jueves, 25 de junio de 2020

ESTO Y LO OTRO: UNA EPIFANIA EN EPOCA DE CORONAVIRUS

En un artículo anterior, planteé cómo la famosa grieta que tanto denostamos tiene un lado positivo, y cumple una función homeostática fundamental en la sociedad argentina. En este artículo, iré un poco más allá, y plantearé la necesidad de migrar culturalmente hacia un modo de ver las cosas focalizado en la conjunción y no en la disyunción.

 Apenas el país se vio confrontado con la crisis sanitaria del COVID19, el Gobierno presentó una disyuntiva excluyente: La economía O la vida, afirmando que el Gobierno estaba por la vida (y por lo tanto, siguiendo la lógica implacable de esa frase, contra la economía).

 Esto encendió todas las alarmas, creando inmediatamente enemigos y conflictos. Nótese cómo el sólo hecho de plantear el problema en forma de disyuntiva, ayudó a crear y fortalecer un frente de disenso inútil y gravoso para el país. Si el problema se hubiese planteado en forma conjuntiva (“vamos a cuidar la vida Y también la economía”), el resultado habría sido completamente distinto.

 Pero esto, que es el ABC de la comunicación, no ocurre con facilidad en Argentina, porque la clase política- y posiblemente toda la cultura social- hace años (cientos en verdad) que funciona en base a disyuntivas del tipo “Esto O Lo Otro”. Y ese modo de plantear las cosas de manera excluyente produce siempre lo mismo: Enemigos y Problemas. Ambos son funcionales a los gobiernos básicamente por 2 motivos: los enemigos sirven para apuntalar el propio poder y justificar medidas represivas, y la persistencia de los mismos problemas sirve para perpetuar los negociados y la corrupción.

 Cuando están los unos al mando, tenemos ciertos enemigos y ciertos problemas. Cuando llegan los otros, tenemos otros enemigos y otros problemas. Pero los ciudadanos de a pie nunca dejamos de tener enemigos y problemas, porque siempre la disyuntiva que plantea la clase política a la ciudadanía es Esto O Lo otro. ¡Esta fórmula sirve como ninguna a la clase política para dividir a la ciudadanía!

 Resumiendo, tenemos entonces dos facciones muy distintas de las que presenta la grieta tradicional:

 1-    Aquellos que quieren incrementar la división, aumentar los niveles de confrontación, y profundizar la Grieta, mediante fórmulas del tipo Esto O Lo otro.

2-    Aquellos que fomentan la unión, disminuyen los niveles de confrontación, y están decididos a achicar la Grieta, mediante fórmulas del tipo Esto Y Lo otro.

 Claramente, la real transformación y el camino hacia la liberación y el desarrollo del país y el bienestar de los ciudadanos no pasa por la exclusión sino por la integración, de modo que la fórmula excluyente Esto O Lo otro es profundamente reaccionaria y negativa, no importa si la fogonea el más progresista de los partidos.

 Lo bueno de tener claro este punto, es que disponemos de una herramienta sencilla para distinguir si una medida de gobierno- sin importar el signo del mismo- sirve al pais o por el contrario lo perjudica.

 ESTO O LO OTRO o el camino de la Desintegración.

 ¿Quienes son los verdaderos enemigos del País?

 ·        Quienes permanentemente tratan de plantear todo con fórmulas disyuntivas del tipo Esto O Lo otro.

·        Los que plantean una única solución para los problemas – que coincide casualmente con la que ellos proponen.

·        Los que promueven la exclusión y la confrontación.

·        Los que aplauden la censura de sus enemigos y la coartación de la libertad de expresión.

·        Los que plantean todo en términos binarios, blanco o negro, peronismo-antiperonismo, campo-ciudad, etc.

·        Los que usan etiquetas (patriarcado, neoliberalismo, zurditos, montos, cacerolos, machirulos, etc) porque las etiquetas sólo sirven para estigmatizar y forzar a la realidad a encajar en un molde ideológico e instaurar la burla o el desprecio como herramienta de descalificación.

·        Los que plantean el campo o la ciudad

·        Los que plantean el campo o la industria

·        Los que plantean el capitalista o el trabajador

·        Los que plantean la izquierda o la derecha

·        Los que plantean o estás conmigo o estás contra mi.

·        Los que plantean lealtad incondicional al gobierno u oposición obstruccionista.

 ESTO Y LO OTRO: LA INTEGRACION.

 ¿Quienes son los verdaderos patriotas que sirven a los intereses del ciudadano?

 ·        Quienes permanentemente tratan de plantear todo con fórmulas conjuntivas del tipo Esto Y Lo otro.

·        Los que plantean que los problemas son multifactoriales y admiten que siempre existen distintas soluciones.

·        Los que promueven la inclusión y el diálogo.

·        Los que reivindican la libertad de expresión como base fundamental de la democracia.

·        Los que plantean todo en términos de complejidad.

·        Los que se abstienen de utilizar etiquetas, para evitar la estigmatización.

·        Los que promueven la integración entre el campo y la ciudad

·        Los que promueven la integración entre el campo y la industria

·        Los que reconocen una interdependencia positiva entre el capitalista y el trabajador

·        Los que plantean una deseable convivencia entre la izquierda y la derecha

·        Los que reconocen que no estar conmigo no significa necesariamente estar contra mi.

·        Los que, sin estar en el gobierno, plantean la integración colaborativa entre gobierno y oposición.

·        Los que, estando en el gobierno, se permiten aceptar críticas sin sentirse amenazados.

 La liberación real viene de pensar en términos de Esto Y Lo otro.

 EL TRABAJO DE LA INTEGRACION

 La integración tiene tres facetas importantes:

1- La educación con énfasis en la “despolarización”

2- La identificación de los verdaderos Enemigos Comunes

3- La resolución de las Nuevas Injusticias Sociales

 1)    LA EDUCACIÓN DESPOLARIZANTE Y CLARIFICANTE.

Supone educar a la sociedad entera sobre el valor de la consigna Esto Y Lo otro. Implica enseñar a identificar cuando se presentan falsas alternativas disyuntivas, y supone erradicar muchos de los presupuestos enquistados en las mentes después de años de machacosa polarización. Supone la “educación del gorila” pero también “la educación del progre”, pues en ambos casos se observan serios déficits de cultura general, desconocimiento palmario de la historia, y escasa o nula capacidad de autocrítica. Hay que partir de la humildad. Ese vacío de información ha sido ocupado por una maraña de prejuicios y consecuente odio visceral que termina en una grotesca caricatura, que la EDUCACION DESPOLARIZANTE se debe ocupar de desmontar. Para ello, un pilar de este tipo de educación es el pensamiento crítico y la libertad total de expresión, por dolorosa que pueda resultar a ciertos oídos.

El otro aspecto importante se refiere a la necesidad de clarificar de manera sistemática conceptos habitualmente confusos para la ciudadanía, como por ejemplo la diferencia entre el Estado y el Gobierno, o entre lo Público y lo Privado, etc.

 2)    LA IDENTIFICACION DE LOS ENEMIGOS COMUNES.

Hay situaciones en las que no cabe ninguna duda de que estamos frente a un enemigo común a todos los argentinos, sin importar clase, ni procedencia, ni partido. No voy a extenderme en esto, pero el paradigma del enemigo público es el que rapiña el patrimonio público.

3)    LA IDENTIFICACION Y RESOLUCION DE LAS NUEVAS INJUSTICIAS SOCIALES

A mitad del siglo pasado, el Justicialismo vino a resolver ciertas injusticias sociales flagrantes e inaceptables para su época, y lo hizo en consonancia con lo que ocurría en los países más avanzados del mundo. En ese sentido no fue original, pero sí pionero.
Muchas de esas injusticias se resolvieron, y los derechos adquiridos ya forman parte incuestionable del entramado social, beneficiando incluso, como dice Galbraith, a aquellos que en su momento se opusieron de manera virulenta a su concesión.
Sin embargo, parece que hoy se han acabado todas las injusticias…. ¿Es que todo se ha terminado con el logro del aguinaldo, las vacaciones pagas, y la jubilación? Pues claro que no: el sistema genera actualmente nuevas injusticias sociales que merecen atención, pero a las cuales los gobiernos del signo que sea ignoran sistemáticamente.

No me voy a extender detallando este punto porque será motivo de un artículo aparte.

CONCLUSION:

 El ataque del COVID es como una guerra. Ver que ni siquiera una situación de guerra alcanza para erradicar el funcionamiento excluyente y confrontativo de la política resulta  preocupante.

 El virus no respeta ni partidos, ni clases, ni condición económica: desnuda la realidad de que debemos estar unidos, que somos la misma cosa, que los verdaderos enemigos comunes son los que rapiñan los recursos de la sociedad (esos mismos recursos que ahora escasean cuando se necesitan para pelear esta guerra), y esos no son solamente las grandes empresas prebendarias ni los enormes capitales especulativos- que lo son sin duda- sino además, los que ignoran la emergencia de nuevas injusticias sociales y dejan con indolencia que se profundicen, y por sobre todo quienes trabajan para incrementar la polarización en todos los frentes mediante la promoción de la fórmula Esto O Lo otro.

 La grieta, aunque suene absurdo, es el último reducto de la salud sociopolítica que nos queda a los argentinos. Es un síntoma claro e inequívoco de enfermedad, que como todo síntoma, señala el problema e indica cuál es el camino para la solución: la existencia misma de la grieta es una invitación a cerrarla.

 Pero no se puede suturar una herida clavando la aguja en un lado O en otro. Hay que clavarla de un lado Y del otro.

domingo, 21 de junio de 2020

LOS QUE TE CUIDAN

La idea de este artículo nació hace unos cuantos años, cuando Macri todavía era Intendente de la Ciudad. El slogan “en todo estás vos”, publicado en infinitos carteles en la vía pública, fue su detonante. Primero, me repugnaba ver cómo los impuestos se malgastaban en propaganda gubernamental (inútil, porque la útil sería excusable, pero de ésa casi no hay). Y segundo, la frase tenía una contracara implícita, que puede traducirse como “en todo lo tuyo estamos nosotros”, desnudando el cariz paternalista y populista que había comenzado a tomar el gobierno.

Porque- hay que decirlo- el populismo y el paternalismo no son prerrogativas sólo del progresismo: por aquel entonces, estaba claro que Macri se había percatado de sus ventajas, lo que lo llevaría luego en su posterior gobierno como presidente a implementar un “populismo de derecha”.

La idea de entregarse ciega y mansamente a los que te cuidan supone delegar en esa persona una importante cuota de poder. Descontando que nuestros gobernantes siempre fueron muy paternalistas, la idea de que un gobierno quiera estar siempre allí, muy cerca de ti para cuidarte, no puede sino resultarme perturbadora.

En estos días de COVID y cuarentena, no hacemos sino oir el canto de sirena de funcionarios que nos juran y perjuran, parafraseando al lobo de Caperucita, que están allí para cuidarnos mejor, pero que al mismo tiempo no paran de tomar medidas que perjudican a la enorme mayoría de la población, con una insensibilidad pasmosa.

¿Necesitamos realmente que el Gobierno nos “cuide” de este modo asfixiante, paralizante y mortífero, que tanto nos recuerda los métodos de Barrera Corrales, con su perversa afinidad por el Bondage Social?

Personalmente desconfío de quienes manifiestan una “vocación de cuidado” muy acendrada. Demasiados inquisidores, censores y salvadores de la humanidad recurrieron al mismo argumento. Ni siquiera confío demasiado en los médicos, pero al menos éstos se deben al juramento Hipocrático, y asumen como objetivo supremo el devolverle al paciente la libertad que la enfermedad le ha quitado. Esta notable definición del objetivo terapéutico de la Medicina obliga al médico a abstenerse de intervenir y a autoexcluírse del vínculo con el paciente una vez que este objetivo se ha logrado.

 Pero los políticos no están obligados por ningún juramento a respetar la autonomía de sus gobernados, ni mucho menos puede esperarse de ellos la generosa renuncia a la influencia que ejercen sobre sus gobernados, sobre todo cuando se pretende convertir al electorado en una clientela electoral. Por todo esto es lícito sospechar que detrás de tanto cuidado se esconde una razón mucho más espuria: la preocupación por los demás que no deja dormir a los que te cuidan esconde un secreto e inconfesado deseo de controlar al otro, y de mantenerlo bajo el propio dominio.

 Ejemplos de los estragos que producen los que te cuidan hay a montones.

 Los apologetas de la ideología de género quieren corregir el error en que vives y convencerte de que no hay ninguna diferencia entre un hombre y una mujer, y me consta su buena fe: en su infinita ternura no dudarán en “corregir las desviaciones de la percepción” de la que eres víctima con todos los medios a su alcance, no importa lo doloroso que pueda resultar el remedio. De igual modo, los fundamentalistas de la corrección política no te dejarán leer  “Mi lucha” porque se han propuesto cuidar de tu salud mental y salvarte de la corrupción de las ideas. ¡Se olvidan que Hitler quemaba los libros de sus opositores por idénticas razones! El censor dice saber mejor que tú lo que te conviene ver o leer, y no cabe duda que si ejerce un oficio tan ingrato lo hace porque ha hecho del cuidado del prójimo un abnegado sacerdocio.

Algunos te cuidan por convicción y por fe, y otros te cuidan por conveniencia, pero en ningún caso se trata de un cuidado desinteresado. Detrás de una vocación de cuidado tan entusiasta hay casi siempre un elemento de autoritarismo y de control.

 La misma palabra cuidar funciona no pocas veces como un eufemismo descarado de la palabra control. Tal ocurre con el programa “precios cuidados”, por ejemplo, que no es sino un programa de control de precios máximos.

 Cuando te obligan a cuidarte con el cinturón de seguridad, no es porque les importe realmente cuidarte sino porque pretenden bajar los costos de la siniestralidad y favorecer a las aseguradoras, cuyas pólizas igual siguen subiendo: la mengüa en los costos de la siniestralidad no resulta en un beneficio para el asegurado, sino que aumenta los márgenes de ganancia de las compañías. No hay duda de que si mañana resultase más económico morir que vivir, hallarán la manera de cuidarte ofreciéndote un traguito de cicuta.

 Resumiendo: el buen fascista es aquel cuyo fascismo apunta al bienestar general.

 

¿Y QUÉ HARÍA USTED PARA CUIDAR A LA POBLACION?, seguro que estará pensando el lector.

 

Pues bien, como dice el TAO, no se debe intervenir en las cosas más allá de orientar y dar apoyo para que éstas se acomoden de acuerdo a sus propias fuerzas internas.


Esta sabiduría milenaria asume que la complejidad del mundo no admite su concentración en ningún mesías, en ningún iluminado, ni en nadie que nos quiera convencer de que hay una "única solucion".

El mismo principio se aplica en la Medicina. No es el médico el que cura al paciente: el paciente se cura solo. Por supuesto que la ayuda del médico es esencial, pero la función del médico se limita a apartar, debilitar y si es posible eliminar los factores nocivos, y proveer los recursos que el propio organismo necesita o demanda para librar su propia lucha contra la enfermedad.

Claramente, lo que ocurre hoy con la intervención gubernamental respecto del COVID es una intromisión excesiva.

El gobierno debería limitarse a proveer insumos y recursos, y a establecer medidas que disminuyan la presencia o virulencia del factor nocivo.

En cuanto a proveer insumos y recursos, puede suponerse que algo se avanzó, aunque luego de tres meses siguen escuchándose quejas del sector salud por falta de insumos o equipos de protección personal.

En cuanto a limitar la presencia del factor nocivo, el gobierno actuó correctamente al establecer una cuarentena temprana, y al concientizar a la población sobre las medidas que permiten disminuir la transmisión del virus (barbijos, distanciamiento, etc).

Sin embargo, al prolongar indefinidamente la cuarentena cometió el pecado de omnipotencia, mostrando que confía más en su propio poder de curar mediante medidas intervencionistas- en este caso restrictivas-, que en la capacidad de la sociedad para enfrentarse a una crisis. Eso es un enorme error, porque no hay sujeto ni gobierno que pueda saber lo que mejor conviene a cada uno de una sociedad tan compleja como la nuestra.

De ahí que las medidas que restringen la libertad de circulación, de comercio, y literalmente de existencia, bajo el argumento de “cuidarte mejor”, resultan contraproducentes.

Este pecado de omnipotencia le va a costar muy caro a los que nos cuidan, pero lamentablemente les va a costar más caro a los que pasivamente aceptan este cuidado.

jueves, 18 de junio de 2020

DE CÓMO “EL TRABAJADOR” SE CONVIRTIO EN “LOS TRABAJADORES” (y todo se fue al demonio)

Este artículo se nutre de una exposición de Jorge Bolívar, que en un libro llamado "Capitalismo, Trabajo y Anarquía" toma el tema del Trabajo y analiza su significado en la doctrina del Justicialismo.

Inspirado por sus palabras, mi tesis en este artículo es que lo que llamamos EL TRABAJADOR (en mayúsculas), fue alguna vez (en el Siglo XX) una Trinidad compuesta por  Capital+Trabajo+Conocimiento. Una trinidad tan indivisible como el Espíritu Santo. Los políticos más lúcidos de entonces, se dieron cuenta rápidamente que si se pretendía que EL TRABAJADOR pudiese crear riqueza, sus tres partes integrantes debían mantenerse unidas y coordinadas.

En su momento Perón aludió a los constituyentes de esta Santa Trinidad que constituía el nuevo “actor social” por excelencia del siglo XX: EL TRABAJADOR.

Para Perón, EL TRABAJADOR era una entidad formada por el Capital por un lado (en adelante la Billetera, o sea el dinero como combustible capaz de poner en movimiento la fuerza motriz), el Trabajo por otro (en adelante  las Manos que materializan dicha fuerza motriz), y articulando todo ello el Conocimiento (el Saber qué, dónde, cómo, y de qué manera), en adelante el Cerebro.

Nótese que a diferencia de los marxistas, para quienes Capital y Trabajo estaban mortalmente enemistados, para Perón el Capital era un integrante más de la Trinidad articulada que componía al TRABAJADOR. De modo que eso de “combatiendo al capital” era sólo un canto de sirena para las masas[1].

Pues bien, a estos dos elementos constitutivos (la Billetera y las Manos) que proponía el marxismo, sumó él un tercero, que cumplía una función insoslayable de “coordinación, planificación e investigación”, el así llamado Cerebro, que fue incorporado a la Billetera y a las Manos como un tercer factor indispensable para que este TRABAJADOR trinitario pudiera ser considerado como tal y cumpliera con eficiencia su función de crear riqueza y bienestar social.

Perón se dio cuenta que nada podía hacerse con cualquier factor de éstos por separado, prescindiendo de los demás, o sea:

·        De nada sirve el dinero si no se lo destina a movilizar fuerza de trabajo para dirigirla hacia objetivos útiles.

·        De nada sirve la fuerza de trabajo si permanece ociosa, y no puede activarse mediante la inyección de dinero, o si se aplica a objetivos o tareas inútiles.

·        Y de nada sirve la investigación, la gerencia, o el gobierno,  si no puede identificar y proporcionar al dinero y a la fuerza de trabajo un objetivo útil que éstos últimos puedan plasmar en la realidad para provecho de la sociedad.

Si ponemos a un contador a manejar una planta de producción, se producirá un desastre tan seguro como si ponemos al obrero que maneja una empaquetadora a diseñar el plan financiero de la empresa, o a un investigador bioquímico a organizar el departamento de ventas de la fábrica de cosméticos donde trabaja. De modo que estos distintos saberes y roles (el financiero y comercial, el técnico y operativo, y el gerencial, coordinador o investigativo) no son intercambiables, sino interdependientes.

Perón sabía que ningún actor de estos podía reemplazar al otro de manera eficiente, y por eso en su planteo la idea de colaboración y de organización y coordinación entre estos tres factores fue fundamental.

Sin embargo, el tiempo que todo lo barre y lo confunde, introdujo una distorsión lamentable en todo esto, y dio origen a una nueva confusión que se suma a la larga lista de confusiones que nublan el entendimiento de los argentinos.

¡TODOS SOMOS TRABAJADORES!

Cien años atrás, un maestro, un médico, un investigador o un gerente organizador no se consideraba una “Mano” sino un “Cerebro”; el banquero o el capitalista que aportaba el dinero tampoco se consideraba una “Mano” sino una  “Billetera”. El Capitalista aportaba su Billetera, el Trabajador aportaba sus Manos, y los Cerebros aportaban Conocimiento y Organización.

Entre todos formaban orgullosamente parte de esa entidad trinitaria que llamamos aquí EL TRABAJADOR. Y tal fue el éxito de esta asociación que pronto empezaron las rencillas por ver quién se adjudicaba el mérito.

Partiendo de la idea equivocada de que la riqueza es únicamente fruto del accionar de las Manos, éstas reclamaron para sí la exclusividad del título de Trabajadores y clamaron que ellos eran los únicos merecedores de tal dignidad. A esto contribuyó la teoría de Marx de que la plusvalía o sea la riqueza, provenía exclusivamente del las Manos[2]. Al tiempo que esto sucedía, las BILLETERAS y los CEREBROS fueron acusados de obstaculizar y de parasitar las vidas de los “verdaderos trabajadores”, o sea de las nobles y dignas MANOS.

¿Cuál fue la solución que encontraron BILLETERAS Y CEREBROS para no sufrir el escarnio social y convertirse frente a la opinión pública en demonios, chupasangres o parásitos sociales[3]? Pues muy fácil: transformarse ellos mismos también en trabajadores, en Manos. Y entonces… ¡abracadabra!  En vez de la vieja Trinidad tenemos ahora TRES MANOS buscando su beneficio de manera independiente.

Hago un pequeño paréntesis para hacer notar que una MANO es la herramienta por excelencia para agarrar, para tomar, para apropiarse de las cosas, sean propias o ajenas. El simple gesto de cerrar la mano se utiliza universalmente para simbolizar la acción de robar. La Trinidad original se vio reducida así a tres manos, cada cual tratando de tomar lo más que podía de lo que se le ponía al alcance.

Vamos a los ejemplos.

La Billetera se convirtió en Mano: el dinero dejó de servir para movilizar fuerza de trabajo, y el capitalista, como buen trabajador autónomo abocado a su propio beneficio, empezó a buscar otros destinos más rentables que la producción (especulación financiera, burbujas inmobiliarias, fondos buitres de inversión, etc), no importa si carecían ya de sentido social siempre que redituaran el suficiente “retorno”.

El Cerebro se convirtió en Mano: el Conocimiento, la Investigación y las funciones de coordinación representadas por el Gobierno o la gerencia de una empresa, dejaron también de estar al servicio de coordinar la asociación de capital+fuerza laboral, y se transformaron a sí mismos en Manos. Pero ocurre que si un investigador o un ejecutivo de empresa o un gobernante se considera a sí mismo una Mano, su prioridad pasa a ser el garantizar su propio ingreso a toda costa, independientemente de si los resultados de su producción de conocimiento o su planificación sirven o no para algo. Esto se hizo patente con los investigadores, para quienes es hoy más importante coleccionar publicaciones y sumar puntos para desarrollar su carrera que hacer concretamente algo útil; con los políticos, que a partir de ese momento constituyeron una “clase” aparte del resto de la sociedad, con sus propios intereses particulares; y con los directores de las grandes empresas, que priorizaron sus propios beneficios a los beneficios de los accionistas, y se hicieron millonarios en los años 90 a costa de éstos.

Las consecuencias están a la vista.

No podemos extrañarnos ahora de que el capitalista ponga su Billetera al servicio de la especulación, porque eso es lo que mejor recompensa su “trabajo de inversor”. No diremos que especula: propiamente, hace un “trabajo financiero”

Tampoco podemos asombrarnos de que el operario manual se limite a hacer lo mínimo posible, ya que trata de optimizar el dinero que recibe por su “trabajo”. No diremos que se tira a chanta, sino que “hace rendir su trabajo”.

Y mucho menos podemos escandalizarnos de que el investigador, el científico, el Ejecutivo Gerente o el gobernante, presenten cualquier investigación inútil o cualquier plan descabellado para conducir su empresa o su país, pues su esfuerzo no está puesto en identificar objetivos útiles ni en conducir la nave a buen puerto ni en descubrir nuevas fuentes de riqueza ni de conocimiento, sino… en cobrar un salario y enriquecerse. Convertidos en Manos, su prioridad es como ya dijimos asegurarse a sí mismo un ingreso lo más redituable posible con un mínimo de esfuerzo.

Conclusión: el TRABAJADOR del siglo XX (la original tríada de Billetera+Manos+Cerebro) ha quedado reducido a una multitud de Manos, tratando cada cual de obtener infructuosamente el mayor provecho a su propio “trabajo”, que mayormente consiste en manotear lo más que se pueda.

Por desgracia están, literalmente, dando manotazos de ahogado, pues  Billeteras, Manos y Cerebros sólo pueden salvarse trabajando juntas, en coordinación y colaboración mutua.  Y sólo podrán hacerlo cuando se reconozcan a sí mismas como partes de aquella alianza trinitaria original que es quien crea la riqueza genuina, y que aquí llamamos EL TRABAJADOR con mayúsculas.

 



[1] Perón no renegaba del capital productivo, sino del especulativo, y estaba bastante bien orientado, a juzgar por lo que nos toca vivir hoy día con las burbujas financieras y demás estafas globales.

[2]Error muy común, y para ejemplificarlo diré que aquí en nuestro país agropecuario, la plusvalía durante mucho tiempo vino de la naturaleza misma, que reproducía las vacas a campo abierto, por ejemplo, con muy poca intervención humana

[3] Cosa que ocurrió y muy crudamente en los países socialistas, y si no basta recordar la Revolución Cultural de Mao, o las purgas estalinistas o castristas.

BARRERA CORRALES Y EL BONDAGE SOCIAL ARGENTINO

Este artículo profundiza las ideas expuestas en un artículo previo: LA FANTASTICA CAJA DE HERRAMIENTAS DE BARRERA CORRALES. A quienes no lo han leído todavía, les recomiendo su lectura y además les pongo sobre aviso que Barrera Corrales es el nombre con que designamos un subtipo de argentino muy común por estas pampas, particularmente prolífico y abundante sobre todo en despachos oficiales, donde suele hacer nido, y cuyo rasgo distintivo es su obsesiva inclinación a instaurar medidas de tipo limitante, restrictivo, regulatorio, controlador y sobre todo, paralizante, cuando de resolver cualquier problema se trata.

 En este artículo quisiera destacar un hecho que en el anterior artículo se me pasó por alto, tal vez por obvio o por el pudor que suscitan las inevitables asociaciones eróticas, y es el hecho de que Barrera Corrales es un asiduo practicante del Bondage Social.

Para quienes no estén familiarizados con la palabrita, el Bondage designa un tipo de práctica  que consiste en atar, maniatar o atar de manos, sujetar al prójimo mediante sogas, esposas o pañuelos, como un modo de obtener placer en el contexto de una relación sadomasoquista.

 El viejo diccionario reconvertido en Wikipedia nos aclarará un poco más el panorama. Resulta que el Bondage entra dentro de una categoría de prácticas llamadas BDSM que incluye el Bondage mismo, o sea la práctica de atar, sujetar o restringir, asociada a otras como la Disciplina, la Dominación, la Sumisión, el Sadismo y el Masoquismo.

 Dice también nuestra fuente que “las prácticas relacionadas con el bondage entonces, son propiamente las que establecen roles de poder asimétricos, como amo-sumiso, patrón-criado, jefe-empleado, maestro-alumno, policía-detenido, dueño-mascota, etc.” Y aclara que el término «Disciplina» hace referencia a prácticas “relacionadas con reglas, castigos, adiestramiento, protocolos de comportamiento y posturas

En este juego, la persona que ocupa el rol dominante suele recibir el apelativo de Amo, Ama, Dom, Señor, Señora, Mistress, Máster, Diosa, Reina, etc, siempre en mayúsculas, mientras que la persona que ocupa el rol sumiso suele recibir el apelativo de esclavo, esclava, sumiso, sumisa, sub, etc, siempre en minúsculas.”

 El Bondage Social consiste en la extrapolación de este juego al ámbito de la sociedad, y más específicamente al ámbito del Gobierno.

 He dicho ya que los pichones de Barrera Corrales nacen y se crían en sus nidos, mayormente en despachos oficiales heredados por generaciones, pero no se infiera de esto que el resto de la sociedad está libre de ellos. Nada más lejos de la realidad, pues si no ¿de qué semillero se nutriría la clase política?

 La comunidad argentina está saturada de estos especímenes, que pasan por ciudadanos aparentemente correctos y normales, aunque dada su afición por el Bondage, pronto recalan en algun nivel de la Administración Pública, pues se han dado cuenta que es allí donde pueden jugar su juego a plena satisfacción.

 Alguna vez, en una reunión de consorcio, me sorprendió comprobar que en el acaloramiento de la discusión mostraban la hilacha, la soga, e incluso el látigo, varios pichones de esta calaña. Se discutían las funciones del Encargado, y estas crías protestaban que el Encargado estaba obligado a cumplir a rajatabla el horario, haciendo plantón de tal hora a tal otra en el palier, mirando el techo y saludando a los vecinos como un bufón, sin importar en absoluto si el susodicho tenía algo que hacer, si era un trabajador eficiente, si había concluído con sus tareas o si éstas estaban adecuadamente cumplidas. Daban escasa o nula importancia a la eficiencia y a la calidad de su trabajo, pues a ellos provocábales más placer el verlo sufriendo, clavado a una silla e inmóvil durante ocho horas, que gozar de los pisos y los ascensores impecables y perfumados.

Su prerrogativa sobre el servicio contratado no se basa en exigir la excelencia del mismo, sino en demandar al prestador del servicio una serie de “actos de sumisión” carentes de toda utilidad concreta.

Lo mismo le ocurre a un amigo mío con clientes comerciales a quienes brinda soporte informático. Tienen el servicio asegurado por teleasistencia, pero el jefe considera que si mi amigo no cumple un horario en el establecimiento no se puede considerar que verdaderamente “trabaja”. Cuando, no quedándole más remedio, el pobre se aparecía de cuerpo presente para buscar su cheque, como no tenía nada que hacer allí- es más, se veía obligado a desatender el trabajo que normalmente hacía desde su casa- se regocijaban de hacerle perder el tiempo y tenerlo clavado toda una tarde a su merced sin más objeto que el de satisfacer su sadismo.

La situación también se ve muy a menudo en ámbitos académicos o profesionales, donde los Coordinadores pedagógicos en un caso o las Academias, Consejos o Administraciones en otro, se complacen de meter a sus víctimas en el cepo de inteminables reuniones vacías de contenido, o los atiborran de tareas burocráticas o redundantes, cuyo sólo objeto es el de impedirles despegar el trasero del asiento, o bien los sujetan al Lecho de Procusto de una normativa cualquiera, no importa lo absurda o inútil que esta sea.

Lo que sí importa, es dejar bien en claro que hay un Amo que ata, que mete en el cepo, que deja de plantón, que restringe, cercena, mutila, y en suma limita la existencia del esclavo.

El argentino tipo Barrera Corrales otorga más importancia y pone más esmero en construir y consolidar este tipo de relación sadomasoquista, que en mejorar la calidad de los frutos que obtiene de trabajar con otros. Esto no es casual, porque en el fondo, su placer reside mucho más en el ejercicio del poder y en la utilización de todo tipo de coerciones, restricciones, penas, multas, peajes, cuarentenas y confinamientos, que en obtener resultados de calidad.

Brecht se preguntaba: ¿Qué es robar un banco (y disfrutar los beneficios del botín) comparado con fundar uno (y ser el dueño que atesora el botín en el reducido espacio de la bóveda)?

De manera análoga nosotros podríamos decir: ¿Qué es disfrutar de los buenos servicios ofrecidos por el prójimo, comparado con dominar al prójimo, y mantenerlo cautivo de pies y manos, para así regocijarse en la contemplación de su impotencia?

¿Que el Portero dejó todo impecable? Sí, pero no estaba sentado en su sitio a las siete cincuenta, cuando el reglamento dice que tiene que trabajar hasta las ocho. ¿Que el docente o el funcionario presentó una planificación maravillosa y creativa? Sí, pero no cumple con la adecuación a la normativa según el protocolo del formulario 564. ¿Qué el programador hizo un sistema novedoso que funciona a la perfección? Puede ser, pero acá por la oficina no pisó en todo el mes, así que va a cobrar a los postres.

Dice el Papa que “el Poder es el Servicio”, y según este principio el Poder debiera estar en manos de los que mejor sirven. Pero acá en Argentina, Barrera Corrales se ha dado cuenta de lo peligrosa que es esta doctrina- sobre todo para quienes como él no prestan ningún servicio efectivo a la sociedad- y por ello se dedica a menoscabar el servicio en favor de las condiciones de dominio. Lo cual es muy sencillo de hacer, pues basta con desmerecer toda connotación socialmente útil que pudiera tener el servicio ofrecido, y poner el acento en cambio en la necesaria sumisión del oferente a las reglas, directivas, demandas y exigencias del sádico usufructuario.

Una vez que el incauto vendedor de servicios cae en la trampa, se verá obligado a jugar este juego perverso del Bondage Social, resignándose a permitir que se le cercenen libertades, que se lo obligue a cumplir rutinas absurdas, que se le planteen obstáculos estériles, que se le hagan cumplir protocolos inútiles, y que se le impongan toda clase de multas, restricciones o impedimentos, que consumirán su tiempo y su energía vital hasta desangrarlo por completo.

De ese modo, Barrera Corrales se asegura de conservar el poder, a pesar de no prestar servicio alguno.

Muchos se estarán preguntando por qué Barrera Corrales ha desarrollado esta predilección por el Bondage Social, y cómo es posible que su juego perverso reclute tantos fans entre la ciudadanía.

Una de las explicaciones más plausibles es: porque el argentino tiene miedo de la libertad.

Pero esto será motivo de un próximo artículo.

 

Continuará…


viernes, 5 de junio de 2020

COVID. EVITAR LOS DAÑOS COLATERALES


En apenas pocos días, las fuerzas policiales se han cobrado la vida de al menos 5 argentinos por supuestamente “transgredir la cuarentena”, aunque eso es apenas una excusa para justificar el abuso policial derivado del poder absoluto y arbitrario que el gobierno le ha otorgado a la fuerza pública en el contexto del confinamiento total.

Un médico del SAME de AMBA comenta que trabajan mucho, especialmente por la noche. Sí, porque la gente sale de noche… a trabajar (léase robar). Y el SAME provincial tiene que atender a los perjudicados, que son - parece- más numerosos que los COVID.

Todos los días abrimos el diario o recibimos noticias de nuestros familiares y amigos que dan cuenta de infinidad de delitos que se cometen, entre los que tenemos el avance narco, los robos, el crecimiento del vandalismo y el pillaje.

Femicidios en cuarentena, suicidios cuya tasa nadie calcula pero que se disparan, una enferma de neumonía que podría haberse salvado tomando un antibiótico común pero nuere por falta de atención (hay cientos de estos casos), infartos y otras patologías derivadas del estrés que implica la pérdida del trabajo y el afrontamiento de una situación extrema. Muchos no sobreviven al parate total.

Después están los “microbloqueos con efecto dominó” cuyas consecuencias pueden ser desastrosas: la mujer que no pudo llegar a donde tenía que llegar porque no la dejaron subir al colectivo con su hijo (?). La embarazada que tuvo que viajar en colectivo y cruzar a otro distrito exponiéndose a riesgo porque la salita cerca de su casa en La Matanza o en Merlo está cerrada. Sí, cerrada. En el Hospital Posadas no existe más el consultorio externo de cardiología, sólo se atienden interconsultas de piso. El miedo paraliza y mata. Miles de pacientes crónicos quedaron a la deriva o se ven impedidos de circular aunque los consultorios estén abiertos. El sector salud está próximo a quebrar, no por la pandemia, sino como consecuencia del Lockdown.

Todos esos muertos diarios no aparecen en las estadísticas, que hoy sólo anuncian: “20 muertos por COVID en las últimas 24 hs.”

Lo que estamos viviendo no es una cuarentena (que como su nombre lo indica dura cuarenta días más o menos). Acá lo disfrazan de cuarentena ampliada, pero en el resto del mundo tiene otro nombre sin eufemismos: LOCK DOWN. Que significa CIERRE, o sea CIERRE DE LA SOCIEDAD, con todos los riesgos reales y perjuicios reales que eso conlleva, no sólo económicos sino de vidas humanas perdidas. Lo recalco para que no nos dejemos engañar por la falsa alternativa entre “la bolsa o la vida”. No hay mucha diferencia, en el largo plazo, entre bajar las cortinas de los negocios, de los juzgados, de las fábricas, y ponerle la tapa a un ataúd.

Argentina tiene al día de hoy aproximadamente 20 muertos por día atribuibles a COVID. Eso quiere decir que a este ritmo necesitamos 2 años para llegar a los 15000 muertos que aproximadamente uno esperaría tener (y que indefectiblemente vamos a tener, porque es imposible frenar la diseminación del virus, sólo podemos ralentizarla).

Pero supongamos que los números no fueran tan buenos, y crecieran hasta los 80 muertos por día. En ese caso, necesitaremos 6 meses para atravesar la epidemia. Mientras haya vacantes en las terapias intensivas (y el propio ministro Ginés reconoció que el sistema de salud tiene al día de hoy alta capacidad ociosa), no hay motivos para extender el LockDown: hay que permitir que la curva de contagios y de muertes ascienda lo más rápido posible, tan rápido como el sistema de salud pueda absorberlo. ¿Por qué? Porque esa es la mejor manera de evitar los daños colaterales que representan las otras muertes, las muertes realmente evitables.

Las muertes por COVID son inevitables: el virus mata, y punto. Tiene una tasa de letalidad definida. Sus daños son absolutamente cuantificables y nadie podrá nunca culpar al gobierno por los muertos de COVID. A esos no los mató el gobierno sino el virus.
Las muertes atribuibles a la extensión del LockDown  en cambio son evitables, y esos costos SI son atribuibles al gobierno.

Calculemos esos costos.

Consideremos un estimativo de 30 muertos o discapacitados diarios en concepto de asesinatos en ocasión de robo, ajustes narco, abuso policial, femicidios, suicidios, y otras muertes atribuibles al Lockdown,  como por ejemplo infartos, ACV, canceres, diabetes y otras patologías que matan por no poder hacer el seguimiento adecuado. ¿Piensan que es demasiado? Pues me falta incluir todavía las muertes y discapacidades que se producen por “efecto dominó”. Sí, leyó bien. También en la sociedad se verifica un “efecto dominó” para otros problemas vitales, que matan por efecto multiplicador. Por ejemplo, un hijo asesinado en ocasión de robo puede llevar a la depresión, al infarto o al suicidio a otros miembros de su familia, o al cierre del negocio familiar, al despido de los empleados, etc.

Siendo optimista entonces, y considerando la muerte o perjuicio directo o indirecto para 30 personas diariamente en todo el país atribuibles a estas “causas secundarias” al Lockdown (número muy optimista repito), los “daños colaterales” del Cierre impuesto por el gobierno ascenderán al cabo de 8 meses a OTROS 7.000 muertos, o sea que con la extensión del Lockdown tendremos un 50% más de muertes, evitables y atribuibles a la medida gubernamental, de los que habrían muerto únicamente por COVID (muertes inevitables).

Pero lamentablemente estamos asesorados por infectólogos que sólo ven un enemigo: el virus, cuando la realidad muestra que el virus es uno más entre muchos otros enemigos, tal vez incluso más letales.

¿Y USTED QUE HARIA ENTONCES?

Casi puedo escuchar esta pregunta, porque es cierto que resulta muy cómodo opinar desde un escritorio. Les diré lo que yo haría, y tal vez a alguien con capacidad decisoria le sirva para reflexionar un poco.
Ante todo, hay que confiar en la gente y su capacidad de desplegar sus propios recursos para protegerse de las adversidades, cosa que a ningún gobierno de ningún signo le gusta hacer en este país con larga tradición paternalista, con políticos tan buenos y siempre tan dispuestos a “cuidarte”. Bien, les diré lo que yo creo que hay que hacer. 

Hay que EDUCAR E INFORMAR HASTA LA SATURACION cuáles son las medidas importantes de control (uso de tapabocas, distanciamiento, confinamiento de los más vulnerables, etc) y si es posible hacer una campaña intensiva por todos los medios.
Luego de una campaña de 15 días a todo trapo, avisar que se va a liberar la cuarentena y volver TODAS las actividades a la normalidad, con un protocolo por ejemplo para los bares y lugares de reunion, que contemple el distanciamiento

A partir de allí el virus empezará a circular, aunque más lentamente, por las medidas que gran parte de la población respetará- aunque no todos, claro, porque siempre hay imprudentes. Pero por algunos imprudentes, no podemos condenar a todos al confinamiento. Para encauzar a los rebeldes que se resisten a cumplir las medidas de protección, y para mantener fresca la conciencia del peligro, publicaría por todos los medios fotos de cadáveres y fosas comunes. El miedo ayuda a cumplir las normas.

Consideraría aceptable la situación mientras  el sistema de salud resista. En cuanto se desborde, volvería a implantar el Lockdown. ¿Dónde poner el límite? Nuestro sistema de salud está preparado para mucho más que 200 muertos diarios, pero 200 muertos diarios sería un crecimiento aceptable de la curva. Hoy estamos en un décimo de esa cifra.

Si hacemos todo esto, en menos de 3 meses, la curva habrá descendido, dejando atrás una pila de muertos.

Pero afortunadamente serán sólo muertos por COVID, o sea muertes inevitables, y miles de vidas se habrán salvado de una muerte o invalidez evitable, producto de la negligencia o la obstinación de un gobierno y sus asesores.