domingo, 27 de septiembre de 2020

EL EGO DE MACRI ES TAN PELIGROSO COMO EL DE CRISTINA

 

Hace pocos días salió publicado un artículo de José Nun con un análisis impecable de la situación política. Hablamos de un intelectual reputado, que fue  funcionario del anterior gobierno kirchnerista. Sin embargo, el funcionariato no se le ha subido a la cabeza, y no ha renunciado a su derecho de pensar por sí mismo. Denuncia en dicho artículo la “presidencia de facto” de Cristina Kirchner y la ausencia de un plan de gobierno más allá de controlar las cajas y garantizarse la impunidad en causas por corrupción.

El análisis de José Nun es tan impecable como preocupante.

La encrucijada política es evidente: Nun habla de un modelo de país autocrático o sea discrecional, al estilo Venezuela, versus un modelo de país democrático republicano, modelo éste que desde el advenimiento de la democracia no acaba de consolidarse, y por lo tanto padece una debilidad crónica.

En esta encrucijada, el papel de la oposición es fundamental para interpretar correctamente y articular las demandas urgentes de la sociedad, con vistas a constituirse como alternativa viable a lo que aparece como un gobierno inconsistente.

 DE AQUELLOS POLVOS VIENEN ESTOS LODOS

 Al menos, yo no juzgo a quienes votaron al gobierno actual como “idiotas manipulados” como hicieran en su momento – mostrando muy poca estima por los ciudadanos a quienes dicen representar- los kirchneristas cuando perdieron las elecciones en 2015. No. Quienes votaron al actual gobierno lo hicieron con alguna esperanza de escapar de un gobierno a todas luces ineficaz.

Porque la derrota de Macri fue consecuencia en gran medida de un mal gobierno, que se centró en la gestión (porque se encararon obras largamente postergadas) pero olvidó la política, y que no supo construir una identidad propia ni formar una dirigencia joven. El gobierno de Macri fue una mezcolanza de personajes nefastos del gorilaje más rancio y anacrónico por un lado, con su vindicación antiperonista ya un poco caricaturesca, junto a otros personajes más “moderados” y “cool”, tibios simpatizantes de algunos principios del “progresismo populista” (como el aborto, el gradualismo, el asistencialismo clientelar, el paternalismo), aunque no tanto por convicción sino porque durante el previo gobierno de la CABA habían llegado a apreciar sus indudables beneficios políticos[1].

 Fue esa vacilación, sumada al hecho de la inoperancia, y a la inexplicable ceguera política que hizo que en ningún momento de los cuatro años de gobierno se pensara en captar a la juventud, o implementar un programa serio de formación política para las nuevas generaciones, lo que poco a poco fue agotando el gobierno de Macri. El fracaso económico, el retorno de la timba financiera y el endeudamiento fueron el tiro de gracia final.

Personalmente, jamás imaginé que las fuerzas reaccionarias de este país volverían a cometer el mismo error que nos llevara a la crisis del año 2001, ni que lo hicieran tan rápido; aposté a que algo habrían aprendido luego de perder el poder 12 años a manos de los Kirchner, y que por lo tanto andarían con pie de plomo, y sabrían moderarse. Sin embargo, no sólo eso no ocurrió, sino que, viendo cómo el actual gobierno kirchnerista comete el mismo error, y vuelve recargado y vindicativo a reincidir en las mismas actitudes que lo llevaron al fracaso, me pregunto: ¿No se aprende nada de perder el poder? ¿No hay un mínimo espacio para la autocrítica[2]? Y la respuesta es: no, porque...

 POLARIZACION ES CRISTALIZACION, RIGIDEZ Y UCRONIA

 Unos son acusados de neoliberales, los otros acusados de populistas. Unos tildados de gorilas, los otros tildados de zurdos. La polarización lleva a este tipo de tonterías, sí, pero por sobre todo... la polarización cristaliza las posiciones e impide el cambio real.

La polarización reduce la complejidad a una simple y pobre antinomia, reduce nuestro campo de visión a la perspectiva del que mira un partido de ping-pong, y no puede concebir sino dos direcciones para el movimiento de la pelota. Y esa cortedad de perspectiva lleva a una rigidez que atenta contra la posibilidad de imaginar el cambio real, que lógicamente no se encuentra en ninguno de estos dos polos antagónicos.

Paradójicamente, el partido llamado Juntos por el Cambio, está a punto de caer por enésima vez en la trampa de la polarización, lo que es igual a decir: en el pantano de la ucronía argentina donde las cosas nunca cambian.

Veamos por qué.

Estamos de acuerdo en que al país le iría mucho mejor sin figuras polarizantes, razón por la cual muchas voces claman hoy para que Cristina dé definitivamente un paso al costado. Ya aportó lo que pudo aportar, y ahora tienen que venir otros.

Sin embargo, es imposible plantearse ese escenario sin un movimiento también especular y simétrico de Macri, ya que si hablamos de polarizaciones, el fracaso de Macri es especular al fracaso de Cristina.

 EL NECESARIO PASO AL COSTADO DE MACRI.

 

 En algún momento, cuando todavía Macri como Jefe de Gobierno de CABA y Cristina como Presidente se susurraban comentarios al oído y cruzaban sonrisas, tuve la premonición de que Cristina y Macri habían hecho un pacto secreto. Cristina lo convertiría en su archienemigo, eligiendo un candidato impresentable para su propio partido, garantizándole a Mauricio la futura presidencia. A cambio, Cristina le enseñaría los trucos secretos del populismo, que tanto y tan bien sirven a gobiernos de izquierda como de derecha (si no véase EEUU), y obviamente le pediría hacer la vista gorda con las causas de corrupción en su contra. De ese modo se alternarían en el Gobierno de modo suave y aceitado, Cristina descansaría plácidamente cuatro años y volvería como presidente en 2015.

Pero algo salió mal, posiblemente a partir del momento en que Macri se rehusó a garantizar la impunidad de la corrupción. O bien se colaron las voces vengativas del antiperonismo, que vieron una oportunidad para retroceder setenta años y borrar al peronismo del mapa de una vez por todas. Sea como sea, los enemigos ficticios se convirtieron en enemigos reales.

Y sea o no cierta esta ficción, lo cierto es que Macri acabó por hacer un mal gobierno donde siguió recurriendo a la confrontación para justificar su impericia y apostó por la polarización- una estrategia que debilita fuertemente la democracia y sólo favorece al proyecto autocrático- para apuntalar su última campaña por la presidencia.

A la ciudadanía, sin embargo, cada vez le cuesta más trabajo masticar vidrio, y se da cuenta que el fracaso del gobierno de Macri no es atribuible a otro que a él mismo. El hecho de que hoy estemos gobernados por los mismos que hace cuatro años atrás se robaban millones de dólares en bolsos, es sentido en gran parte también como su responsabilidad.

 EL PASO AL COSTADO ES AHORA

 No se puede postergar una decisión sobre este punto. Macri es un polo claramente identificado y con valor negativo para buena parte de la ciudadanía (la mitad que no lo votó más muchos de la otra mitad que se vieron defraudados al sentir que se perdía una oportunidad histórica). Y por esto la persistencia de Macri en el liderazgo de Juntos por el Cambio es claramente perjudicial (la sola prolongación de la discusión interna sobre este punto lo es), dado que resulta funcional a la estrategia polarizante que por siempre será la preferida del “partido de la autocracia” (tomando el concepto de Nun).

Si Juntos por el Cambio no puede dar este paso ahora, difícilmente pueda posicionarse como una alternativa al modelo de la autocracia.

Por otro lado, pensar el desarme de la polarización requiere de un abordaje amplio, abierto, y fundamentalmente estratégico, ya que a partir de ahora, cualquiera que sea claramente “señalado como el enemigo” por el partido autócrata, será funcional a su objetivo de consolidar un polo opositor claro, y llevar otra vez a la población al juego perverso de la polarización.

Tal vez eso es lo que haya percibido, visceralmente, Rodríguez Larreta, cuando fue “señalado” como el flamante enemigo del Frente de Todos: el beso de Judas no puede traer nada bueno. Con buen tino, Larreta evitó recoger el guante, al menos por ahora, y lleva su lucha con persistencia pero dentro de un marco de diálogo con bajo perfil.

Por último, me pregunto: ¿Qué ocurriría si los “enemigos señalados” se fueran escurriendo de la mira del partido autócrata, silenciosamente, uno tras otro, y sólo quedara enfrente a la autocracia un partido con una plataforma bien clara, programas, y hombres dispuestos a anteponer la Política de Estado a su Ego personal?



[1] Todos recordarán la ciudad empapelada con propaganda gubernamental en amarillo furioso: “En todo estás vos”

 [2] La única llamada a una autocrítica del kirchnerismo que alguna vez escuché la hizo Alejandro Grimson, en algún video que ví de casualidad por Internet. Pero me temo que Grimson es un personaje periférico en la estructura de poder del gobierno actual.