jueves, 8 de octubre de 2020

17 DE OCTUBRE DE 1945: CÓMO LO DESCRIBIÓ UNA DAMA DISTINGUIDA DE LA SOCIEDAD PORTEÑA, DELFINA BUNGE.

 Por Jorge A. Tizón (jorgeatizon@gmail.com)

A más de 70 años de aquel 17 de octubre de 1945 que marcó un punto de inflexión en la historia argentina y en la vida tanto de quienes lo protagonizaron con entusiasmo y esperanzas como de quienes lo combatieron con aversión, resulta interesante leer lo escrito por una dama de la sociedad distinguida -Delfina Bunge-  en un artículo periodístico en el que expresó su parecer sincero sobre los sucesos que en esas jornadas de octubre mantuvieron en vilo y  desconcertaron a la población.   Delfina era hija de un prestigioso abogado, Octavio Raymundo Bunge, y de María Luisa Rufina Arteaga, y estaba casada con el escritor Manuel Gálvez.  Sus hermanos fueron también profesionales destacados. Delfina no sentía ni se interesaba en la política, era  ante todo una escritora católica (devotamente católica, algo muy común en la época, sobre todo para  las familias de la alta sociedad).

Relata su esposo Manuel Gálvez que en su artículo (1) titulado “Una emoción nueva en Buenos Aires”  expresó su enorme asombro cuando vio pasar al pueblo frente a su casa, no con el cuchillo entre los dientes ni el fusil en la mano, sino contento, entonando estribillos, riéndose todo el tiempo o vitoreando a su líder. “Emoción nueva la de este 17 de octubre: la eclosión, entre nosotros, de una multitud proletaria y pacífica. Algo que no conocíamos, que, por mi parte, no sospeché siquiera que pudiese existir….” Recuerda el terror de los movimientos anarquistas vividos en su niñez y adolescencia que tuvo como muestra la semana trágica de 1919. “Las primeras manifestaciones de las turbas rebeldes fueron siempre contra todo lo religioso. Se quemaban  las iglesias como para librarse del más temible de los testigos. Parecíales, tal vez, a los forajidos, que eliminaban así el ojo de Dios y podían, entonces,  sin  ningún miedo misterioso, abandonarse a todos los crímenes. Suprimido Dios, todo quedaba automáticamente permitido. Y entonces lo compara con el 17 de octubre: “Las calles presenciaron algo insólito. De todos los puntos suburbanos veíanse llegar grupos de proletarios, de los más pobres entre los proletarios. Y pasaban debajo de nuestros balcones. Era la turba tan temida. Era -pensábamos- la gente descontenta…”.  Refiere que su  primer impulso fue el de cerrar los balcones, pero al asomarse a la calle quedó en suspenso, “pues las turbas parecían trocadas por milagrosa transformación. No había caras hostiles ni puños levantados, como los vimos hace pocos años. Y más aún nos sorprendieron sus gritos y estribillos. No se pedía la cabeza de nadie Van llegando noticias por la radio. En la plaza de mayo hay quinientas mil personas. La Catedral y la Curia, respetadas. Una columna frente al templo hizo la señal de la cruz…. Quiero declarar y jurar que mientras esto escribo  manténgome a mil leguas de la más leve intención política. No me interesa el personaje con cuyo nombre nos saturaron los oídos esa noche.  Pedíase la libertad de un preso al que – equivocadamente o no- ellas creían su protector”. Finaliza hablando de “este hombre que con sinceridad o sin ella, con buenas intenciones o por ambición únicamente ha tenido la peligrosa fortuna de ser glorificado por los pobres… Lo que nos interesa son las turbas mismas y su capacidad de proceder en paz.






Si bien el artículo no nombraba ni elogiaba a Perón ni al gobierno, no se salvó de recibir un fuerte rechazo. Muchos suscriptores del diario se borraron y su director tuvo que renunciar y jubilarse, al tiempo que Delfina Bunge no pudo continuar escribiendo sus colaboraciones. Recibió cartas hirientes de amigos, además de anónimos e insultos telefónicos. En cierto sentido la publicación de ese artículo le cambió la vida reposada que tenía. Unos meses antes ya había generado revuelo otro artículo suyo titulado “Catolicismo de guerra” donde-partidaria de la neutralidad pero no de los nazis-  Delfina Bunge expresaba la conveniencia de que la política no fuese mezclada con la religión, a raíz de la terrible grieta que se había suscitado en el país entre aliadófilos y germanófilos y en la que los católicos con pasión aliadófila despotricaban contra la Iglesia y hasta contra el Papa por no condenar a Hitler y Mussolini. Delfina Bunge era presidenta de la Sociedad de Escritoras Católicas y del Centro de Estudios Religiosos, y de ambos cargos fue despedida como consecuencia del  fanatismo aliadófilo.  Estos últimos se enemistaron con el gobierno surgido de la revolución del 4 de junio de 1943 porque no le declaraba la guerra al Eje (Alemania).  Es probable que Delfina Bunge tuviera un punto de simpatía con el nuevo gobierno porque por Dec. Ley 18.411/43 estableció la enseñanza religiosa católica en colegios y escuelas estatales, que en ese momento eran la mayoría. Recordemos que el quiebre internacional producido por la segunda guerra mundial hizo que muchos Estados realizaran una especie de alianza con la Iglesia Católica a fin de impedir el avance de gobiernos comunistas, y la Argentina de 1943 no fue la excepción.  

(1)    Publicado en el diario El pueblo y citado por Manuel Gálvez en su libro “En el mundo de los seres reales”, editorial Hachette (1965)   

 

Lo que sigue es una breve descripción del contexto previo y posterior al 17 de octubre de 1945.

ANTES DEL 17 DE OCTUBRE DE 1945: Los acontecimientos se fueron desenvolviendo de forma natural, pero vertiginosamente. La revolución militar nacionalista del 4 de junio de 1943 que puso fin a una década “infame” caracterizada por la corrupción y el fraude electoral, llevó al entonces Coronel Juan D. Perón a hacerse cargo del inoperante Departamento de Trabajo que existía desde 1907, disolverlo y cuatro meses después crear la  Secretaría de Trabajo y Previsión, desde donde  organizó e implementó una legislación social de avanzada que mejoró la vida al universo de los trabajadores y no sólo a algunos sectores, como venía sucediendo hasta ese momento. Lo acompañaron en la tarea personas de diversa extracción política: militares nacionalistas como el coronel Domingo Mercante y el  mayor yrigoyenista Fernando Estrada, y sindicalistas socialistas como Atilio Bramuglia y Angel Borlenghi.  En 1944, luego de un año de gestión, Perón ya era la figura descollante de la Revolución del ´43.  Daba mensajes por radiodifusión para explicar y dar a conocer los objetivos de la política social que se planteaba realizar desde la Secretaría de Trabajo. En 1945, a dos años de la Revolución del ´43, Perón molestaba tanto a un grupo de militares del mismo gobierno que querían asesinarlo, como a la clase económica dominante que sintió perjudicar profundamente sus intereses por la política social desarrollada. Lo llamaban “agitador de masas”. A este malestar se sumaba la demora del gobierno de Edelmiro Farrel en declarar la guerra a Alemania -solicitada por esos mismos sectores de la oligarquía que tenían intereses económicos con Gran Bretaña y Estados Unidos- , y el rumor que ya empezaba a circular con fuerza acerca de que cuando se normalizaran las elecciones Perón pudiera ser electo presidente. El país se había polarizado. También conspiraba el Departamento de Estado de los Estados Unidos a través de su embajador en la Argentina, Spruille Braden. Ya el 19 de septiembre de 1945 la oposición al gobierno de Farrel - y más concretamente a Perón- organizó la “marcha de la constitución y la libertad”, donde unas 60.000 personas se nuclearon desde el Congreso a Plaza de Mayo en un acto presidido por el norteamericano Braden junto a políticos e intelectuales argentinos de izquierda, radicales y liberales como José Santos Gollán, Eustaquio Méndez Delfino (presidente de la Bolsa de Comercio), Manuel Ordoñez (posterior  fundador de la Democracia Cristiana), Rodolfo Ghioldi, Tamporini, Mosca, Sanmartino, y otros más. Pedían entregar el gobierno a la Corte Suprema y elecciones inmediatas.


 


La desunión dentro del Ejército hizo que un sector presionara para que se le pidiera la renuncia a Perón a los cargos en la Secretaría de Trabajo (que quedó a cargo del coronel Domingo Mercante) y el Ministerio de Guerra, lo que efectivamente sucedió el día 9 de octubre. El 12 de octubre, mientras Perón ya renunciado se encontraba descansando en el Tigre, el presidente Farrel pidió verlo. Perón se dirigió entonces  a Buenos Aires y una vez allí se lo llevó a la cañonera Independencia y se lo trasladó y confinó en la isla Martín García. Los sucesivos días hasta su liberación el 17 de octubre estuvieron envueltos en tensas negociaciones. Mientras tanto sucedió lo que ya todos conocemos: huelga general y columnas de trabajadores avanzando hacia la plaza de mayo a pedir la libertad de su líder. Según escribió Scalabrini Ortiz, “era el subsuelo de la patria sublevado, el cimiento básico de la Nación que asomaba”.  Un hecho peculiar que siempre quedó soslayado es que la jornada del 17 de octubre no sólo tuvo como artífices a los sindicatos que organizaron la movilización a Plaza de Mayo, sino que ellos contaron con la inestimable colaboración del grupo del ejército que fue leal a los objetivos de la revolución del ´43, coincidentes con los intereses populares. Estos militares no marcharon con los trabajadores, pero los apoyaron. Fue la única vez en el país que el ejército se identificó con la causa de las masas populares.                  

LUEGO DEL 17 DE OCTUBRE DE 1945: En octubre de 1945 el Peronismo no existía como organización política. Los partidos políticos tradicionales de la Argentina eran el conservador, radical, socialista y comunista. Ni siquiera participaron como peronistas en las elecciones nacionales de febrero de 1946, realizadas a sólo cuatro meses del 17 de octubre y en la que la fórmula Perón-Quijano se presentó como Partido Laborista,  siendo Hortensio Quijano un radical de la Junta Renovadora. El coronel Mercante, mano derecha de Perón, se ocupó de organizar en tiempo récord el partido político (Laborista) que congregó a trabajadores, grupos de clase media que supieron ver el proceso y antiguos políticos nacionalistas, a fin de presentarse a las inmediatas elecciones de 1946.  Todos sabían que la suerte estaba echada. Se daría lo que en 1916 cuando por la flamante Ley Sáenz Peña de sufragio universal el Dr. Hipólito Yrigoyen llegó a la  presidencia de la Nación como el primer gobierno representativo de las mayorías populares. En 1946 todos sabían que Perón ganaría las elecciones. Lo que a Yrigoyen costó 26 años de lucha permanente (si partimos de la revolución radical de 1890 hasta el año 1916 en que fue presidente), a Perón le tomó 3 años (de 1943 a 1946) y en un proceso inverso: Yrigoyen fue un militante político que combatió sin descanso al Régimen y que pudo realizar su reducida labor social recién cuando estuvo en ejercicio de la presidencia. Perón, en cambio, no hizo política previa: pasó directamente a la acción desde su cargo en la Secretaría de Trabajo.

“Alem, Yrigoyen y Perón”, era uno de los cánticos populares de aquel octubre de 1945.


Si la clase política anterior a 1943 hubiese estado a la altura de las circunstancias, siendo digna de confianza e implementando la tan demorada justicia social que el país reclamaba desde hacía décadas, tal vez no hubiera existido Perón. Podrían haber tomado esas banderas y ganarse los laureles, pero no lo hicieron. Y se sorprendieron cuando un grupo de militares políticamente inexpertos -con Perón a la cabeza- lo hizo por ellos, y entonces lo combatieron. En febrero de 1946 la mayoría de los argentinos eligió ser partícipe de un movimiento nuevo y mirar hacia el futuro; no quisieron apoyar a las viejas instituciones políticas que en el pasado no les habían dado respuestas.


Aquel 17 de octubre de 1945 fue la chispa que encendió a las masas populares que a partir de ese momento comenzaron sentirse y a autodenominarse “peronistas”.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Las turbas! ¿o sea no eran personas?

Anónimo dijo...

Los paladines de la libertad, los que se llenaban la boca hablando de constitución y libertad, condenaron la libre expresión de una mujer que encima no era política. Son patéticos. Hay que identificarlos muy bien para no confundirse.

Anónimo dijo...

Una pregunta a debatir es: ¿quién festeja hoy el 17 de octubre? Claramente no lo festejan los peronistas. La izquierdas les tomó y les infiltró el movimiento, muchachos.

Anónimo dijo...

Hoy el 17/10 lo festejan los NEOPERONISTAS!! USURPADORES E INFILTRADORES que buscan desprestigiar y destruir.