Por Jorge
A. Tizón (jorgeatizon@gmail.com)
En un artículo anterior hablamos de los inicios y las grandes luchas del sindicalismo. En este artículo abordaremos la etapa siguiente:
LA JUSTICA SOCIAL Y LA ORGANIZACIÓN DEL MOVIMIENTO SINDICAL. (1943-1955)
Como consecuencia del desarrollo de
la segunda guerra mundial (1939-1945) nace en nuestro país una corriente
nacionalista militar que comienza a pensar en el desarrollo industrial argentino
con intervención del Estado -industrias metalúrgicas, pesadas y Defensa. Con
ese propósito se creó Fabricaciones Militares Sociedad de Estado en 1941 bajo
el impulso del ingeniero militar Manuel Savio. Surge también dentro del círculo de esos militares nacionalistas la
visión de la distribución de la riqueza y la necesidad de una política
social, en parte como un proceso lógico e inevitable que venía dándose en el
mundo y postergándose en Argentina desde la Década Infame y, además, como forma
de evitar una avalancha comunista. Vale
recordar que los sindicalistas comunistas argentinos por estar atados a la
línea política marcada por la unión soviética y lejos del pueblo argentino quedaron
muy desprestigiados frente a los trabajadores por su postura a favor de los
Aliados en la guerra mundial, que los llevó a evitar huelgas en empresas
inglesas en contra de la defensa de los derechos obreros (recordemos que la
Unión Soviética era aliada de Inglaterra). A todo
esto, en marzo de 1943 las diferencias internas presentes desde años anteriores
dividieron a la C.G.T. en dos grupos (la
CGT NRO 1 y la CGT NRO 2): unos propugnaban una actitud sindical limitada a la defensa
de las cuestiones gremiales y mejoras concretas para los trabajadores argentinos
mientras los otros, bajo la influencia comunista, estaban más interesados en adherir
a las entidades internacionales de las que eran sus brazos políticos.
En este panorama local y mundial
arribó el nuevo gobierno surgido del golpe de Estado de 1943 que puso fin al
proceso de fraude y corrupción política iniciado en 1930. Se sucedieron varios
presidentes (de facto) hasta las elecciones nacionales que se realizaron en
1946. Mientras tanto se inició en la
Argentina una etapa que revolucionó y cambió para siempre el mundo del trabajo.
En octubre de 1943 se hizo cargo del modesto Departamento Nacional del
Trabajo (DNT) el entonces Coronel Juan D. Perón, perteneciente al grupo de
militares nacionalistas. Con una clara
visión de todo lo que faltaba hacerse en materia social en el país, solicitó
permiso para disolver el pequeño Departamento de trabajo y crear un organismo
de mayor rango, la Secretaria de Trabajo y Previsión, lo que se le aprobó. Desde
este lugar tuvo contacto con la clase trabajadora que lo visitaba a diario. Observó
la realidad, se adentró en sus problemas y necesidades y en las posibles
soluciones, poniendo énfasis en la concreción práctica de cada situación analizada
bajo su principio rector: “Mejor que
decir es hacer, mejor que prometer es realizar”.
Impulsó la organización de los trabajadores en
sindicatos transmitiéndoles una visión reivindicatoria y nacional del trabajo y
promoviendo una legislación protectora inspirada en los principios de justicia
social difundidos por las Encíclicas papales. El resultado fue que a fines de 1944, con solo un año de labor, ya se había
logrado una sola C.G.T. y alrededor de 40 organizaciones sindicales se
encuadraron dentro de ella. Se firmaron decretos leyes, centenares de convenios
colectivos y gestiones conciliatorias que beneficiaron a más de dos millones de
trabajadores.
Hasta este momento
la clase obrera, cada vez más numerosa e
importante en la estructura productiva, no había encontrado una fuerte identidad
política que le permitiera unificarse y tener peso como actor social. Esta identidad la encontró de la mano del peronismo,
entusiasmada por las conquistas logradas y vigorizados por el creciente poderío
de sus organizaciones gremiales. Entre las principales conquistas pueden
mencionarse la universalización de medidas de protección social como el salario mínimo vital y móvil, el sueldo
anual complementario, vacaciones pagas, indemnizaciones por despido, registro
de los trabajadores en libro legal.
Cuatro meses
después de los sucesos del famoso 17 de octubre de 1945 en que Perón fue puesto
preso por el ejército y luego liberado por la presión popular de los
trabajadores, se convirtió en Presidente de la Nación con el 52% de los votos
–junto al vicepresidente radical Hortensio Quijano- en las elecciones
nacionales de febrero de 1946.
Dijo al asumir que “para aumentar nuestras conquistas sociales necesitamos aumentar la
riqueza y aumentar el trabajo”. Comenzó entonces un proceso político de reformas basada en
disponer las conquistas históricamente pedidas pero nunca otorgadas, un
creciente y constante nivel de ocupación laboral y el crecimiento de las organizaciones gremiales con el modelo de un
Estado mediador entre el capital y el trabajo.
En paralelo con lo que estaba sucediendo en Europa occidental a partir
de 1945 tras la segunda guerra mundial en cuanto a la implementación de un
nuevo capitalismo con políticas socioeconómicas de corte social, conocidas como
“Estado de bienestar” o “Estado benefactor” moderno (welfare state) según el
cual el Estado debía proveer distintos servicios en cumplimiento de los
derechos sociales de salud, seguridad social, educación, vivienda y cultura
para todos los habitantes de un país y ya no para unos pocos, Argentina se encaminó también hacia una modernidad
única, nacional e independiente, instaurando su propio “Estado de bienestar”.
En la década peronista se crearon sindicatos de magnitud
acordes con el despegue productivo del país: la UOM el 20/04/1943, SINDICATO
DE LA CARNE (1944), UOCRA (1944), SMATA (1945), LUZ Y FUERZA (1946), SOMU
(marítimos, 1947), FOETRA (1950), entre otros. Producto de la expansión industrial durante
los primeros cinco años de gobierno peronista se concretaron 76.000 obras
públicas y se crearon 20.000 nuevas plantas con la consecuente generación de empleos.
Es necesario detenerse un instante en este período para comprender la
magnitud de la transformación política, económica y social que se produjo en un
lapso sorprendentemente breve de nueve años de gobierno y que marcó el comienzo
de un nuevo sindicalismo. Hasta ese momento el movimiento obrero era muy inorgánico y con
distintas luchas de tendencias, por eso los primeros años de gobierno peronista
fueron años de organización y de aprender de la experiencia. Sin duda toda esa
preparación es la que les permitió mantener la estructura durante los 18 años
de proscripción que siguieron al golpe militar de 1955.
Como se sabe el surgimiento del
peronismo tuvo un fuerte apoyo político en el sector popular, fundamentalmente
obrero, quienes se volcaron en masa a apoyar a quien fue capaz de incorporarlos
a la realidad nacional. Sin ese apoyo no hubiera logrado suficiente legitimidad.
La mayor novedad del nuevo gobierno fue
la participación del obrero en las
decisiones políticas: se les permitió insertarse en el Poder Ejecutivo, el
Congreso Nacional y en las ramas de las administraciones provinciales, dándole
responsabilidades de todo tipo, algo inaudito hasta ese momento y rechazado por
las clases dominantes hasta entonces. Ejemplos de esto son: José María Freire,
dirigente socialista de la industria del vidrio, ministro de Trabajo; el
dirigente socialista del gremio de comercio Angel Borlenghi, ministro del
interior; Juan Bramuglia, abogado de la Unión Ferroviaria, ministro de
Relaciones Exteriores. Ya durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen sucedió
algo parecido, ocupando cargos ministeriales personas de la clase media y del
pueblo sin experiencia ni capacidad de ningún tipo, que causaron risas e indignación a los hombres del Régimen, quienes los
llamaban “la chusma radical”.
La diferencia con el gobierno de Perón en este punto fue la realización
de un trabajo sistemático de capacitación de los trabajadores -orientado por el propio Perón,
recordemos que antes de iniciarse en la política fue profesor en la Escuela Superior
de Guerra-, y la organización. Repetía
el Gral. Perón en sus discursos que “lo
único que vence es la organización”, de ahí su empeño por organizar a los
trabajadores como condición para que las conquistas logradas luego de tantas
luchas no pudieran revertirse en etapas posteriores. Con ese fin se crearon escuelas de capacitación sindical que
rápidamente crecieron en cursos y alumnos, destinadas
a formar el intelecto de los delegados obreros y trabajadores en general, y a
consolidar los valores y la conciencia social que los unía al sindicato. El
mismo Perón dictaba los cursos de conducción política y de doctrina.
Los SINDICATOS como escuelas de formación técnica: Los distintos Sindicatos se
sumaron a las capacitaciones ofreciendo multiplicidad de cursos para sus
trabajadores, fundamentalmente de capacitación técnica, que luego se podía completar
con un mayor nivel profesional en la Universidad Obrera (hoy Universidad
Tecnológica Nacional). El objetivo era
la formación profesional del trabajador para favorecer su movilidad
social. La Universidad obrera o UTN se
creó en 1948 pero comenzó recién a operar en 1953. Fue un proceso lento y
metódico realizado desde la nada, sin antecedentes previos.
Los SINDICATOS y el turismo social: El análisis del “turismo social”
requeriría un estudio aparte por todos los aspectos que involucra, pero aquí nos
interesa el rol de los sindicatos en este nuevo escenario. Conceptualmente el
turismo social significa el derecho de todas las personas trabajadoras al
turismo, derivado de tener las vacaciones pagas. Este derecho fue reconocido
por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas en
1948, que estableció que “toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute
del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a
vacaciones periódicas pagadas”. La
Argentina fue pionera en este derecho largamente anhelado ya que lo estableció en
1945, tres años antes que Naciones Unidas, por un Decreto de la Secretaría de
Trabajo y Previsión a cargo del coronel Perón y para la totalidad de los trabajadores en relación de dependencia. Recordemos
que hasta ese momento sólo algunos pocos
gremios importantes disfrutaban de estos beneficios.
Unas décadas antes y en consonancia
con lo que sucedía en el mundo, el Estado argentino había comenzado a pensar en
la necesidad de desarrollar el turismo tanto como forma de atender al ocio de
las personas como por la posibilidad del turismo como actividad económica. Para
eso creó Vialidad Nacional en 1932 (pues teníamos un vasto país integrado
únicamente por líneas férreas; faltaban rutas, hoteles, caminos turísticos,
infraestructura) y en 1942 presentó al Congreso un proyecto de Ley para la
creación de la Dirección General de Turismo, que nunca llegó a tratarse. Se
construyeron unos pocos hoteles orientados al turismo de elite y sectores
medios, y se dieron algunos incentivos como descuentos en pasajes de trenes
para clases medias bajas. Pero no
existía nada parecido al turismo social de masas como se desarrolló a partir de
1945. En este caso la planificación la hacía el gobierno nacional, articulado
con el sector sindical, las provincias y la Fundación Eva Perón. El Turismo social se financiaba con el
descuento del 5% del aguinaldo (2% lo aportaba el trabajador y 3% la patronal),
cobrado por primera vez en diciembre de 1945 y que los empleadores debían
depositar en una cuenta del Instituto Nacional de Remuneraciones. A su vez el
Directorio de este Instituto estaba facultado para dar en arrendamiento,
locación o administración, los bienes para fines de turismo social a los
sindicatos con personería gremial que, a su juicio, tuvieran suficiente
responsabilidad financiera y económica (decreto ley 33302 de 1945).
De esta manera mediante colonias de
vacaciones, unidades turísticas (Chapadmalal -en Mar del Plata-, Embalse Río
Tercero -en Córdoba- y Puente del Inca, en Mendoza) y hoteles sindicales -comprados o alquilados
para tal fin- se buscaba que, además del debido descanso, los trabajadores
conocieran el extenso territorio argentino
ampliando sus horizontes, antes
limitados a su lugar de nacimiento o residencia.
Al principio la utilización turística no fue masiva, tal vez por la
falta de experiencia de los trabajadores al encontrarse frente un beneficio
impensado hasta entonces. Por eso el gobierno recurrió a la publicidad. Bajo la
consigna “Usted se paga el viaje, el
gobierno el hospedaje”, se movilizaron miles de personas a los diferentes centros
turísticos, especialmente a Mar del Plata, Córdoba y Bariloche. También se trabajó coordinadamente
con la Administración de Parques Nacionales incorporando numerosos hoteles en
otros destinos.
En este
período el papel que tuvieron los Sindicatos brindando el servicio turístico a
sus afiliados fue muy importante, pero no
tan notable como el desplegado por la Fundación Eva Perón que era la poderosa
institución que administraba los fondos y la que construyó los grandes centros turísticos
como Chapadmalal y Embalse (en Puente del Inca se utilizó un hotel ya
existente, el Hotel Uspallata). Durante los 9 años de gobierno peronista los Sindicatos
compraron apenas unos pocos hoteles. Contrariamente
a lo que se supone, es con posterioridad a 1955 cuando se produce la gran
expansión de la hotelería gremial en el país, asociada a los mayores fondos que
van a recibir de los gobiernos no peronistas y de facto. Volveremos
sobre esto en el siguiente artículo.
Lo descripto es una incompleta
enumeración de lo que significó el desarrollo del turismo social en la Argentina,
que paralelamente estuvo ligado a una política de ampliación y creación de
infraestructura vial, hotelera y de comunicaciones, muy interesante de
investigar.
Los SINDICATOS y la Ayuda social: La gran organización de ayuda
social durante el primer gobierno peronista fue la Fundación Eva Perón. Comenzó
a operar en 1947, cuando Eva volvió de su gira europea y se instaló en el
Ministerio de Trabajo para organizar la asistencia social a niños, hombres,
mujeres y ancianos con necesidades inmediatas. Los diversos Sindicatos comenzaron a enviarle cargamentos con
donativos: los tucumanos, azúcar; los textiles, telas y ropas; los obreros de
las curtiembres, cueros y zapatos; los telefónicos, un cheque en dinero. Estos
primeros intentos solidarios de los Sindicatos luego se institucionalizaron
cuando la Fundación EP obtuvo su personería jurídica en 1948. Con un
capital inicial de $ 10.000 aportados por la propia Eva, la FEP llegó a tener
en 1955 $ 2.900.000. La mayoría de los fondos (el 60%) provenían
de la donación anual de dos (2) jornales que efectuaban los trabajadores: el
1ro de mayo y el 17 de octubre. Esto fue posible gracias al importante
aumento de los salarios que comenzó a repercutir en los bolsillos de los
trabajadores a partir de las leyes de 1945, viviéndose una verdadera economía
de abundancia y al aumento de la afiliación a los sindicatos que creció de
manera exponencial.
Dado que el aporte más importante a la Fundación EP provenía de los Sindicatos, la CGT formaba parte de la comisión directiva de la Fundación y tenía
mucho peso en su directorio. La operatoria era que cada Sindicato recaudaba el
aporte y lo ingresaba a la CGT y ésta a su vez era la encargada de depositarlo
a la Fundación. A veces los Sindicatos depositaban directamente a la
Fundación. Cercana la muerte de Eva hacia 1952, hubo algunas demoras en el
depósito de los aportes que generaron algunas rispideces entre la FEP y
CGT.
Los SINDICATOS y el sistema de SALUD: La política sanitaria entendida
como política de Estado no existió en nuestro país hasta mediados del siglo XX,
pese que había un alto índice de mortandad infantil y de adultos en general,
debido a enfermedades como tuberculosis, paludismo e infecciosas. Al
asumir el primer gobierno peronista en 1946 se crea la Secretaría de Salud Pública y en 1949 se le da el rango de Ministerio.
Al frente de estos organismos estuvo el Dr. Ramón Carrillo. Se montó un
gigantesco operativo sanitario distribuido en todo el territorio nacional y avalado
por la Leyes 13.012 y 13.019, cuyo plan analítico 1946-1952 constó en un
voluminoso trabajo de cuatro tomos. El Dr. Carrillo encaró la salud pública a
través de tres ramas: la medicina asistencial, la medicina sanitaria y la
medicina social. Según sus propias palabras “la
medicina asistencial tiende a resolver el problema individual cuando se ha
planteado, es pasiva; la sanitaria es meramente defensiva, pues trata de
proteger; la social es activa, dinámica y debe ser necesariamente preventiva”.
Fue una política y una legislación de
avanzada para la época si consideramos que la OMS (organización mundial de la
salud) se creó después de eso, en 1947, en un mundo de posguerra, y definió a
la salud como un completo estado de bienestar físico, mental y social, muy
similar a los postulados peronistas. Como dato: en 1946 el país tenía
66.000 camas hospitalarias. En 1951 sumaban 114.000.
Dentro de este contexto de política gubernamental de la salud jugó también
un papel muy importante la Fundación Eva Perón y la CGT, como integrante de la
comisión directiva de ésta, y algunos Sindicatos creando sus propios
policlínicos.
Mientras el gobierno nacional construía
nuevos hospitales públicos o ampliaba y agregaba pabellones a los ya
existentes, la Fundación EP hizo lo propio construyendo en el corto tiempo de 6
años de vida cuatro (4) Policlínicos modelos: Avellaneda, Lanús, Catamarca y
Ezeiza; en 1953, luego de su muerte, se inauguró el Policlínico de San Martin, y había otros más en ejecución que luego de
1955 fueron abandonados, como el albergue Warnes que estaba destinado a ser el
más grande hospital de pediatría de Sudamérica. Todo se pudo realizar con
el importante aporte de los Sindicatos a
través de sus trabajadores (no de la patronal), sumados a otros donativos que
recibía la FEP.
A su vez algunos Sindicatos construyeron sus propios Policlínicos, pero
hay que decir que en esta etapa fueron muy pocos, aunque la idea ya estaba en
mente. El más importante de los policlínicos propiamente sindicales y el que
tuvo la primera Obra Social del país fue el Ferroviario, ubicado en Retiro. Se
construyó con terrenos donados por la Secretaría de Trabajo y Previsión en 1944
y fue inaugurado en 1954. El Estado aportó un subsidio extraordinario y los trabajadores una
contribución obligatoria de $1 por empleado. Fue un hospital escuela de 9 pisos y 10.000 metros cuadrados
con instalaciones y tecnología de avanzada que lo ubicaba entre los más
modernos de Sudamérica. Estaba destinado a brindar cobertura médico asistencial
a los trabajadores del gremio ferroviario. Luego del golpe de estado de
1955 fue saqueado y parte de sus terrenos habrían
sido expropiados a favor de la familia Villada Achával, esposa del golpista
Lonardi.
Se dice que dado que la Fundación
Eva Perón realizó también obra sanitaria, se generaron algunas fricciones con
el Ministerio de Salud a cargo del Dr. Carrillo. A su vez la construcción de
los policlínicos por la FEP se contraponía de alguna manera al peso creciente de
los Sindicatos que aspiraban al manejo de la salud.
Al trabajador en relación de dependencia sólo se le descontaba
jubilación y la cuota sindical.
Durante el gobierno peronista de 1946 a 1955 todavía no existían las Obras Sociales
en tanto Sistema Nacional de las Obras sociales como lo conocemos hoy. Si
estuvo pensado hacerlo, quedaba para una etapa posterior. Como se dijo
anteriormente solo existían unas pocas obras sociales para sus propios
afiliados, como la del gremio ferroviario. Pero tanto el trabajador en relación
de dependencia como el autónomo podían ir a los numerosos hospitales públicos y
policlínicos de forma totalmente gratuita, los que contaban con superávit de
camas disponibles, personal calificado, equipamiento médico de alta tecnología
e instalaciones impecables, prácticamente de lujo.
Un detalle que no desmerece la
magnánima obra pero que podría haber evitado algunos malestares: todos los
hospitales y policlínicos se llamaban Pte. Juan D. Perón y Eva Perón, como la
mayoría de todo lo que inauguraba.
Después de 1955 los hospitales y
policlínicos públicos comenzaron a degradarse por la intencionada falta de
mantenimiento de los gobiernos sucesivos e incluso por los mismos empleados,
que se robaban hasta las canillas de los baños.
Los SINDICATOS y la CULTURA:
Los derechos a la educación y a la
cultura son incluidos en la reforma de la Constitución Nacional de 1949. Datos
ilustrativos: en 1945 el déficit de edificios para escuelas era de 10.000. En
los ocho años posteriores de gobierno se construyeron 8.000 escuelas grandes y
confortables. En 1945 el analfabetismo era del 15%. El 1955 se redujo al 3%.
En este punto la colaboración de las
organizaciones sindicales con sus escuelas de capacitación técnica para
trabajadores fue esencial. Pero además se agrega el gran aporte de la Fundación
Eva Perón en la construcción de por lo menos 1000 escuelas por todo el país,
con la directa colaboración de la CGT, su brazo derecho.
A
MANERA DE SÍNTESIS DE ESTA SEGUNDA ETAPA, PERÍODO 1943-1955:
A partir de 1943, luego de intensas luchas y
divisiones, el sector sindical se organizó y
fortaleció. Los
9 años de gobierno peronista sellaron una sólida alianza entre los sindicatos y
el Estado, constituyéndose el Estado en mediador de las
relaciones entre trabajadores y empleadores. Los Sindicatos fueron
reconocidos con personería gremial y paulatinamente se incorporaron a una CGT
única y cada vez más poderosa. Se pasó
así de un Estado ausente en el pasado, a uno que interviene activamente. De
la falta de previsión, a un plan organizado. De la inestabilidad laboral y
desorden, de acuerdos directos entre patrones y empleados, a un nuevo vínculo con los trabajadores y a
la ejecución de una política nacional social. Por primera vez los beneficios se
extendieron a todos los sectores, incluyendo los menos privilegiados.
En 1945
los hombres y mujeres afiliados a los sindicatos, eran 500.000. En 1955, apenas
diez años después, la cifra ascendía a 6.000.000. Esto repercutió directamente
en las cajas sindicales que comenzaron a recibir el aporte del trabajador y la contribución
patronal. Fue una época de constante crecimiento económico industrial junto al
desarrollo sindical.
Se firmaron convenios colectivos para todos los
gremios del país a la vez que se construyeron edificios sindicales en toda la
Argentina.
Se establecieron en conjunto los
derechos laborales y sociales que luego se incorporaron a la Constitución de
1949, en consonancia con la tendencia jurídica de los Estados más modernos del
mundo. Todo este bagaje de conquistas sociales y el aumento del bienestar
económico y cultural de los ciudadanos en general alejaron la conflictividad
sindical durante estos años de gobierno peronistas, salvo algunas pocas
“huelgas ideológicas” (de base comunista) como las ferroviarias, por fuera de
la autoridad gremial.
En este período los Sindicatos y la CGT colaboraron
y trabajaron estrechamente con el gobierno nacional y la Fundación Eva Perón en
asistencia social, turismo, salud y cultura. Si bien los sindicatos contaban
con los crecientes ingresos de la cuota sindical de sus afiliados, una parte de
estos fondos se destinaban como ayuda a la FEP o bien para la construcción de
sus propios edificios. Contrariamente a
lo que se piensa, no fue durante los
dos primeros gobiernos peronistas que los sindicatos construyeron su fuerte
poderío económico y obtuvieron gran caudal de recursos, sino después. Volveremos sobre esto al hablar de las etapas 3 y 4 del sindicalismo.
Lo que sí
adquirieron durante esta etapa fue capacitación, organización y consolidación
de sus estructuras. Pero al estar tan
ligados al poder político del gobierno, lógicamente no gozaban de una verdadera
autonomía sindical.
Toda la homogeneidad que caracterizó la acción de
la CGT durante esos años quedó debilitada hacia 1955, sobre todo luego del
bombardeo de plaza de mayo del 16 de junio de 1955. Tal vez previendo lo que se
avecinaba, muchos de sus dirigentes se mantuvieron en la inactividad.
Otra de las características de este
período es que como consecuencia de ver cumplidas y satisfechas sus demandas de
antaño los trabajadores fueron alejándose de las actividades sindicales y esto
facilitó la burocratización de las organizaciones y la perpetuación de sus
dirigentes.