del Gobierno menor es su poder, y que cuanto menos se conoce una institución, más poderosa resultará ser. XX
Una continua competencia entre organismos que no sólo tienen funciones superpuestas sino que se hallan encargados de idénticas tareas no deja casi ninguna oportunidad de ser efectivos a la oposición o al sabotaje. Un rápido desplazamiento en el énfasis, que relegue un organismo a la sombra y eleve al otro a la autoridad puede resolver todos los problemas sin que nadie llegue a ser consciente del cambio o del hecho de que haya existido oposición, siendo ventaja adicional que el organismo en competencia jamás llegue a conocer su derrota, dado que no es suprimido en absoluto, o es liquidado mucho más tarde, sin relación aparente con la cuestión específica [que generó el conflicto]
Como técnicas de gobierno, los recursos parecen simples e ingeniosamente eficaces. La multiplicidad de las correas de transmisión, la confusión de las jerarquías, hace que el cuerpo político del país se halle a prueba de choques por obra de su falta de forma.
La multiplicación de organismos destruye todo sentido de responsabilidad y competencia; no supone tan sólo un aumento tremendamente abrumador e improductivo de la administración sino que realmente obstaculiza la productividad.
La maquinaria del Estado es transformada en una organización frontal de burócratas simpatizantes. ESTATALES MILITANTES
Es en el interior del movimiento el centro de la acción del país, donde se elaboran todas las decisiones. A menudo los servicios de la administración civil no son siquiera informados de lo que está sucediendo. El totalitarismo en el poder utiliza al Estado como su fachada exterior para representar al país ante el mundo no totalitario.
9- ORGANIZACIÓN TOTALITARIA: EL TERROR
La propaganda es parte inevitable de la “guerra psicológica”, pero el terror lo es más.
El terror como propaganda desempeñó un papel más grande en el nazismo que en el comunismo. Los nazis no liquidaron a figuras prominentes sino que mataron a pequeños funcionarios socialistas o miembros influyentes, trataron de demostrar a la población los peligros que implicaba la mera afiliación a esos partidos. Este tipo de terror aumentó firmemente porque ni la policía ni los tribunales persiguieron seriamente a los delincuentes políticos de la llamada derecha.
Se advertía a la población en general que resultaba más seguro ser miembro de una organización paramilitar nazi que un republicano leal.
Los nazis siempre reconocieron públicamente sus crímenes políticos; jamás los disculparon como excesos de los escalones inferiores. E impresionaron a la población por mostrarse de muy diferentes de los “ociosos parlanchines” de los otros partidos. XX Los nazis, sin reconocerlo, aprendieron tanto de las organizaciones gangsteriles americanas como su propaganda aprendió de la publicidad comercial americana.
El terror dictatorial difiere del terror totalitario en tanto que consistuye una amenaza para los auténticos adversarios, pero no para los ciudadanos inofensivos que no representan una oposición política.
La atomización de la sociedad soviética fue lograda mediante el empleo de purgas y liquidación de grupos. Las purgas amenazan con el mismo destino al acusado y a todas sus relaciones corrientes. La consecuencia del simple e ingenioso sistema de la culpabilidad por asociación es que tan pronto como un hombre es acusado, sus antiguos amigos se transforman en sus más feroces enemigos.
Los MOVIMIENTOS TOTALITARIOS son organizaciones de masas de individuos atomizados y aislados. Su más conspicua característica es su exigencia de una lealtad total, irrestricta, incondicional e inalterable del miembro individual. Solo puede esperarse que semejante lealtad provenga del ser humano completamente aislado, quien sin otros lazos sociales con la familia, los amigos, los camaradas o los simples conocidos, deriva su sentido de tener un lugar en el mundo sólo de su pertenencia al movimiento, de su afiliación al Partido.
El mayor logro de Hitler fue que aligeró al movimiento del primitivo programa del Partido no cambiándolo ni aboliéndolo oficialmente sino tan sólo negándose a hablar de ese programa o a discutir sus puntos. Lo mismo hizo Stalin.
En sí misma, la ignorancia de un programa de Partido no es necesariamente un signo de totalitarismo. La simple ansia de poder, combinada con el desprecio por la especificación parlanchina de lo que piensan hacer, es característica de todos los jefes del populacho, pero no alcanza a los niveles del totalitarismo.
10- ORGANIZACIÓN TOTALITARIA: ESTRUCTURA CENTRAL: JEFE Y CAMARILLAS, CON RESONANCIAS DE SOCIEDADES SECRETAS
El “principio del Jefe” no es en sí mismo totalitario, ha tomado ciertas características del autoritarismo y la dictadura militar. Si los funcionarios nombrados desde arriba poseyeran autoridad y responsabilidad reales, tendríamos que habérnoslas con una estructura jerarquizada, similar a la organización de un ejército y de la dictadura militar. Cada jerarquía y cada cadena de mando tienden a estabilizar y restringirían el poder total del líder.
[Esto NO ocurre con los movimientos totalitarios donde ] el Jefe reivindica la responsabilidad personal por cada acción, hecho, entuerto u obra de cualquier miembro o funcionario en su capacidad oficial. Cada funcionario no es solamente nombrado por el Jefe, sino que es su encarnación viviente. Se supone que cada orden emana de esta fuente siempre presente.
Esta perfecta identificación del Jefe con cada subjefe designado y este monopolio de la responsabilidad por todo lo que se hace son también los más conspicuos signos de la diferencia decisiva entre un Jefe totalitario y un dictador o déspota. Un tirano nunca se identificaría con sus subordinados. Puede utilizarlos como víctimas propiciatorias, y permitirá que sean criticados para salvarse de las iras del pueblo. El Jefe por el contrario no puede tolerar nunca las críticas a sus subordinados, puesto que éstos actúan siempre en su nombre. Si desea corregir sus propios errores tiene que liquidar a aquellos que los hicieron realidad. Si quiere censurar sus errores en otros, tiene que matarlos.
En el centro del movimiento como el motor que se pone en marcha se halla el Jefe. Está separado de las formaciones de élite por un círculo interno de iniciados que difunden en torno de él un aura de impenetrable misterio correspondiente a su “intangible preponderancia” XX. Su posición dentro de éste círculo íntimo depende de su capacidad para tejer intrigas entre sus miembros y de su habilidad para cambiar constantemente a quienes forman parte de ese círculo. Tanto Hitler como Stalin se consagraron casi enteramente a cuestiones de personal en las primeras fases de su carrera. Difícilmente hubiera un solo hombre de importancia que no les debiera su posición.
La categoría más alta en la organización de los movimientos totalitarios es la del círculo íntimo en torno al Jefe, como el politburó bolchevique o la camarilla que rodeaba al Jefe. Para ellos, los clichés ideológicos son simples recursos de la organización de masas, y no sienten remordimiento al cambiarlos según las necesidades de las circunstancias, con tal de que se mantenga intacto el principio organizador.
Es esta libertad con respecto al contenido de sus propias ideologías la que caracteriza a los más altos escalones de la jerarquía totalitaria, y en esa consideración se incluye al Jefe, el cual es necesario no como persona, sino como función, y como tal resulta indispensable para el movimiento.
La razón técnica de esta lealtad al Jefe es que la sucesión al puesto supremo no está reglamentada ni por la herencia ni por otras leyes. Una triunfante revolución palaciega tendría resultados tan desastrosos para el movimiento como una derrota militar completa.
La base de la estructura no es la veracidad de las palabras del Jefe, sino la infalibilidad de sus acciones. Sin embargo, la lealtad de los que ni creen en los clichés ideológicos ni creen en la infalibilidad del Jefe tiene otras razones. Lo que liga a estos hombres es una firme y sincera fe en la omnipotencia humana. Su cinismo moral, su creencia de que todo está permitido, descansa en la sólida convicción de que todo es posible. Confiados en que el poder de la organización puede destruir al poder sustancial, como la violencia de una banda bien organizada puede robar las mal guardadas riquezas de un hombre rico, subestiman constantemente el poder sustancial de las comunidades estables, y sobreestiman la fuerza impulsora del movimiento. Lo importante de su lealtad es que no creen que el Jefe sea infalible, sino que están convencidos de que todo el que domine los instrumentos de violencia con los superiores métodos de la organización totalitaria puede llegar a ser infalible.
La completa ausencia de revoluciones palaciegas es una característica de las dictaduras totalitarias, y esto es una de las más importantes indicaciones de que el gobierno totalitario no es la dominación de una camarilla o de una banda: el aislamiento de individuos atomizados no sólo proporciona la base de masas para la dominación totalitaria sino que afecta a la propia cumbre de toda la estructura.
La ausencia de una camarilla dominadora ha hecho especialmente inquietante la cuestión de la sucesión del dictador totalitario.
Los MOVIMIENTOS TOTALITARIOS han sido calificados de sociedades secretas establecidas a la luz del día. Siempre ha sido principio de las sociedades secretas el que “todo lo que no está expresamente incluído, se halla excluído”.
Los nazis dieron a sus miembros un equivalente del ritual de iniciación de las sociedades secretas cuando en lugar de excluir simplemente de la afiliación a los judíos, exigieron de sus miembros PRUEBAS de que su ascendencia no era judía. La semejanza más sorprendente entre las sociedades secretas y los MOVIMIENTOS TOTALITARIOS radica en el papel del ritual. Por ejemplos las marchas en torno a la plaza Roja o las fiestas del día del Partido en Nuremberg.
11- ORGANIZACIÓN TOTALITARIA: POLICIA SECRETA Y LA CONSTRUCCION DE “ENEMIGOS OBJETIVOS”
La fase primera de localización de enemigos secretos y localización de antiguos adversarios es combinada con el reclutamiento de la población en organizaciones frontales y en la reeducación de antiguos miembros del partido para servicios de espionaje.
La diferencia principal entre la policía secreta despótica y la policía secreta totalitaria descansa en la diferencia entre el “sospechoso” y el “enemigo objetivo”. El último es definido por la política de gobierno, y no por su propio deseo de derrocar a éste. El gobernante totalitario procede como un hombre que persistentemente insulta a otro hombre hasta que todo el mundo sabe que el segundo es su enemigo, así que puede, con alguna plausibilidad, ir a matarle en defensa propia.
La categoría de “enemigos objetivos” sobrevive a los primeros enemigos determinados por el movimiento. Conforme a las cambiantes circunstancias se descubren nuevos “enemigos objetivos”. Los nazis, previendo la conclusión del exterminio de los judíos, habían dado ya los pasos preliminares para la liquidación del pueblo polaco, mientras que Hitler proyectaba incluso diezmar a ciertas categorías de alemanes.
La categoría de sospechoso abarca- bajo las categorías totalitarias- a toda la población. Cualquier pensamiento que se desvía de la línea oficialmente prescripta y permanentemente cambiante es ya sospechoso, sea cual fuere el campo de actividad humana en que suceda. XX
Como es imposible conocer más allá de la duda el corazón de otro hombre, la sospecha no puede ser mitigada, la sospecha mutua cala todas las relaciones sociales. La colaboración de la población en la denuncia de los adversarios políticos y la prestación de servicios voluntarios como agente provocador están bien organizados.

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