lunes, 12 de octubre de 2020

UNA SOLUCION POSIBLE PARA ALIVIAR EL PROBLEMA DEL DOLAR

 


No soy economista. Soy apenas un lector de diarios que piensa. Lo aclaro de antemano para evitar críticas furibundas. Puede que lo que vaya a decir a continuación carezca de sentido, aunque yo creo que puede servir al menos para invitar a la reflexión.

 Luego de observar un poco, me he dado cuenta que el gobierno se preocupa mucho por evitar la fuga de dólares por vías espurias, pero se olvida de un hecho fundamental.

Una de las principales vías por las que los dólares se volatilizan es la construcción de vivienda, mejor dicho la venta de viviendas nuevas. De hecho, basta abrir el diario para ver los anuncios promocionando el “dólar ladrillo”.

¿En qué consiste esto?

Pues es muy simple: invertir en pesos (comprando materiales en pesos, pagando mano de obra en pesos, comprando grifería y mobiliario en pesos) y luego vender en dólares billete.  La maniobra se completa volatilizando esos dólares al exterior.

Por ese canal, el país pierde al año miles de millones de dólares de reserva, ya que para adquirir una propiedad, los argentinos deben ahorrar penosamente en dólares para entregarlos al vendedor al momento de adquirir una vivienda.

Hay que aclarar un punto fundamental: si una persona compró su vivienda en dólares, al momento de venderla es injusto que no pueda recuperar los dólares que invirtió. Es una variante de “el que depositó dólares, recibirá dólares”, un principio de equidad que debe ser respetado.

Por lo tanto, la venta en dólares de una propiedad oportunamente comprada en dólares debe garantizarse, para garantizar el derecho del depositante en dicho bien.

Sin embargo, para el caso de la venta futura de edificios nuevos, que se contruyen en pesos, no existe ningún justificativo para que el constructor exija su pago en dólares billete.   

Y me refiero al pago, no a la cotización.

Porque si la propiedad es refugio de valor, no está mal que su valor esté ligado al precio del dólar como patrón de referencia. Pero mientras las transacciones de compra y venta para esas unidades nuevas- las construídas en pesos- se realicen en pesos, entonces no habrá posibilidad de que por esa vía se fuguen los dólares que el país necesita para fines más provechosos.

Y en caso de que el constructor decida comprar los dólares él mismo con los pesos recibidos, será mucho más fácil controlar esta compra hecha por pocos que el atesoramiento de millones de argentinos.

Resumiendo:

Para las propiedades viejas adquiridas en dólares, puede permitirse al vendedor que exija el pago en dólares, porque “el que depositó dólares recibirá dólares”.

Para las propiedades nuevas construídas con pesos, se debe obligar al vendedor a aceptar el pago en pesos. De ese modo, aunque la cotización de la propiedad siga atada al dólar, el ahorrista no se verá en la necesidad de ahorrar en dólares billete si quiere comprar una vivienda. Y podría activarse el mercado de créditos en pesos.

Por otro lado, si el vendedor recibe esa enorme cantidad de pesos y decide ir a comprar dólares, será mucho más fácil controlar a unos pocos compradores de dólares que a una enorme masa de ahorristas desesperados por comprar dólares. La dificultad de pasar estos pesos a dólares haría crecer la masa de dinero en pesos disponible para reingresar al mercado de crédito para la adquisición de más viviendas.

¿Cómo se podría hacer todo esto operativamente?

 Muy fácil. Al momento de habilitar una obra nueva, se le asignaría un código de identificación único, que permitiría saber a los compradores que dicha obra debe abonarse en pesos. Eso no impide al ahorrista comprar dólares “virtuales” en el banco para no perder valor de ahorro contra la inflación, pero ya no necesitará retirarlos porque nunca va a necesitar el dólar “billete” para hacer la transacción que tiene en la mira. Es más, los bancos podrían habilitar una cuenta en dólares especial únicamente destinada a la compra de vivienda, y los dólares de esa cuenta tendrían únicamente una existencia virtual, no pudiendo salir en forma de dólar billete.

Una medida tan sencilla permitiría descomprimir la angustia y la presión sobre el dólar billete, y como dije antes, generaría un mercado de excedentes en pesos que retroalimentaría el mercado de crédito.

Espero con esta reflexión haber sido de alguna utilidad.

 

 

 

 

jueves, 8 de octubre de 2020

17 DE OCTUBRE DE 1945: CÓMO LO DESCRIBIÓ UNA DAMA DISTINGUIDA DE LA SOCIEDAD PORTEÑA, DELFINA BUNGE.

 Por Jorge A. Tizón (jorgeatizon@gmail.com)

A más de 70 años de aquel 17 de octubre de 1945 que marcó un punto de inflexión en la historia argentina y en la vida tanto de quienes lo protagonizaron con entusiasmo y esperanzas como de quienes lo combatieron con aversión, resulta interesante leer lo escrito por una dama de la sociedad distinguida -Delfina Bunge-  en un artículo periodístico en el que expresó su parecer sincero sobre los sucesos que en esas jornadas de octubre mantuvieron en vilo y  desconcertaron a la población.   Delfina era hija de un prestigioso abogado, Octavio Raymundo Bunge, y de María Luisa Rufina Arteaga, y estaba casada con el escritor Manuel Gálvez.  Sus hermanos fueron también profesionales destacados. Delfina no sentía ni se interesaba en la política, era  ante todo una escritora católica (devotamente católica, algo muy común en la época, sobre todo para  las familias de la alta sociedad).

Relata su esposo Manuel Gálvez que en su artículo (1) titulado “Una emoción nueva en Buenos Aires”  expresó su enorme asombro cuando vio pasar al pueblo frente a su casa, no con el cuchillo entre los dientes ni el fusil en la mano, sino contento, entonando estribillos, riéndose todo el tiempo o vitoreando a su líder. “Emoción nueva la de este 17 de octubre: la eclosión, entre nosotros, de una multitud proletaria y pacífica. Algo que no conocíamos, que, por mi parte, no sospeché siquiera que pudiese existir….” Recuerda el terror de los movimientos anarquistas vividos en su niñez y adolescencia que tuvo como muestra la semana trágica de 1919. “Las primeras manifestaciones de las turbas rebeldes fueron siempre contra todo lo religioso. Se quemaban  las iglesias como para librarse del más temible de los testigos. Parecíales, tal vez, a los forajidos, que eliminaban así el ojo de Dios y podían, entonces,  sin  ningún miedo misterioso, abandonarse a todos los crímenes. Suprimido Dios, todo quedaba automáticamente permitido. Y entonces lo compara con el 17 de octubre: “Las calles presenciaron algo insólito. De todos los puntos suburbanos veíanse llegar grupos de proletarios, de los más pobres entre los proletarios. Y pasaban debajo de nuestros balcones. Era la turba tan temida. Era -pensábamos- la gente descontenta…”.  Refiere que su  primer impulso fue el de cerrar los balcones, pero al asomarse a la calle quedó en suspenso, “pues las turbas parecían trocadas por milagrosa transformación. No había caras hostiles ni puños levantados, como los vimos hace pocos años. Y más aún nos sorprendieron sus gritos y estribillos. No se pedía la cabeza de nadie Van llegando noticias por la radio. En la plaza de mayo hay quinientas mil personas. La Catedral y la Curia, respetadas. Una columna frente al templo hizo la señal de la cruz…. Quiero declarar y jurar que mientras esto escribo  manténgome a mil leguas de la más leve intención política. No me interesa el personaje con cuyo nombre nos saturaron los oídos esa noche.  Pedíase la libertad de un preso al que – equivocadamente o no- ellas creían su protector”. Finaliza hablando de “este hombre que con sinceridad o sin ella, con buenas intenciones o por ambición únicamente ha tenido la peligrosa fortuna de ser glorificado por los pobres… Lo que nos interesa son las turbas mismas y su capacidad de proceder en paz.






Si bien el artículo no nombraba ni elogiaba a Perón ni al gobierno, no se salvó de recibir un fuerte rechazo. Muchos suscriptores del diario se borraron y su director tuvo que renunciar y jubilarse, al tiempo que Delfina Bunge no pudo continuar escribiendo sus colaboraciones. Recibió cartas hirientes de amigos, además de anónimos e insultos telefónicos. En cierto sentido la publicación de ese artículo le cambió la vida reposada que tenía. Unos meses antes ya había generado revuelo otro artículo suyo titulado “Catolicismo de guerra” donde-partidaria de la neutralidad pero no de los nazis-  Delfina Bunge expresaba la conveniencia de que la política no fuese mezclada con la religión, a raíz de la terrible grieta que se había suscitado en el país entre aliadófilos y germanófilos y en la que los católicos con pasión aliadófila despotricaban contra la Iglesia y hasta contra el Papa por no condenar a Hitler y Mussolini. Delfina Bunge era presidenta de la Sociedad de Escritoras Católicas y del Centro de Estudios Religiosos, y de ambos cargos fue despedida como consecuencia del  fanatismo aliadófilo.  Estos últimos se enemistaron con el gobierno surgido de la revolución del 4 de junio de 1943 porque no le declaraba la guerra al Eje (Alemania).  Es probable que Delfina Bunge tuviera un punto de simpatía con el nuevo gobierno porque por Dec. Ley 18.411/43 estableció la enseñanza religiosa católica en colegios y escuelas estatales, que en ese momento eran la mayoría. Recordemos que el quiebre internacional producido por la segunda guerra mundial hizo que muchos Estados realizaran una especie de alianza con la Iglesia Católica a fin de impedir el avance de gobiernos comunistas, y la Argentina de 1943 no fue la excepción.  

(1)    Publicado en el diario El pueblo y citado por Manuel Gálvez en su libro “En el mundo de los seres reales”, editorial Hachette (1965)   

 

Lo que sigue es una breve descripción del contexto previo y posterior al 17 de octubre de 1945.

ANTES DEL 17 DE OCTUBRE DE 1945: Los acontecimientos se fueron desenvolviendo de forma natural, pero vertiginosamente. La revolución militar nacionalista del 4 de junio de 1943 que puso fin a una década “infame” caracterizada por la corrupción y el fraude electoral, llevó al entonces Coronel Juan D. Perón a hacerse cargo del inoperante Departamento de Trabajo que existía desde 1907, disolverlo y cuatro meses después crear la  Secretaría de Trabajo y Previsión, desde donde  organizó e implementó una legislación social de avanzada que mejoró la vida al universo de los trabajadores y no sólo a algunos sectores, como venía sucediendo hasta ese momento. Lo acompañaron en la tarea personas de diversa extracción política: militares nacionalistas como el coronel Domingo Mercante y el  mayor yrigoyenista Fernando Estrada, y sindicalistas socialistas como Atilio Bramuglia y Angel Borlenghi.  En 1944, luego de un año de gestión, Perón ya era la figura descollante de la Revolución del ´43.  Daba mensajes por radiodifusión para explicar y dar a conocer los objetivos de la política social que se planteaba realizar desde la Secretaría de Trabajo. En 1945, a dos años de la Revolución del ´43, Perón molestaba tanto a un grupo de militares del mismo gobierno que querían asesinarlo, como a la clase económica dominante que sintió perjudicar profundamente sus intereses por la política social desarrollada. Lo llamaban “agitador de masas”. A este malestar se sumaba la demora del gobierno de Edelmiro Farrel en declarar la guerra a Alemania -solicitada por esos mismos sectores de la oligarquía que tenían intereses económicos con Gran Bretaña y Estados Unidos- , y el rumor que ya empezaba a circular con fuerza acerca de que cuando se normalizaran las elecciones Perón pudiera ser electo presidente. El país se había polarizado. También conspiraba el Departamento de Estado de los Estados Unidos a través de su embajador en la Argentina, Spruille Braden. Ya el 19 de septiembre de 1945 la oposición al gobierno de Farrel - y más concretamente a Perón- organizó la “marcha de la constitución y la libertad”, donde unas 60.000 personas se nuclearon desde el Congreso a Plaza de Mayo en un acto presidido por el norteamericano Braden junto a políticos e intelectuales argentinos de izquierda, radicales y liberales como José Santos Gollán, Eustaquio Méndez Delfino (presidente de la Bolsa de Comercio), Manuel Ordoñez (posterior  fundador de la Democracia Cristiana), Rodolfo Ghioldi, Tamporini, Mosca, Sanmartino, y otros más. Pedían entregar el gobierno a la Corte Suprema y elecciones inmediatas.


 


La desunión dentro del Ejército hizo que un sector presionara para que se le pidiera la renuncia a Perón a los cargos en la Secretaría de Trabajo (que quedó a cargo del coronel Domingo Mercante) y el Ministerio de Guerra, lo que efectivamente sucedió el día 9 de octubre. El 12 de octubre, mientras Perón ya renunciado se encontraba descansando en el Tigre, el presidente Farrel pidió verlo. Perón se dirigió entonces  a Buenos Aires y una vez allí se lo llevó a la cañonera Independencia y se lo trasladó y confinó en la isla Martín García. Los sucesivos días hasta su liberación el 17 de octubre estuvieron envueltos en tensas negociaciones. Mientras tanto sucedió lo que ya todos conocemos: huelga general y columnas de trabajadores avanzando hacia la plaza de mayo a pedir la libertad de su líder. Según escribió Scalabrini Ortiz, “era el subsuelo de la patria sublevado, el cimiento básico de la Nación que asomaba”.  Un hecho peculiar que siempre quedó soslayado es que la jornada del 17 de octubre no sólo tuvo como artífices a los sindicatos que organizaron la movilización a Plaza de Mayo, sino que ellos contaron con la inestimable colaboración del grupo del ejército que fue leal a los objetivos de la revolución del ´43, coincidentes con los intereses populares. Estos militares no marcharon con los trabajadores, pero los apoyaron. Fue la única vez en el país que el ejército se identificó con la causa de las masas populares.                  

LUEGO DEL 17 DE OCTUBRE DE 1945: En octubre de 1945 el Peronismo no existía como organización política. Los partidos políticos tradicionales de la Argentina eran el conservador, radical, socialista y comunista. Ni siquiera participaron como peronistas en las elecciones nacionales de febrero de 1946, realizadas a sólo cuatro meses del 17 de octubre y en la que la fórmula Perón-Quijano se presentó como Partido Laborista,  siendo Hortensio Quijano un radical de la Junta Renovadora. El coronel Mercante, mano derecha de Perón, se ocupó de organizar en tiempo récord el partido político (Laborista) que congregó a trabajadores, grupos de clase media que supieron ver el proceso y antiguos políticos nacionalistas, a fin de presentarse a las inmediatas elecciones de 1946.  Todos sabían que la suerte estaba echada. Se daría lo que en 1916 cuando por la flamante Ley Sáenz Peña de sufragio universal el Dr. Hipólito Yrigoyen llegó a la  presidencia de la Nación como el primer gobierno representativo de las mayorías populares. En 1946 todos sabían que Perón ganaría las elecciones. Lo que a Yrigoyen costó 26 años de lucha permanente (si partimos de la revolución radical de 1890 hasta el año 1916 en que fue presidente), a Perón le tomó 3 años (de 1943 a 1946) y en un proceso inverso: Yrigoyen fue un militante político que combatió sin descanso al Régimen y que pudo realizar su reducida labor social recién cuando estuvo en ejercicio de la presidencia. Perón, en cambio, no hizo política previa: pasó directamente a la acción desde su cargo en la Secretaría de Trabajo.

“Alem, Yrigoyen y Perón”, era uno de los cánticos populares de aquel octubre de 1945.


Si la clase política anterior a 1943 hubiese estado a la altura de las circunstancias, siendo digna de confianza e implementando la tan demorada justicia social que el país reclamaba desde hacía décadas, tal vez no hubiera existido Perón. Podrían haber tomado esas banderas y ganarse los laureles, pero no lo hicieron. Y se sorprendieron cuando un grupo de militares políticamente inexpertos -con Perón a la cabeza- lo hizo por ellos, y entonces lo combatieron. En febrero de 1946 la mayoría de los argentinos eligió ser partícipe de un movimiento nuevo y mirar hacia el futuro; no quisieron apoyar a las viejas instituciones políticas que en el pasado no les habían dado respuestas.


Aquel 17 de octubre de 1945 fue la chispa que encendió a las masas populares que a partir de ese momento comenzaron sentirse y a autodenominarse “peronistas”.

domingo, 4 de octubre de 2020

OTRA VACA ATADA - DE LOS AÑOS DE LUCHA, AL ESPLENDOR Y EL OCASO DEL SINDICALISMO ARGENTINO-PARTE 2

Por Jorge A. Tizón (jorgeatizon@gmail.com) 

 En un artículo anterior hablamos de los inicios y las grandes luchas del sindicalismo. En este artículo abordaremos la etapa siguiente:

 LA JUSTICA SOCIAL Y LA ORGANIZACIÓN DEL MOVIMIENTO SINDICAL. (1943-1955)

 Como consecuencia del desarrollo de la segunda guerra mundial (1939-1945) nace en nuestro país una corriente nacionalista militar que comienza a pensar en el desarrollo industrial argentino con intervención del Estado -industrias metalúrgicas, pesadas y Defensa. Con ese propósito se creó Fabricaciones Militares Sociedad de Estado en 1941 bajo el impulso del ingeniero militar Manuel Savio. Surge también dentro del círculo de esos militares nacionalistas la visión de la distribución de la riqueza y la necesidad de una política social, en parte como un proceso lógico e inevitable que venía dándose en el mundo y postergándose en Argentina desde la Década Infame y, además, como forma de evitar una avalancha comunista. Vale recordar que los sindicalistas comunistas argentinos por estar atados a la línea política marcada por la unión soviética y lejos del pueblo argentino quedaron muy desprestigiados frente a los trabajadores por su postura a favor de los Aliados en la guerra mundial, que los llevó a evitar huelgas en empresas inglesas en contra de la defensa de los derechos obreros (recordemos que la Unión Soviética era aliada de Inglaterra).  A todo esto, en marzo de 1943 las diferencias internas presentes desde años anteriores dividieron  a la C.G.T. en dos grupos (la CGT NRO 1 y la CGT NRO 2): unos propugnaban una actitud sindical limitada a la defensa de las cuestiones gremiales y mejoras concretas para los trabajadores argentinos mientras los otros, bajo la influencia comunista, estaban más interesados en adherir a las entidades internacionales de las que eran sus brazos políticos.

 

En este panorama local y mundial arribó el nuevo gobierno surgido del golpe de Estado de 1943 que puso fin al proceso de fraude y corrupción política iniciado en 1930. Se sucedieron varios presidentes (de facto) hasta las elecciones nacionales que se realizaron en 1946. Mientras tanto se inició en la Argentina una etapa que revolucionó y cambió para siempre el mundo del trabajo.

En octubre de 1943 se hizo cargo del modesto Departamento Nacional del Trabajo (DNT) el entonces Coronel Juan D. Perón, perteneciente al grupo de militares nacionalistas. Con una  clara visión de todo lo que faltaba hacerse en materia social en el país, solicitó permiso para disolver el pequeño Departamento de trabajo y crear un organismo de mayor rango, la Secretaria de Trabajo y Previsión, lo que se le aprobó. Desde este lugar tuvo contacto con la clase trabajadora que lo visitaba a diario. Observó la realidad, se adentró en sus problemas y necesidades y en las posibles soluciones, poniendo énfasis en la concreción práctica de cada situación analizada bajo su principio rector: “Mejor que decir es hacer, mejor que prometer es realizar”.  

 

Impulsó la organización de los trabajadores en sindicatos transmitiéndoles una visión reivindicatoria y nacional del trabajo y promoviendo una legislación protectora inspirada en los principios de justicia social difundidos por las Encíclicas papales. El resultado fue que a fines de 1944, con solo un año de labor, ya se había logrado una sola C.G.T. y alrededor de 40 organizaciones sindicales se encuadraron dentro de ella. Se firmaron decretos leyes, centenares de convenios colectivos y gestiones conciliatorias que beneficiaron a más de dos millones de trabajadores.

Hasta este momento la clase obrera, cada vez más numerosa e importante en la estructura productiva, no había encontrado una fuerte identidad política que le permitiera unificarse y tener peso como actor social. Esta identidad la encontró de la mano del peronismo, entusiasmada por las conquistas logradas y vigorizados por el creciente poderío de sus organizaciones gremiales. Entre las principales conquistas pueden mencionarse la universalización de medidas de protección social como el salario mínimo vital y móvil, el sueldo anual complementario, vacaciones pagas, indemnizaciones por despido, registro de los trabajadores en libro legal.

 

Cuatro meses después de los sucesos del famoso 17 de octubre de 1945 en que Perón fue puesto preso por el ejército y luego liberado por la presión popular de los trabajadores, se convirtió en Presidente de la Nación con el 52% de los votos –junto al vicepresidente radical Hortensio Quijano- en las elecciones nacionales de febrero de 1946.

Dijo al asumir que “para aumentar nuestras conquistas sociales necesitamos aumentar la riqueza y aumentar el trabajo”. Comenzó entonces un proceso político de reformas basada en disponer las conquistas históricamente pedidas pero nunca otorgadas, un creciente y constante nivel de ocupación laboral y el crecimiento de las  organizaciones gremiales con el modelo de un Estado mediador entre el capital y el trabajo.

En paralelo con lo que estaba sucediendo en Europa occidental a partir de 1945 tras la segunda guerra mundial en cuanto a la implementación de un nuevo capitalismo con políticas socioeconómicas de corte social, conocidas como “Estado de bienestar” o “Estado benefactor” moderno (welfare state) según el cual el Estado debía proveer distintos servicios en cumplimiento de los derechos sociales de salud, seguridad social, educación, vivienda y cultura para todos los habitantes de un país y ya no para unos pocos, Argentina  se encaminó también hacia una modernidad única, nacional e independiente, instaurando su propio “Estado de bienestar”.   

 En la década peronista se crearon sindicatos de magnitud acordes con el despegue productivo del país: la UOM el 20/04/1943, SINDICATO DE LA CARNE (1944), UOCRA (1944), SMATA (1945), LUZ Y FUERZA (1946), SOMU (marítimos, 1947), FOETRA (1950), entre otros. Producto de la expansión industrial durante los primeros cinco años de gobierno peronista se concretaron 76.000 obras públicas y se crearon 20.000 nuevas plantas con la consecuente generación de empleos.

 

Es necesario detenerse un instante en este período para comprender la magnitud de la transformación política, económica y social que se produjo en un lapso sorprendentemente breve de nueve años de gobierno y que marcó el comienzo de un nuevo sindicalismo. Hasta ese momento el movimiento obrero era muy inorgánico y con distintas luchas de tendencias, por eso los primeros años de gobierno peronista fueron años de organización y de aprender de la experiencia. Sin duda toda esa preparación es la que les permitió mantener la estructura durante los 18 años de proscripción que siguieron al golpe militar de 1955.

 

Como se sabe el surgimiento del peronismo tuvo un fuerte apoyo político en el sector popular, fundamentalmente obrero, quienes se volcaron en masa a apoyar a quien fue capaz de incorporarlos a la realidad nacional. Sin ese apoyo no hubiera logrado suficiente legitimidad.

La mayor novedad del nuevo gobierno fue la participación del obrero en las decisiones políticas: se les permitió insertarse en el Poder Ejecutivo, el Congreso Nacional y en las ramas de las administraciones provinciales, dándole responsabilidades de todo tipo, algo inaudito hasta ese momento y rechazado por las clases dominantes hasta entonces. Ejemplos de esto son: José María Freire, dirigente socialista de la industria del vidrio, ministro de Trabajo; el dirigente socialista del gremio de comercio Angel Borlenghi, ministro del interior; Juan Bramuglia, abogado de la Unión Ferroviaria, ministro de Relaciones Exteriores. Ya durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen sucedió algo parecido, ocupando cargos ministeriales personas de la clase media y del pueblo sin experiencia ni capacidad de ningún tipo, que causaron risas e indignación a los hombres del Régimen, quienes los llamaban “la chusma radical”.

La diferencia con el gobierno de Perón en este punto fue la realización de un trabajo sistemático de capacitación de los trabajadores -orientado por el propio Perón, recordemos que antes de iniciarse en la política fue profesor en la Escuela Superior de Guerra-,  y la organización. Repetía el Gral. Perón en sus discursos que “lo único que vence es la organización”, de ahí su empeño por organizar a los trabajadores como condición para que las conquistas logradas luego de tantas luchas no pudieran revertirse en etapas posteriores. Con ese fin se crearon escuelas de capacitación sindical que rápidamente crecieron en cursos y alumnos, destinadas a formar el intelecto de los delegados obreros y trabajadores en general, y a consolidar los valores y la conciencia social que los unía al sindicato. El mismo Perón dictaba los cursos de conducción política y de doctrina.

Argentina: Radiografía del Sindicalismo I | LaTribuna69

 

Los SINDICATOS como escuelas de formación técnica: Los distintos Sindicatos se sumaron a las capacitaciones ofreciendo multiplicidad de cursos para sus trabajadores, fundamentalmente de capacitación técnica, que luego se podía completar con un mayor nivel profesional en la Universidad Obrera (hoy Universidad Tecnológica  Nacional). El objetivo era la formación profesional del trabajador para favorecer su movilidad social.  La Universidad obrera o UTN se creó en 1948 pero comenzó recién a operar en 1953. Fue un proceso lento y metódico realizado desde la nada, sin antecedentes previos.

 

Los SINDICATOS y el turismo social: El análisis del “turismo social” requeriría un estudio aparte por todos los aspectos que involucra, pero aquí nos interesa el rol de los sindicatos en este nuevo escenario. Conceptualmente el turismo social significa el derecho de todas las personas trabajadoras al turismo, derivado de tener las vacaciones pagas. Este derecho fue reconocido por la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas en 1948, que estableció que “toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas”. La Argentina fue pionera en este derecho largamente anhelado ya que lo estableció en 1945, tres años antes que Naciones Unidas, por un Decreto de la Secretaría de Trabajo y Previsión a cargo del coronel Perón y para la totalidad de los trabajadores en relación de dependencia. Recordemos que hasta ese momento sólo algunos pocos gremios importantes disfrutaban de estos beneficios.

Unas décadas antes y en consonancia con lo que sucedía en el mundo, el Estado argentino había comenzado a pensar en la necesidad de desarrollar el turismo tanto como forma de atender al ocio de las personas como por la posibilidad del turismo como actividad económica. Para eso creó Vialidad Nacional en 1932 (pues teníamos un vasto país integrado únicamente por líneas férreas; faltaban rutas, hoteles, caminos turísticos, infraestructura) y en 1942 presentó al Congreso un proyecto de Ley para la creación de la Dirección General de Turismo, que nunca llegó a tratarse. Se construyeron unos pocos hoteles orientados al turismo de elite y sectores medios, y se dieron algunos incentivos como descuentos en pasajes de trenes para clases medias bajas. Pero no existía nada parecido al turismo social de masas como se desarrolló a partir de 1945. En este caso la planificación la hacía el gobierno nacional, articulado con el sector sindical, las provincias y la Fundación Eva Perón. El Turismo social se financiaba con el descuento del 5% del aguinaldo (2% lo aportaba el trabajador y 3% la patronal), cobrado por primera vez en diciembre de 1945 y que los empleadores debían depositar en una cuenta del Instituto Nacional de Remuneraciones. A su vez el Directorio de este Instituto estaba facultado para dar en arrendamiento, locación o administración, los bienes para fines de turismo social a los sindicatos con personería gremial que, a su juicio, tuvieran suficiente responsabilidad financiera y económica (decreto ley 33302 de 1945).

De esta manera mediante colonias de vacaciones, unidades turísticas (Chapadmalal -en Mar del Plata-, Embalse Río Tercero -en Córdoba- y Puente del Inca, en Mendoza)  y hoteles sindicales -comprados o alquilados para tal fin- se buscaba que, además del debido descanso, los trabajadores conocieran el extenso territorio argentino ampliando sus horizontes,  antes limitados a su lugar de nacimiento o residencia.

Al principio la utilización turística no fue masiva, tal vez por la falta de experiencia de los trabajadores al encontrarse frente un beneficio impensado hasta entonces. Por eso el gobierno recurrió a la publicidad. Bajo la consigna “Usted se paga el viaje, el gobierno el hospedaje”, se movilizaron miles de personas a los diferentes centros turísticos, especialmente a Mar del Plata, Córdoba y Bariloche. También se trabajó coordinadamente con la Administración de Parques Nacionales incorporando numerosos hoteles en otros destinos.

 En este período el papel que tuvieron los Sindicatos brindando el servicio turístico a sus afiliados fue  muy importante, pero no tan notable como el desplegado por la Fundación Eva Perón que era la poderosa institución que administraba los fondos y la que construyó los grandes centros turísticos como Chapadmalal y Embalse (en Puente del Inca se utilizó un hotel ya existente, el Hotel Uspallata). Durante los 9 años de gobierno peronista los Sindicatos compraron apenas unos pocos hoteles. Contrariamente a lo que se supone, es con posterioridad a 1955 cuando se produce la gran expansión de la hotelería gremial en el país, asociada a los mayores fondos que van a recibir de los gobiernos no peronistas y de facto.  Volveremos sobre esto en el siguiente artículo.

 

Lo descripto es una incompleta enumeración de lo que significó el desarrollo del turismo social en la Argentina, que paralelamente estuvo ligado a una política de ampliación y creación de infraestructura vial, hotelera y de comunicaciones, muy interesante de investigar.

 

Los SINDICATOS y la Ayuda social: La gran organización de ayuda social durante el primer gobierno peronista fue la Fundación Eva Perón. Comenzó a operar en 1947, cuando Eva volvió de su gira europea y se instaló en el Ministerio de Trabajo para organizar la asistencia social a niños, hombres, mujeres y ancianos con necesidades inmediatas. Los diversos Sindicatos comenzaron a enviarle cargamentos con donativos: los tucumanos, azúcar; los textiles, telas y ropas; los obreros de las curtiembres, cueros y zapatos; los telefónicos, un cheque en dinero. Estos primeros intentos solidarios de los Sindicatos luego se institucionalizaron cuando la Fundación EP obtuvo su personería jurídica en 1948. Con un capital inicial de $ 10.000 aportados por la propia Eva, la FEP llegó a tener en 1955 $ 2.900.000. La mayoría de los fondos (el 60%) provenían de la donación anual de dos (2) jornales que efectuaban los trabajadores: el 1ro de mayo y el 17 de octubre. Esto fue posible gracias al importante aumento de los salarios que comenzó a repercutir en los bolsillos de los trabajadores a partir de las leyes de 1945, viviéndose una verdadera economía de abundancia y al aumento de la afiliación a los sindicatos que creció de manera exponencial.

Dado que el aporte más importante a la Fundación EP provenía de los Sindicatos, la CGT formaba parte de la comisión directiva de la Fundación y tenía mucho peso en su directorio. La operatoria era que cada Sindicato recaudaba el aporte y lo ingresaba a la CGT y ésta a su vez era la encargada de depositarlo a la Fundación. A veces los Sindicatos depositaban directamente a la Fundación. Cercana la muerte de Eva hacia 1952, hubo algunas demoras en el depósito de los aportes que generaron algunas rispideces entre la FEP y CGT.    

 

 

Los SINDICATOS y el sistema de SALUD: La política sanitaria entendida como política de Estado no existió en nuestro país hasta mediados del siglo XX, pese que había un alto índice de mortandad infantil y de adultos en general, debido a enfermedades como tuberculosis, paludismo e infecciosas.  Al asumir el primer gobierno peronista en 1946 se crea la Secretaría de Salud  Pública y en 1949 se le da el rango de Ministerio. Al frente de estos organismos estuvo el Dr. Ramón Carrillo. Se montó un gigantesco operativo sanitario distribuido en todo el territorio nacional y avalado por la Leyes 13.012 y 13.019, cuyo plan analítico 1946-1952 constó en un voluminoso trabajo de cuatro tomos.   El Dr. Carrillo encaró la salud pública a través de tres ramas: la medicina asistencial, la medicina sanitaria y la medicina social. Según sus propias palabras “la medicina asistencial tiende a resolver el problema individual cuando se ha planteado, es pasiva; la sanitaria es meramente defensiva, pues trata de proteger; la social es activa, dinámica y debe ser necesariamente preventiva”. Fue una política y una legislación de avanzada para la época si consideramos que la OMS (organización mundial de la salud) se creó después de eso, en 1947, en un mundo de posguerra, y definió a la salud como un completo estado de bienestar físico, mental y social, muy similar a los postulados peronistas. Como dato: en 1946 el país tenía 66.000 camas hospitalarias. En 1951 sumaban 114.000.  

Dentro de este contexto de política gubernamental de la salud jugó también un papel muy importante la Fundación Eva Perón y la CGT, como integrante de la comisión directiva de ésta, y algunos Sindicatos creando sus propios policlínicos.

Mientras el gobierno nacional construía nuevos hospitales públicos o ampliaba y agregaba pabellones a los ya existentes, la Fundación EP hizo lo propio construyendo en el corto tiempo de 6 años de vida cuatro (4) Policlínicos modelos: Avellaneda, Lanús, Catamarca y Ezeiza; en 1953, luego de su muerte, se inauguró el Policlínico de San Martin,  y había otros más en ejecución que luego de 1955 fueron abandonados, como el albergue Warnes que estaba destinado a ser el más grande hospital de pediatría de Sudamérica. Todo se pudo realizar con el  importante aporte de los Sindicatos a través de sus trabajadores (no de la patronal), sumados a otros donativos que recibía la FEP.  

A su vez algunos Sindicatos construyeron sus propios Policlínicos, pero hay que decir que en esta etapa fueron muy pocos, aunque la idea ya estaba en mente. El más importante de los policlínicos propiamente sindicales y el que tuvo la primera Obra Social del país fue el Ferroviario, ubicado en Retiro. Se construyó con terrenos donados por la Secretaría de Trabajo y Previsión en 1944 y fue inaugurado en 1954. El Estado aportó un subsidio extraordinario y los trabajadores una contribución obligatoria de $1 por empleado. Fue un hospital escuela de 9 pisos y 10.000 metros cuadrados con instalaciones y tecnología de avanzada que lo ubicaba entre los más modernos de Sudamérica. Estaba destinado a brindar cobertura médico asistencial a los trabajadores del gremio ferroviario. Luego del golpe de estado de 1955 fue saqueado y parte de sus terrenos habrían sido expropiados a favor de la familia Villada Achával, esposa del golpista Lonardi.     

 

Se dice que dado que la Fundación Eva Perón realizó también obra sanitaria, se generaron algunas fricciones con el Ministerio de Salud a cargo del Dr. Carrillo. A su vez la construcción de los policlínicos por la FEP se contraponía de alguna manera al peso creciente de los Sindicatos que aspiraban al manejo de la salud.

 

Al trabajador en relación de dependencia sólo se le descontaba jubilación y la cuota sindical.

Durante el gobierno peronista de 1946 a 1955 todavía no existían las Obras Sociales en tanto Sistema Nacional de las Obras sociales como lo conocemos hoy. Si estuvo pensado hacerlo, quedaba para una etapa posterior. Como se dijo anteriormente solo existían unas pocas obras sociales para sus propios afiliados, como la del gremio ferroviario. Pero tanto el trabajador en relación de dependencia como el autónomo podían ir a los numerosos hospitales públicos y policlínicos de forma totalmente gratuita, los que contaban con superávit de camas disponibles, personal calificado, equipamiento médico de alta tecnología e  instalaciones  impecables, prácticamente de lujo.

Un detalle que no desmerece la magnánima obra pero que podría haber evitado algunos malestares: todos los hospitales y policlínicos se llamaban Pte. Juan D. Perón y Eva Perón, como la mayoría de todo lo que inauguraba.

 

Después de 1955 los hospitales y policlínicos públicos comenzaron a degradarse por la intencionada falta de mantenimiento de los gobiernos sucesivos e incluso por los mismos empleados, que se robaban hasta las canillas de los baños.

 

Los SINDICATOS y la CULTURA:

Los derechos a la educación y a la cultura son incluidos en la reforma de la Constitución Nacional de 1949. Datos ilustrativos: en 1945 el déficit de edificios para escuelas era de 10.000. En los ocho años posteriores de gobierno se construyeron 8.000 escuelas grandes y confortables. En 1945 el analfabetismo era del 15%. El 1955 se redujo al 3%.

En este punto la colaboración de las organizaciones sindicales con sus escuelas de capacitación técnica para trabajadores fue esencial. Pero además se agrega el gran aporte de la Fundación Eva Perón en la construcción de por lo menos 1000 escuelas por todo el país, con la directa colaboración de la CGT, su brazo derecho.  

 

 

A MANERA DE SÍNTESIS DE ESTA SEGUNDA ETAPA, PERÍODO 1943-1955:

 

A partir de 1943, luego de intensas luchas y divisiones, el sector sindical se organizó y  fortaleció. Los 9 años de gobierno peronista sellaron una sólida alianza entre los sindicatos y el Estado, constituyéndose el Estado en mediador de las relaciones entre trabajadores y empleadores. Los Sindicatos fueron reconocidos con personería gremial y paulatinamente se incorporaron a una CGT única y cada vez más poderosa. Se pasó así de un Estado ausente en el pasado, a uno que interviene activamente. De la falta de previsión, a un plan organizado. De la inestabilidad laboral y desorden, de acuerdos directos entre patrones y empleados,  a un nuevo vínculo con los trabajadores y a la ejecución de una política nacional social. Por primera vez los beneficios se extendieron a todos los sectores, incluyendo los menos privilegiados.

 

En 1945 los hombres y mujeres afiliados a los sindicatos, eran 500.000. En 1955, apenas diez años después, la cifra ascendía a 6.000.000. Esto repercutió directamente en las cajas sindicales que comenzaron a recibir el aporte del trabajador y la contribución patronal. Fue una época de constante crecimiento económico industrial junto al desarrollo sindical.

 

Se firmaron convenios colectivos para todos los gremios del país a la vez que se construyeron edificios sindicales en toda la Argentina.

 

Se establecieron en conjunto los derechos laborales y sociales que luego se incorporaron a la Constitución de 1949, en consonancia con la tendencia jurídica de los Estados más modernos del mundo. Todo este bagaje de conquistas sociales y el aumento del bienestar económico y cultural de los ciudadanos en general alejaron la conflictividad sindical durante estos años de gobierno peronistas, salvo algunas pocas “huelgas ideológicas” (de base comunista) como las ferroviarias, por fuera de la autoridad gremial.

 

En este período los Sindicatos y la CGT colaboraron y trabajaron estrechamente con el gobierno nacional y la Fundación Eva Perón en asistencia social, turismo, salud y cultura. Si bien los sindicatos contaban con los crecientes ingresos de la cuota sindical de sus afiliados, una parte de estos fondos se destinaban como ayuda a la FEP o bien para la construcción de sus propios edificios. Contrariamente a lo que se piensa, no fue durante los dos primeros gobiernos peronistas que los sindicatos construyeron su fuerte poderío económico y obtuvieron gran caudal de recursos, sino después. Volveremos sobre esto al hablar de las etapas 3 y 4 del sindicalismo.

Lo que sí adquirieron durante esta etapa fue capacitación, organización y consolidación de sus estructuras.  Pero al estar tan ligados al poder político del gobierno, lógicamente no gozaban de una verdadera autonomía sindical.

Toda la homogeneidad que caracterizó la acción de la CGT durante esos años quedó debilitada hacia 1955, sobre todo luego del bombardeo de plaza de mayo del 16 de junio de 1955. Tal vez previendo lo que se avecinaba, muchos de sus dirigentes se mantuvieron en la inactividad.      

 

Otra de las características de este período es que como consecuencia de ver cumplidas y satisfechas sus demandas de antaño los trabajadores fueron alejándose de las actividades sindicales y esto facilitó la burocratización de las organizaciones y la perpetuación de sus dirigentes.

 

domingo, 27 de septiembre de 2020

EL EGO DE MACRI ES TAN PELIGROSO COMO EL DE CRISTINA

 

Hace pocos días salió publicado un artículo de José Nun con un análisis impecable de la situación política. Hablamos de un intelectual reputado, que fue  funcionario del anterior gobierno kirchnerista. Sin embargo, el funcionariato no se le ha subido a la cabeza, y no ha renunciado a su derecho de pensar por sí mismo. Denuncia en dicho artículo la “presidencia de facto” de Cristina Kirchner y la ausencia de un plan de gobierno más allá de controlar las cajas y garantizarse la impunidad en causas por corrupción.

El análisis de José Nun es tan impecable como preocupante.

La encrucijada política es evidente: Nun habla de un modelo de país autocrático o sea discrecional, al estilo Venezuela, versus un modelo de país democrático republicano, modelo éste que desde el advenimiento de la democracia no acaba de consolidarse, y por lo tanto padece una debilidad crónica.

En esta encrucijada, el papel de la oposición es fundamental para interpretar correctamente y articular las demandas urgentes de la sociedad, con vistas a constituirse como alternativa viable a lo que aparece como un gobierno inconsistente.

 DE AQUELLOS POLVOS VIENEN ESTOS LODOS

 Al menos, yo no juzgo a quienes votaron al gobierno actual como “idiotas manipulados” como hicieran en su momento – mostrando muy poca estima por los ciudadanos a quienes dicen representar- los kirchneristas cuando perdieron las elecciones en 2015. No. Quienes votaron al actual gobierno lo hicieron con alguna esperanza de escapar de un gobierno a todas luces ineficaz.

Porque la derrota de Macri fue consecuencia en gran medida de un mal gobierno, que se centró en la gestión (porque se encararon obras largamente postergadas) pero olvidó la política, y que no supo construir una identidad propia ni formar una dirigencia joven. El gobierno de Macri fue una mezcolanza de personajes nefastos del gorilaje más rancio y anacrónico por un lado, con su vindicación antiperonista ya un poco caricaturesca, junto a otros personajes más “moderados” y “cool”, tibios simpatizantes de algunos principios del “progresismo populista” (como el aborto, el gradualismo, el asistencialismo clientelar, el paternalismo), aunque no tanto por convicción sino porque durante el previo gobierno de la CABA habían llegado a apreciar sus indudables beneficios políticos[1].

 Fue esa vacilación, sumada al hecho de la inoperancia, y a la inexplicable ceguera política que hizo que en ningún momento de los cuatro años de gobierno se pensara en captar a la juventud, o implementar un programa serio de formación política para las nuevas generaciones, lo que poco a poco fue agotando el gobierno de Macri. El fracaso económico, el retorno de la timba financiera y el endeudamiento fueron el tiro de gracia final.

Personalmente, jamás imaginé que las fuerzas reaccionarias de este país volverían a cometer el mismo error que nos llevara a la crisis del año 2001, ni que lo hicieran tan rápido; aposté a que algo habrían aprendido luego de perder el poder 12 años a manos de los Kirchner, y que por lo tanto andarían con pie de plomo, y sabrían moderarse. Sin embargo, no sólo eso no ocurrió, sino que, viendo cómo el actual gobierno kirchnerista comete el mismo error, y vuelve recargado y vindicativo a reincidir en las mismas actitudes que lo llevaron al fracaso, me pregunto: ¿No se aprende nada de perder el poder? ¿No hay un mínimo espacio para la autocrítica[2]? Y la respuesta es: no, porque...

 POLARIZACION ES CRISTALIZACION, RIGIDEZ Y UCRONIA

 Unos son acusados de neoliberales, los otros acusados de populistas. Unos tildados de gorilas, los otros tildados de zurdos. La polarización lleva a este tipo de tonterías, sí, pero por sobre todo... la polarización cristaliza las posiciones e impide el cambio real.

La polarización reduce la complejidad a una simple y pobre antinomia, reduce nuestro campo de visión a la perspectiva del que mira un partido de ping-pong, y no puede concebir sino dos direcciones para el movimiento de la pelota. Y esa cortedad de perspectiva lleva a una rigidez que atenta contra la posibilidad de imaginar el cambio real, que lógicamente no se encuentra en ninguno de estos dos polos antagónicos.

Paradójicamente, el partido llamado Juntos por el Cambio, está a punto de caer por enésima vez en la trampa de la polarización, lo que es igual a decir: en el pantano de la ucronía argentina donde las cosas nunca cambian.

Veamos por qué.

Estamos de acuerdo en que al país le iría mucho mejor sin figuras polarizantes, razón por la cual muchas voces claman hoy para que Cristina dé definitivamente un paso al costado. Ya aportó lo que pudo aportar, y ahora tienen que venir otros.

Sin embargo, es imposible plantearse ese escenario sin un movimiento también especular y simétrico de Macri, ya que si hablamos de polarizaciones, el fracaso de Macri es especular al fracaso de Cristina.

 EL NECESARIO PASO AL COSTADO DE MACRI.

 

 En algún momento, cuando todavía Macri como Jefe de Gobierno de CABA y Cristina como Presidente se susurraban comentarios al oído y cruzaban sonrisas, tuve la premonición de que Cristina y Macri habían hecho un pacto secreto. Cristina lo convertiría en su archienemigo, eligiendo un candidato impresentable para su propio partido, garantizándole a Mauricio la futura presidencia. A cambio, Cristina le enseñaría los trucos secretos del populismo, que tanto y tan bien sirven a gobiernos de izquierda como de derecha (si no véase EEUU), y obviamente le pediría hacer la vista gorda con las causas de corrupción en su contra. De ese modo se alternarían en el Gobierno de modo suave y aceitado, Cristina descansaría plácidamente cuatro años y volvería como presidente en 2015.

Pero algo salió mal, posiblemente a partir del momento en que Macri se rehusó a garantizar la impunidad de la corrupción. O bien se colaron las voces vengativas del antiperonismo, que vieron una oportunidad para retroceder setenta años y borrar al peronismo del mapa de una vez por todas. Sea como sea, los enemigos ficticios se convirtieron en enemigos reales.

Y sea o no cierta esta ficción, lo cierto es que Macri acabó por hacer un mal gobierno donde siguió recurriendo a la confrontación para justificar su impericia y apostó por la polarización- una estrategia que debilita fuertemente la democracia y sólo favorece al proyecto autocrático- para apuntalar su última campaña por la presidencia.

A la ciudadanía, sin embargo, cada vez le cuesta más trabajo masticar vidrio, y se da cuenta que el fracaso del gobierno de Macri no es atribuible a otro que a él mismo. El hecho de que hoy estemos gobernados por los mismos que hace cuatro años atrás se robaban millones de dólares en bolsos, es sentido en gran parte también como su responsabilidad.

 EL PASO AL COSTADO ES AHORA

 No se puede postergar una decisión sobre este punto. Macri es un polo claramente identificado y con valor negativo para buena parte de la ciudadanía (la mitad que no lo votó más muchos de la otra mitad que se vieron defraudados al sentir que se perdía una oportunidad histórica). Y por esto la persistencia de Macri en el liderazgo de Juntos por el Cambio es claramente perjudicial (la sola prolongación de la discusión interna sobre este punto lo es), dado que resulta funcional a la estrategia polarizante que por siempre será la preferida del “partido de la autocracia” (tomando el concepto de Nun).

Si Juntos por el Cambio no puede dar este paso ahora, difícilmente pueda posicionarse como una alternativa al modelo de la autocracia.

Por otro lado, pensar el desarme de la polarización requiere de un abordaje amplio, abierto, y fundamentalmente estratégico, ya que a partir de ahora, cualquiera que sea claramente “señalado como el enemigo” por el partido autócrata, será funcional a su objetivo de consolidar un polo opositor claro, y llevar otra vez a la población al juego perverso de la polarización.

Tal vez eso es lo que haya percibido, visceralmente, Rodríguez Larreta, cuando fue “señalado” como el flamante enemigo del Frente de Todos: el beso de Judas no puede traer nada bueno. Con buen tino, Larreta evitó recoger el guante, al menos por ahora, y lleva su lucha con persistencia pero dentro de un marco de diálogo con bajo perfil.

Por último, me pregunto: ¿Qué ocurriría si los “enemigos señalados” se fueran escurriendo de la mira del partido autócrata, silenciosamente, uno tras otro, y sólo quedara enfrente a la autocracia un partido con una plataforma bien clara, programas, y hombres dispuestos a anteponer la Política de Estado a su Ego personal?



[1] Todos recordarán la ciudad empapelada con propaganda gubernamental en amarillo furioso: “En todo estás vos”

 [2] La única llamada a una autocrítica del kirchnerismo que alguna vez escuché la hizo Alejandro Grimson, en algún video que ví de casualidad por Internet. Pero me temo que Grimson es un personaje periférico en la estructura de poder del gobierno actual.

lunes, 31 de agosto de 2020

LA VIDA EN PROTOCOLANDIA

GENEALOGIA DEL PROTOCOLO

Hace muchos años, los protocolos hacían su tímida aparición en el mundo de la medicina, reemplazando a las antiguas guías clínicas.

Las primeras guías clínicas consistían en recomendaciones, basadas en evidencia, sobre cuáles eran los procedimientos más apropiados a seguir frente a una patología. Su cumplimiento no era obligatorio, sino que funcionaban como su nombre lo indica, a modo de guías para orientar el criterio del profesional. Se trataba de una pieza más de información, valiosa sin duda, pero ante la cual el profesional conservaba su libertad de criterio a la hora de tomar sus propias decisiones, sobre las que asumía una responsabilidad personal.

Lo cierto es que una guía clínica o un check list como el que realizan los pilotos de avión antes de despegar son muy prácticos, sobre todo en situaciones complejas o críticas, donde la tipificación y el ordenamiento de la información facilita y acelera su análisis. Por más capacitado que esté un profesional, disponer de una guía paso a paso resulta siempre de ayuda en una situación difícil o cuando no hay tiempo para largas reflexiones.

El protocolo es algo completamente distinto. Es una norma de cumplimiento obligatorio, que anula toda libertad de pensamiento y acción en el profesional, a la vez que lo libera de toda responsabilidad por los resultados.

Hace unos veinte años los protocolos eran una rareza, y estaban limitados al estrecho ámbito de las disciplinas complejas. Hoy, en la era de los tweets, los memes, los hashtags y otros modos del "pensamiento enlatado", los protocolos son bienvenidos y su lógica perversa se derrama al resto de la sociedad. Lo que es aún peor, se pretende aplicarlos incluso a asuntos triviales, que podrían ser resueltos con un poco de sentido común y de buen criterio.

La pandemia del COVID ha desarrollado en la clase política una afición verdaderamente enfermiza por el uso de protocolos, como si se tratara de una milagrosa tabla de salvación. Pero ello no ha hecho más que confirmar la pesadilla tan temida: los protocolos son un verdadero cepo al pensamiento y a la libertad. Aniquilan la responsabilidad, y favorecen la implantación de lógicas fascistas.

A continuación explicaré por qué.

LOS PROTOCOLOS EN EL CLAUSTRO

¿Cómo fue posible que los protocolos triunfaran primero en un ámbito como la medicina, donde la libertad de pensamiento y acción debiera ser sagrada? Muy fácil: las aseguradoras, en su afán de tipificar los costos económicos de los tratamientos, e incluso los propios médicos, sintiéndose amenazados por la “industria del juicio de mala praxis”, vieron en los protocolos una solución.

Si un médico sigue el protocolo, entonces se considera que hace lo correcto (nadie se toma el trabajo de cuestionar un protocolo). ¿Para qué pensar entonces? Es como seguir una receta: si el paciente tiene X problema, entonces primero hay que hacer esto, luego lo otro, y al final aquello. Punto. ¿Las cosas no salieron bien? No hay problema, no es nuestra responsabilidad porque al fin de cuentas se siguió el protocolo.

Ejercer la medicina de manera segura se limita a obedecer protocolos sin pensar demasiado. Salirse del protocolo implica exponerse a un riesgo judicial o a recibir una sanción económica por parte de la financiadora.

El efecto disciplinador y uniformizante del protocolo, devastador para cualquier pensamiento libre, queda a la vista. Sin contar con el perjuicio enorme que representa para el avance de la ciencia misma, pues si ante X siempre respondemos con la misma secuencia A-B-C, será muy difícil ver el problema desde otro punto de vista más rico o novedoso, o descubrir un comportamiento diferencial si en vez de A-B-C hubiésemos hecho C-D-F, por ejemplo.

 DEL LABORATORIO A LA PELUQUERÍA

 Con la pandemia de COVID, vemos el uso y abuso de los protocolos como instrumento de control social.

La excusa es siempre la misma: el ciudadano es ignorante, irrespetuoso, bruto, e incapaz de comprender o entrar en razón. Y puede que en muchos casos, considerando el deterioro de la Argentina luego de interminables años de crisis, esta apreciación no esté tan errada.

Frente a esta realidad se abren dos caminos posibles: educar al soberano, o imponerle un protocolo. ¿Adivina el lector cuál de los caminos es el más barato, y el preferido por los gobernantes?

¡Acertó! El protocolo tiene además una ventaja adicional respecto de la educación, y es que permite disciplinar e imponer reglas al prójimo anulando a priori toda resistencia. Y eso es así porque el ciudadano tiene prohibido cuestionar el protocolo. A diferencia de la educación, donde el educando se reserva el ejercicio del espíritu crítico y puede llegar a poner en entredicho los preceptos que se le proponen a consideración, el protocolo, elaborado por “expertos neutrales” está ahí para ser cumplido, no cuestionado.

De modo que cuando se pretende ejercer el control social, empiezan a proliferar los protocolos. Comienzan bajo el auspicio de la “instrucción” o el “cuidado”, pero pronto acaban bloqueando el desarrollo del verdadero criterio y hasta del sentido común.

LOS PROTOCOLOS DE HITLER Y DE MAO

Un asunto muy espinoso respecto a los protocolos es que eximen de responsabilidad al que se sujeta a ellos. Por lo tanto, he aquí un factor de seducción adicional para lograr la adherencia de la ciudadanía: si nos atenemos al protocolo, aliviamos la angustia de tener que responsabilizarnos por nuestras decisiones. Omitimos pensar, suspendemos nuestro juicio crítico, desoímos todo clamor del sentido común, y dejamos que quienes elaboran los protocolos nos digan lo que hay que hacer. Ocupándose de cumplir y hacer cumplir los protocolos, el ciudadano se abandona a un tibio estado de bienestar interior, libre de toda culpa y responsabilidad.

Esto lo sabían muy bien los nazis, cuando elaboraban protocolos para mandar a la gente a las cámaras de gas, de manera muy ordenada y prolija. Pero también lo sabía Mao Tse Tung, cuando obligaba a todos a llevar consigo pegada a la mano un superprotocolo que se llamó “libro rojo de Mao”, que codificaba todas las conductas “revolucionariamente correctas” para poder llevar a cabo con esmerada eficacia la infame depuración conocida como “Revolución Cultural”.

El protocolo libera a los asesinos de toda culpa y responsabilidad, limpia sus conciencias, y los convalida en la idea de que están contribuyendo, con sus actos, a construir una sociedad mejor. Todo lo cual expurga los remordimientos mejorando así la adherencia de los mandos medios a la ingrata tarea del genocidio.

En otros casos, gente perversa se sirve de la frialdad y rigidez de los protocolos para ejercer su sadismo sobre un prójimo desconcertado, como ocurrió acá cuando se le negó la entrada a Córdoba a un hombre que quería despedirse de su hija con cáncer, y se lo persiguió como un delincuente, y como sigue ocurriendo día tras día con nuestras fuerzas de seguridad durante la pandemia.

Un detalle adicional es que la adopción y la adherencia al protocolo por parte de vastos sectores de la sociedad refuerza su legitimidad, no importa lo absurdo o irracional que éste pueda ser. Una vez que se ha establecido un protocolo de manera suficientemente extensa, cualquier cuestionamiento al mismo se convierte en un cuestionamiento a toda la sociedad, y las turbas pueden reaccionar de manera muy desagradable. Si quiere probarlo, intente quitarse el barbijo por estos días y después me cuenta.

Protocolos de salida, entrada a casa y cómo convivir con personas en riesgo  de la COVID-19

EL PROTOCOLO COMO UN RITUAL

Hace unos años, un albañil vino a mi casa a poner unos azulejos. Le ví meter agua en una larga manguera transparente, que extendió en forma de U sobre la pared, marcando los niveles de agua en dos puntos separados. Luego tiró una línea entre ellos. Cuando hubo terminado con este ritual, olvidándose por completo de las líneas que había trazado, empezó a poner los azulejos tomando como referencia el zócalo. Intrigado, le pregunté para qué había hecho todo eso, y me dijo que siempre se hacía eso antes de empezar a colocar los azulejos. Claramente no sabía cuál era el sentido real de esas acciones (trazar una línea que sirviera de referencia para poner los azulejos a nivel), pero como había visto a otros hacerlo así, obediente seguía el protocolo. Una vez cumplido el mismo, su conciencia estaba tranquila y podía empezar a poner los azulejos por donde le diera la gana.

Es más que evidente que el protocolo funciona a la manera de un “sacramento” ritual, cuya promesa implícita reza: “si sigues los pasos que te indico, en el orden prescripto y sin omitir ninguno, obtendrás lo que te he prometido y las cosas saldrán bien. Por eso... ¡no te desvíes, cúmplelo al pie de la letra!

Y así, con la misma piadosa devoción con que se cumplen los sucesivos ritos de la eucaristía, así el ciudadano sigue los preceptos del protocolo con una fe ciega en sus efectos cuasi mágicos. Pues sin duda son mágicos para él, ya que no se detiene un segundo a considerar ni a evaluar, haciendo uso de su capacidad pensante y de su raciocinio, los fundamentos de que se valieron los “expertos” para diseñar el protocolo.

 LA BARATURA DEL PROTOCOLO

Se defienden los protocolos diciendo que son una manera económica de lidiar con un problema, ya que la solución viene empaquetada y predigerida, y no es necesario perder tiempo ni recursos volviendo a estudiar un asunto que ya ha sido estudiado por competentes “expertos”.

Sin embargo, dado que los protocolos se basan en imponer una matriz de conductas, o un derrotero fijo para los procedimientos, se corre el riesgo de invisibilizar otras variables, variantes o alternativas que podrían descubrirnos mejores caminos o soluciones a los problemas. Propuesto como una solución económica a un problema, el protocolo puede obturar el surgimiento de una solución mejor. Lo barato puede salir caro.

Esto nos lleva a la consecuencia más peligrosa de la aplicación de protocolos, que es

LA ATROFIA DEL CRITERIO Y LA PERDIDA DE DIVERSIDAD

Los protocolos delegan todo pensamiento y reflexión sobre un problema en el comité de “expertos” encargados de redactarlos. Eso inhibe al sujeto de instruirse en el tema, y de utilizar y refinar su propio criterio, el cual lenta pero inexorablemente se adormece hasta atrofiarse. Quien se aferra a los protocolos va abandonando el hábito de pensar por sí mismo, y en la medida en que los protocolos empiezan a tipificar las conductas más banales y cotidianas de la vida, el sujeto se vuelve cada vez más desconfiado de su propia percepción y criterio, y más dependiente de la instauración de un protocolo que le asegure que está haciendo las cosas del modo correcto. Vaciado de toda certeza, de todo discernimiento propio, de toda habilidad para crearse una vara patrón con la que calibrar el mundo; carente en fin de un criterio forjado con sabiduría, el propio sujeto clamará y pedirá a gritos que le den un protocolo para saber cómo conducirse.

Y el problema es que como los protocolos son rígidos y limitados, y como dijimos obturan la posibilidad de surgimiento de variantes, atentan contra la diversidad y el azar, contra los imprevistos y contra los actos que se salen del flujograma trazado. Todo lo cual acaba por encorsetar las conductas humanas- y peor aún, el conocimiento humano- en un estrecho y austero calabozo mental y espiritual, situación ésta muy peligrosa para la supervivencia del hombre, toda vez que su posibilidad de abrirse camino depende de la plasticidad de su pensamiento y de su acción.

 

 CORONAVIRUS - PROTOCOLO DE LLEGADA A CASA | Electro Sur Este

EL PROTOCOLO DEL PROTOCOLO DEL PROTOCOLO...

Muchos políticos están por estos días muy felices con los protocolos, porque han creído encontrar en ellos una herramienta maravillosa para luchar contra la pandemia. Al menos, eso creen los más ingenuos, esos que no conocían lo que era un protocolo hasta hace muy poco. El resto, los menos ingenuos, en cambio han redescubierto las enormes posibilidades del protocolo como un instrumento excelso del dominio social blando: normas con una pátina “cientificista” que permiten cercenar libertades, imponer sumisiones, atrofiar el pensamiento y debilitar la crítica.

Por desgracia, ante la insuficiencia de los protocolos para dar cuenta de los problemas, y ante el surgimiento de problemas creados por la aplicación de estas normas rígidas, inflexibles, que invalidan y reemplazan el uso del sentido común, la solución que se le ocurre al Gobierno es... ¡crear más protocolos!

¿El protocolo para mantener a todos en sus casas genera violencia doméstica? Creamos un protocolo para mantener al agresor o agresora a distancia.¿Eso produce un incremento del ciberacoso? Pues creamos un nuevo protocolo para el control parental y el bloqueo del ciberbullying en las redes. ¿Todo esto ha provocado en la familia una relación aversiva y fóbica hacia la tecnología? Pues creamos protocolos para superar el miedo y la dependencia tecnológica. Al cabo las personas, agotadas de seguir reglas muchas veces contradictorias, empiezan a padecer síntomas de una neurosis grave... Pero a no desesperar, porque ahí están para salvarnos los protocolos en forma de las “diez reglas de oro” para superar el trastorno obsesivo compulsivo.


El Municipio estableció un protocolo de acción para consorcios -  Impulsobaires

 

EL FUTURO: EDUCAR O RESIGNARSE A VIVIR EN PROTOCOLANDIA

Para resumir, hemos visto que el protocolo nace de una desconfianza básica del experto en la capacidad de la gente común, en la subestimación de sus recursos, o bien en una lisa y llana intención de dominio.

La solución pasaría por EDUCAR para que cada cual desarrolle un criterio propio, pero claro, es más barato y sobre todo más conveniente para el poderoso utilizar un protocolo, que poco difere de una bula o de un decreto dictatorial. Así, quienes eligen priorizar la protocolización de la vida en vez de reforzar la educación del pueblo, llevan a éste por el humillante camino de la servidumbre.