jueves, 31 de octubre de 2019

UCRONIAS ARGENTINAS O COMO DARLE CUERDA AL RELOJ DE LA HISTORIA


En estos días de campaña de 2019, circuló un curioso audio publicitando la candidatura a gobernador de Axel Kiciloff. Dicho audio tenía como música principal el tema “Llegando, llegaste”, de Piero[1]. Una canción de los años 60, casi desconocida para todos los que tengan menos de sesenta años. Una canción simplona e ingenua que, además, trasunta una inocencia naif, casi siniestra comparada con la crudeza de las letras de trap que tararean hoy la mayor parte de los jóvenes.
Cuando la escuché, me dije: “esto es demasiado”.
 

 
 
Tanta onda retro me hizo pensar que los argentinos estamos varados en una ucronía. Como la palabra lo indica, una ucronía es un “no tiempo”, o lo que es lo mismo, un tiempo “fuera del tiempo”, un tiempo mítico, congelado, muerto.
--¡Pero si en este país se vive un ritmo vertiginoso!, me dirán. Y es cierto. Pero aunque suceden infinidad de cosas, siempre estamos en el mismo sitio, viviendo un mismo momento petrificado, por así decir, el tiempo cristalizado de una vieja postal.
Tratando de imaginar cómo puede ocurrir semejante cosa, me vino a la mente la siguiente analogía: el mundo en permanente cambio puede asemejarse a una gran escalera mecánica en movimiento. ¿Cómo es posible entonces que, parados sobre el mundo que marcha al ritmo del tiempo, permanezcamos siempre en el mismo sitio? Muy fácil: dando pasos hacia atrás, moviéndonos al escalón inferior a medida que la escalera asciende. La Argentina no se queda quieta, es cierto, siempre se está moviendo, pero en el sentido de anular el movimiento de la escalera: sus pasos hacia atrás la sitúan siempre en el mismo lugar. Así es como los gobiernos toman medidas, los diarios las anuncian, la gente las discute, se implementan… y no pasa nada. Excepto que cada vez estamos más alejados de los que han seguido subiendo.

Los argentinos habitamos un Momento Mítico, que por no corresponderse con ningún tiempo real, ni histórico ni universal (ya que éste sí avanza para otras naciones), podríamos llamar un “no tiempo” o “ucronía”. Su carácter mitológico se sustenta en fantasías ideológicas de signo variado y laberintos emocionales de diversa índole.

Para simplificar mi exposición recurriré a algo que todos conocen muy bien: la grieta. Pretendo mostrar cómo a ambos lados de la grieta los ciudadanos viven en una ucronía, pues en ambos casos el proyecto de país que propone cada parte es “ucrónico”.

LA UCRONIA DE IZQUIERDA: RESISTIR EN LA CIUDAD DE LOS NIÑOS

Ya el kirchnerismo en su gobierno, entrado el año 2000, había intentado reeditar los “gloriosos” 60-70, con la utilización – y usurpación por parte de la gestualidad presidencial- de la imagen icónica de Evita como abanderada ya no de los humildes sino esta vez de una clase media empobrecida; con su apelación a los slogans de esa época, su reivindicación de la intelectualidad “militante” y de la “juventud maravillosa”, de la lucha de Montoneros, y su interpretación sesgada de los “derechos humanos”, no hizo sino dar marcha atrás al reloj. ¡Sin darnos cuenta estábamos otra vez en los años 70’! De pronto había nuevamente gorilas en las calles, y se reeditaron viejas antinomias.  Se promovió la rebeldía y la transgresión como forma de empoderamiento, y la burla y el desprecio como formas de descalificación a los opositores. Desde el inicio,  se incentivó la construcción de un discurso revisionista que pretendía “refundar” la historia y colocar a la Argentina en una especie de burbuja temporal al margen del devenir histórico global[2]. El “pensar situado” de Kusch sirvió a los intelectuales oficialistas de pretexto para reforzar la ucronía, y programas como 6-7-8 se tomaron muy en serio su trabajo de deslocalización: de pronto transitábamos nuevamente, aunque esta vez como sonámbulos, una década ganada, como si fuera la misma que aquella --realmente ganada para el país-- del 45 al 55, tiempo mítico en el cual parece que fuimos felices, y del cual algunos no querrían haber salido nunca jamás.

¿Y qué pasó con las nuevas generaciones, que no habían conocido aquel tiempo y que naturalmente están inclinadas hacia lo nuevo, hacia el futuro? Lo que se hizo fue “recolocarlas” en el espacio-tiempo de sus abuelos, y así fue como de pronto un día nos tocó ver a chicos de 18 años gritando desaforados a voz en cuello:-- ¡viva Perón!, sin saber siquiera quién fue, qué hizo ni cómo pensaba el General. ¿Será que ese ejército de zombies ucrónicos es realmente tan numeroso para justificar que Kicilof haya recurrido a una canción de Piero de hace 70 años para musicalizar su campaña? ¿O será que Kicilof tiene una identificación patológica con algún abuelo militante, que en la cuna le cantaba esa cancioncita? Me preocupa, sinceramente.

¡Y la repetición! La repetición es la artífice de toda ucronía. Cualquiera, aunque no haya leído a Mircea Elíade, sabe que la repetición anula el tiempo. Repetir algo es evocar al primero de la serie, el acontecimiento único y puro, el auténtico, el Original. Repitiéndolo, volvemos a vivir ese momento “fundacional”, mítico, donde los hechos ocurrieron por primera vez, y todo era puro y virginal.  En este sentido, uno no puede dejar de notar que el peronismo repite al infinito sus actos rituales, como por ejemplo la movilización hacia la plaza del año 1945. Aunque ahora vaciada de su sentido original, la ceremonia de la marcha se reedita todas las semanas en las movilizaciones piqueteras que convierten a la ciudad en un caos. El ritmo cadencioso de los bombos transporta a los desarraigados peregrinos (la mayoría de los cuales nunca ha conocido lo que es tener un trabajo formal) a aquel glorioso momento de 1945 en el cual el trabajo era el centro de la sociedad, y los trabajadores eran sus principales protagonistas...  La exclusión real se torna, por efecto de la magia ceremonial, en una inclusión mágica… ¡pero al costo de seguir viviendo una ucronía!

Podría seguir dando ejemplos, pero confío en que a partir de esta revelación el lector atento sabrá descubrir multitud de rituales cotidianos que nos anclan a un tiempo suspendido, que más que un tiempo histórico es una “era de la mente y de la emoción”: una “época dorada” en la que una generación de niños se sintió privilegiada – y probablemente lo fue. Un “momento” en el cual esos niños devenidos “enfants terribles” descubrieron el poder que les otorgaba el ser trabajadores en una Sociedad del Trabajo, y se asomaron a las bondades de la civilización, que hasta ese entonces les habían sido negadas por los dueños latifundistas de la tierra.

¡La vivencia de satisfacción social que provocó el Peronismo del 45 al 55 no es poca cosa! Debemos celebrarla, capitalizarla, sin duda….  ¡pero avanzar hacia el futuro! No es honesto utilizar ese combustible fósil para mantener al país en la ucronía. No le hacemos un bien a las nuevas generaciones si pretendemos resistir atrincherados en la Ciudad de los Niños.

LA UCRONIA DE LA DERECHA: RESISTIR ENTRE LA BOSTA

Del otro lado, la situación no es menos absurda. Quienes proponen que la Argentina retroceda hasta 1920, cuando fue el Granero del Mundo, tenía un alto PBI per cápita (pero concentrado en muy pocas manos), y se construían palacios y ciudades a la europea, también viven una ucronía. La nostalgia del patrón de estancia todopoderoso no es menos ucrónica que la del sindicalista prepotente. Ninguna de esas realidades es viable hoy, porque sencillamente no se pueden borrar de un plumazo los derechos sociales conquistados por Occidente.

En el mundo ucrónico de la derecha oligárquica y de los gobernadores feudales (porque no hay que olvidarse que no hay una sola oligarquía- la ganadera bonaerense- sino una multitud de oligarquías provinciales), también encontramos una vivencia de satisfacción arcaica que opera como combustible fósil. Sólo que en este caso el asunto se trata con mucha discreción pues no es políticamente correcto contar monedas delante de los pobres, por lo que no resulta sencillo toparse con manifestaciones abiertas al respecto. El resentimiento circula soterrado, pero indica el camino que conduce a ese no-tiempo en el cual una clase privilegiada alguna vez fue todopoderosa y tiránica.
 
Pues bien, también hay nostálgicos de esa ucronía, que también tienen sus rituales y repiten sus consignas para reafirmarse en esa realidad mitológica. ¿Una pista? El acto de negación, tan evidente en los ciudadanos de esta ucronía (negar al otro, negar derechos del otro) reactualiza aquel acto primario de negación que constituyó el germen de la enemistad entre los “hijos de la tierra” y los “inmigrantes invasores” a principios de siglo. El encuentro pudo haberse dado de otro modo-- de hecho si hay algo que sobraba en este país era la tierra-- pero la integración de los inmigrantes ocurrió bajo el sino de la negación, del ninguneo, y creo que esto fue la fuente de todas nuestras desgracias a partir de 1900.

Para ir cerrando: la ucronía- sea del signo que sea- niega los cambios reales, materiales y sociales, con el único objetivo de sostener una vivencia de satisfacción. Se sacrifica el principio de realidad con tal de apuntalar vagas fantasías placenteras de otros tiempos.
Pero esto, ¿no es esto un signo de gran cobardía? Y de una cobardía peligrosa…
¿No ha llegado la hora de abandonar esa pusilánime tendencia a refugiarnos en las ucronías, para sentarnos todos juntos a una misma mesa para plantar cara a los problemas ACTUALES Y REALES que tenemos los argentinos?

¡Basta de embutir el mundo real en el molde de las ucronías! No estamos en el 45, ni en los 70, ni siquiera en el 2001, sino en 2019; Cristina no es Eva, Kirchner no es Perón, Macri no es la dictadura, Magneto no es Braden. Serán otra cosa, con afinidades o no por ideas del pasado, pero sin duda no son aquello. Nunca lo fueron. Si en algún momento lo creemos así, es porque hemos caído en la trampa de las ucronías.

¡Estemos atentos!



[1] Piero fue Secretario de Cultura de Duhalde en el 98. Fue procesado por corrupción en 2002, cuando el músico se desempeñaba como subsecretario de Cultura bonaerense y presidía la fundación "Buenas Ondas". El músico no se presentó y quedó en rebeldía. Su causa prescribió después de 10 años de proceso.
[2] Véase el Proyecto Umbral.

jueves, 10 de octubre de 2019

HISTORIA VIVA: EXPENSAS y ADMINISTRADORES DE CONSORCIO: de dónde venimos y hacia dónde vamos


Agradezco a Gabriel Agatino que me permite incluir esta nota informativa sobre un tema que preocupa tanto a los argentinos que vivimos en propiedad horizontal, que es el costo cada vez más elevado de los gastos comunes (expensas) del edificio.  Preocupa a tal punto que antes de comprar o alquilar una propiedad la pregunta obligada es: “¿cuánto paga de expensas?”. Hacer esta pregunta nos hace sentir pequeños y un poco miserables. Nos gustaría pensar en grande y no tener esa inquietud agitándonos temores, pero esta es la realidad que vivimos desde hace más o menos 20 años. 

En este punto fuimos para atrás, porque antes no era así. Pagar las expensas (ordinarias) no dolía tanto al bolsillo porque su aumento iba en consonancia con un porcentaje anual razonable (incluyendo el sueldo del portero), y además porque no había tantas disposiciones gubernamentales que agregaran más costos (controles periódicos de ascensores, matafuegos, tanques, fachadas edificios etc, sin desmerecer su necesidad e importancia). Pero para ser justos hay que decir, también, que en estos últimos años hubo de parte de nuestros legisladores un atisbo de buena intención al procurar proteger los derechos de los indefensos copropietarios mediante normativas del Estado que faciliten la transparencia de las cuentas que el administrador debe rendir mensualmente al edificio.  (me refiero específicamente a normas del ámbito del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires; cada municipio y provincia tendrá las suyas propias).  Dentro de este panorama se avanzó en lo siguiente:

-Hacia fines del año 1997 la AFIP (órgano de recaudación y control de impuestos nacionales) impuso a los consorcios la obligación de obtener personería fiscal  otorgándole un número de  CUIT para que realicen el pago de las cargas sociales del empleado- portero  (RG 10/1997). 

-En diciembre de 2002 la legislatura de la Ciudad de Buenos Aires dictó la Ley 941  que  obligó a los administradores de consorcios a empadronarse en un Registro específico para poder desarrollar la actividad legalmente y dictó un régimen de sanciones aplicables ante su incumplimiento. También estableció los datos obligatorios que el administrador debe incluir en las liquidaciones de expensas (Art. 10) a fin de identificar legalmente cada uno de los gastos que cobra a los propietarios. (cuit del prestador, nombre y domicilio, concepto del trabajo), especificando que tales comprobantes de gastos  deben estar para consulta a disposición de los consorcistas. La misma ley 941 en su artículo 9 inc h) dispuso la obligación del administrador de  depositar los fondos del consorcio en una cuenta especial a nombre del mismo y de informar en las liquidaciones de expensas los movimientos y saldos bancarios. 

-Por último, dado que los administradores de consorcios cumplían a medias y con desgano la información legalmente requerida por la Ley 941, en abril de 2014 la Dirección General de Defensa y Protección al Consumidor C.a.b.a  aprobó la Disp.856 DGDYPC/2014 que estableció un Modelo único de Liquidación de Expensas (Expensas claras) a cumplimentar ineludiblemente por los administradores, caso contrario deja habilitada la vía para que el consorcista se presente ante la oficina de Defensa al consumidor Caba y realice la denuncia correspondiente, lo que puede generar una eventual aplicación de sanción y/o multa.

Hasta aquí  lo vigente y obligatorio en la actualidad. Ahora bien, afortunadamente para los ciudadanos que vivimos en propiedad horizontal, pareciera que hay voluntad política de seguir avanzando en pos de mayor transparencia y participación ciudadana. Tal es así que en 2018 el Gobierno de la ciudad de Buenos Aires dio un paso más adelante al presentar la plataforma on line denominada “Consorcio Participativo”, la que -entre sus puntos más importantes- permitiría que el copropietario tenga acceso electrónico a toda la documentación del consorcio (visualizar, descargar e imprimir diversos documentos como facturas de gastos, cargas previsionales del personal, presupuestos, pólizas de seguros, etc) con el fin de tener un control sobre los gastos de su consorcio y la gestión del administrador.  Pero por el momento, y desafortunadamente,  al igual que sucedió previamente al dictado de la Ley 941/2002, esta interesante propuesta está sufriendo las resistencias y el  lobby de las cámaras empresarias de la propiedad horizontal (entidad que nuclea y protege a los administradores de consorcios), que buscan desprestigiarla con argumentos enrevesados que confunden al ciudadano y que tienen como finalidad  que la plataforma no llegue a aplicarse.   

Queda como reflexión que si se ha avanzado -poco o mucho- en materia de mayor transparencia y control de las expensas ha sido como resultado de un largo y esperado reclamo de los copropietarios derivado del hastío de verse muchas veces estafados por administradores inescrupulosos (que por suerte son los menos).  Pues para valorar lo que hoy tenemos, no hay que olvidar de dónde venimos, y para eso vale la mención de estos dos puntos: 1-Antes de la vigencia de  la Ley 941 del año 2002 era costumbre que los administradores usaran una cuenta suya propia donde depositaban y pagaban las cuentas de varios edificios que administraran, por lo que puede uno imaginarse las consecuencias de semejante  mixtura de dineros propios y de terceros.  2- Antes que los consorcios se identificaran con un cuit y que la Afip ejerciera el control de la recaudación,  sucedía que algunos  malos administradores cobraban a los propietarios los importes de los aportes jubilatorios del portero, pero no los pagaban a la caja de previsión. El administrador se iba del consorcio (dejando la deuda),  y los copropietarios terminaban pagando dos veces.
Como conclusión, una forma de pagar menos expensas es controlar las liquidaciones mensuales que envía el administrador y pedir las explicaciones pertinentes. No es necesario ser contador para hacer un control básico, solo hay que tomarse el tiempo y tener la voluntad de mirar. Porque de nada sirve la excelencia de una Ley si el copropietario, que es una de las partes involucradas y a quien se intenta beneficiar, no hace lo suyo y, por ignorancia o por comodidad,  se deja engañar a conciencia.   


Para terminar, una guía práctica de lo que puede verificarse rápidamente de una liquidación de expensas y que nos da la idea de si se están haciendo las cosas bien o mal:

- Cada partida de gasto tiene que detallar: Nombre del proveedor, CUIT,  NRO de factura y concepto. Si desea verificar que el cuit del proveedor  informado exista, puede ingresar a:
 
Si solicitara al administrador  la factura electrónica porque tiene dudas de su legalidad,  puede verificar si el comprobante está autorizado por afip ingresando al sitio: https://serviciosweb.afip.gob.ar/genericos/comprobantes/Default.aspx

Ante mensajes de afip que indiquen una anormalidad del cuit o del comprobante, pida explicaciones al administrador.
Si la expensa no detalla los datos del cuit del proveedor y de las factura es probable que le estén cobrando un gasto, pero sin el debido comprobante.
-Saldo de Banco. Cada expensa debe detallar el saldo inicial, los movimientos de ingresos y egresos y el saldo final del banco. Utilizar exclusivamente la cuenta bancaria  para todos los pagos y cobranzas, eliminando todo movimiento en efectivo, es la mejor  herramienta de control de los movimientos de dinero. Todo copropietario debiera exigirlo.

Dr. Francisco Dicchiara


martes, 1 de octubre de 2019

ELENA DUKER: MEMORIA - LAS EMPRESAS PUBLICAS ANTES DE LAS PRIVATIZACIONES DE LOS 90

Quienes vivimos la etapa previa a las privatizaciones de las empresas públicas de los años ´90, no podemos hacernos ni los distraídos ni los desmemoriados respecto al deplorable estado financiero y atraso tecnológico en el que se encontraban dichas empresas hacia finales de los ´80. Tampoco olvidar la mala calidad de los servicios que brindaban y el trato desidioso que daban al público usuario. Salvo que en tozuda actitud elijamos negarlo.    
Lo que sigue no es ni una demonización ni una defensa a la nacionalización de empresas de servicios realizada por el Pte. Juan D. Perón en los años 1945 a 1949, ni a las privatizaciones de las mismas ejecutadas por el Pte. Carlos Menem en 1990. Es tan solo una foto de un determinado momento, una “ayuda memoria” para recordar y visibilizar datos y situaciones que ocurrieron en la realidad y que debieran hacernos reflexionar a fin de no volver a tropezar con la misma piedra y avanzar hacia instancias superadoras.

Puede que la mala gestión y administración a cargo de la dirección de cada una de las empresas públicas, la  falta de controles del poder central, el despilfarro de gastos,  el exceso de personal no productivo, en fin, la inercia y desidia generalizada, no hayan sido tan pronunciadas y descomunales todo el tiempo en que fueron nacionales, desde sus comienzos en 1945 hasta 1990,  pero lo cierto es que cuarenta años después, hacia finales de los ´80, todas esas empresas estaban prácticamente quebradas y representaban un agujero negro en las cuentas fiscales. Me propongo poner el foco en ese particular momento (finales de los ´80) para describir un tema puntual que es generalmente esquivado, -además de poco simpático para muchos empleados del Estado que podrán sentirse señalados-, que es la relación laboral y privilegios y beneficios extraordinarios de los empleados públicos dentro del contexto de cada empresa estatal, que redundaron en prácticas abusivas que de alguna manera contribuyeron a acentuar el grado de decadencia al que finalmente se llegó. Esto no significa en absoluto que toda la responsabilidad del derrumbe de esas empresas tenga que ser atribuida a sus empleados, pero sí reconocer que contribuyeron a que sucediera, es decir, fueron cómplices silenciosos y acomodaticios en el proceso de devastación. Conocí esa realidad muy de cerca cuando comenzaba mi vida universitaria y laboral hace treinta años atrás, en el ámbito privado. Estaba rodeada de compañeros de estudio y amigos cuyos padres trabajaban en empresas de servicios públicos y tuve la oportunidad de observar sus hábitos domésticos y formas de vidas y compararlas con las costumbres austeras que teníamos quienes no pertenecíamos a ese segmento y teníamos que cuidar el peso. También entre mis familiares indirectos había empleados públicos, y no puedo olvidar los comentarios fanfarrones que hacían al relatar las “hazañas” de  su ámbito del trabajo (el Estado) ante la mirada absorta de quienes los escuchábamos con ingenua sumisión. Dado que para muestra basta un botón, a continuación menciono  cuatro ejemplos que recuerdo vívidamente y que sirven para ilustrar el contexto que pretendo abrir a la reflexión: 
  
SEGBA: (Servicios eléctricos del Gran Buenos Aires. Fue una empresa de generación, transmisión, distribución y comercialización de energía eléctrica en el Gran Buenos Aires y la ciudad de Buenos Aires). Si bien el servicio doméstico de energía eléctrica fue siempre muy costoso para todos los usuarios, el empleado que trabajaba en SEGBA no pagaba el ciento por ciento (100%) de la luz que consumía. Recuerdo la experiencia de ir a estudiar a la casa de M.S., cuyo padre trabajaba en SEGBA. Todos los artefactos de su casa eran eléctricos, hasta las estufas. (todavía no habían aparecido los acondicionadores frio-calor, por lo que, salvo los empleados de SEGBA que no pagaban la luz, el resto de las personas usábamos estufas a gas para calefaccionarnos). No importaban los cortes programados que ya se venían dando en el país producto de la falta de abastecimiento eléctrico y que afectaban a tantos usuarios. Mientras se pudiera, en la casa de M.S. se continuaba con un  despreocupado derroche.  

GAS DEL ESTADO: (Fue la empresa de distribución y comercialización de gas natural en todo el territorio del país). El empleado que trabajaba en GAS DEL ESTADO tampoco pagaba el gas que consumía. Pero aquí cabe hacer una aclaración. Hasta el momento de su privatización y como resultado de la creciente explotación gasífera de la empresa estatal desde su creación en 1946 (llegó a ser la tercera más grande del mundo), sumadas a las políticas de subsidios que se establecieron en los años posteriores, el costo de la tarifa doméstica de gas era realmente muy bajo. Si hubo despilfarro en el consumo, éste fue generalizado entre todos los usuarios. No cabe achacarles culpas solo a los empleados de Gas del Estado.      

Y.P.F. (Yacimientos petrolíferos del Estado). Única empresa petrolera del mundo que daba pérdidas. Y.P.F sufrió un “saqueo “hormiga” por parte de sus empleados. Que el lector no busque información de este tema porque no la va a encontrar. Sus protagonistas lo van a negar, pues nadie confiesa sus pecados. Tengo un recuerdo muy nítido de las reuniones familiares de esos años (los ´80) en las que parientes allegados relataban con total desparpajo las “ventajas” laborales que tenían en la empresa. Los empleados de YPF no pagaban la nafta que solicitaban para su consumo personal. La mayoría de ellos tenía auto y podían viajar desde la Quiaca a Ushuaia sin desembolsar un solo peso por el combustible. Hasta aquí la situación, si bien pudiera ser abusiva, era legal. Pero, lamentablemente, también existieron conductas delictivas de empleados que, con el aval de un superior, robaban combustible para venderlo a terceros. Se las ingeniaban administrativamente para simular que utilizaban la nafta en camiones de distribución propios de la empresa  y así sustraían todo lo que podían. Nadie en Y.P.F. controlaba nada. Y cuando se intentó una investigación a raíz de una denuncia, todo quedó en la nada.  

AEROLINEAS ARGENTINAS- Nuestra línea aérea de bandera. Cuando viajar en avión no estaba tan generalizado como ahora y era muy costoso y un privilegio de unos pocos, toda la familia del empleado de Aerolíneas Argentinas podía viajar gratuitamente varias veces al año al interior y exterior del país. Muchos utilizaban los viajes para hacer negocios. Compraban bienes a menor costo en el exterior o bien productos inexistentes en el país, con la facilidad de que al ingresar a la Argentina evitaban pasar por Aduana y pagar eventuales derechos. Y tal vez pudieran vender los pasajes que la empresa les otorgaba como beneficio de empleado, pero esta es una hipótesis que no puedo aseverar.  A los ojos del común de las personas que no tenían posibilidad alguna de viajar en avión, el empleado de AEROLINEAS ARGENTINAS era un verdadero privilegiado.

El sentido común nos decía que así ya no se podía continuar. Lo que sucedió después con las empresas  privatizadas -mal o bien- es historia por todos conocida y cada quien sacará sus conclusiones.

Como dato informativo, hasta el momento de las privatizaciones el ingreso como empleados a estas empresas públicas se daba, generalmente, por la vía familiar o del sindicato.  Los ascensos poco tenían que ver con las capacitaciones. Se iba ascendiendo por antigüedad o por disposición del jefe. La regla general era que a medida que la persona tenía más edad, ascendía de categoría. 

Para transformar estas actitudes de rapiña argentinas lo que nos está faltando es la educación y concientización de que lo público es de todos y hay que cuidarlo. Además de normas que castiguen implacablemente a quien dañe el bien público de cualquier forma. No importa el rango ni la magnitud. Quien roba o daña al Estado nos roba y daña a todos los argentinos. Nos roba en las obras de infraestructuras que faltan, en escuelas y hospitales, en el dinero para nuevas jubilaciones, etc. 
La educación y concientización del cuidado de lo público no es difícil de encarar. Y es urgente. Por eso cuesta creer que no se aborde en los planes escolares ni en campañas de difusión publicitarias de cada gobierno (nacional, provincial, municipal). El cambio cultural en este punto es apremiante y si no lo afrontamos con firmeza y permanencia en el tiempo, seremos cada vez más pobres, más injustos y estaremos más lejos del mundo civilizado.        

ELENA DUKER.  elena.duker@gmail.com