martes, 30 de marzo de 2021

ANNAH ARENDT Y EL TOTALITARISMO: Parte 1 de 3


 

Annah Arendt - Los origenes del totalitarismo- TOTALITARISMO

FICHA BIBLIOGRAFICA con Extractos LITERALES reordenados y agrupados por mí en base a  temas.

Referencias:

En AMARILLO comentarios agregados. Negritas, subrayados y remarcados verdes son agregados.

Donde aparece XX sugiero reflexionar cuánto de eso se aplica a lo que ocurre en la realidad política actual de la Argentina. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

 

1-NATURALEZA DE LOS MOVIMIENTOS TOTALITARIOS

La esencia del Gobierno Totalitario es que no existe ni a favor ni en contra de los hombres. Se supone que proporciona a las fuerzas de la Naturaleza o de la Historia un instrumento incomparable para acelerar su movimiento. SE APOYA EN SUPUESTAS “LEYES CIENTIFICOS”  como las “LEYES NATURALES” O LAS “LEYES” DIALECTICAS DE LA HISTORIA.

Hasta ahora conocemos solamente dos formas auténticas de dominación totalitarias. El bolchevismo y el nazismo.

La autoridad, cualquiera sea su forma, siempre significa una restricción o una limitación de la libertad, pero nunca su abolición. La dominación totalitaria, empero, se orienta a la abolición de la libertad, incluso a la eliminación de la espontaneidad humana en general.

El régimen totalitario no es un gobierno en ningun sentido tradicional sino un movimiento cuyo avance tropieza constantemente con nuevos obstáculos que tienen que ser eliminados.

Los movimientos totalitarios solo pueden hallarse en el poder mientras estén en marcha y pongan en movimiento a todo lo que exista en torno a ellos.

La lucha por la dominación total de la población total de la Tierra, la eliminación de toda realidad no totalitaria en competencia es inherente a los regímenes totalitarios. El totalitarismo en el poder utiliza la administración del Estado para su fin de conquista mundial a largo plazo.

El objetivo práctico del movimiento consiste en organizar a tantos pueblos como les sea posible dentro de su marco y mantenerlos en marcha. Un objetivo político que constituyera el final del movimiento simplemente no existe. XX

El verdadero objetivo del fascismo era sólo apoderarse del poder e instalar a la élite fascista como dominadora indiscutida del país.

El movimiento totalitario se apodera del poder exactamente de la misma manera en que un conquistador extranjero puede ocupar un país, al que gobierna no verdaderamente en el propio beneficio de éste, sino en el de algo o alguien. XX

Los nazis se condujeron en Alemania como conquistadores extranjeros.

Como un conquistador extranjero, el dictador totalitario considera a las riquezas naturales e industriales de cada país, incluyendo las del propio como una especie de botín, esta política de expolio sistemático es realizada en beneficio del movimiento y no de la nación. En lo que se refiere a sus fines económicos, los regímenes Totalitarios son en sus países como las proverbiales plagas de langostas.

La incapacidad del mundo no totalitario para comprender una mentalidad que funciona independientemente de toda acción calculable en términos de hombres y de materiales y es completamente indiferente al interés nacional y al bienestar de su pueblo, muestra un dilema. Ningún tirano corriente fue lo suficientemente loco como para despreciar todos los intereses locales económicos, nacionales, humanos y militares en aras de una realidad puramente ficticia en un futuro indefinidamente distante.

[Sin embargo ] se subestima el poder potencial que puede crearse con el desprecio de todos los factores materiales.

 

De la misma manera que surge el peligro de una dictadura militar cuando el ejército ya no sirve sino que desea dominar al cuerpo político, así el peligro del totalitarismo surge cuando el sector conspirador de un partido se emancipa del control del partido y aspira a su jefatura. XX

Desde el punto de vista de una organización que funciona según el principio de que “todo el que no esté incluído está excluído”, todo el que no está conmigo está contra mí, el mundo en general pierde todos los matices, diferenciaciones y aspectos pluralistas.

La afirmación inherente a la organización totalitaria es que “todo lo que se halla fuera del movimiento está muriendo”, una afirmación que es drásticamente realizada bajo las condiciones asesinas de la dominación.

 


2- ORGANIZACIÓN TOTALITARIA: LA MASA.

Los movimientos totalitarios dependen de la pura fuerza del número hasta tal punto que parecen imposibles en países con poblaciones relativamente pequeñas.

 

El término de masa se aplica sólo cuando nos referimos a personas que no pueden ser integradas en ninguna organización basada en el interés comun como por ejemplo los partidos polticos, organizaciones profesionales, sindicatos, etc. Potencialmente existen en cada país y constituyen la mayoría de esas muy numerosas personas neutrales.

Fue característico del auge del movimiento nazi y de los comunistas el hecho de que reclutaran a sus miembros en esta masa de personas aparentemente indiferentes, a quienes todos los demás partidos habían renunciado por considerarlas demasiado apáticas o demasiado estúpidas para merecer su atención. El resultado fue que la mayoría de sus afiliados eran personas que nunca habían aparecido anteriormente en la escena política.

El primer espejismo explotado por los movimientos totalitarios fue creer que el pueblo había tomado una parte activa en el gobierno.

El segundo espejismo explotado por los movimientos totalitarios fue la suposición de que estas masas indiferentes no importaban.

Los movimientos totalitarios mostraron que las masas políticamente neutrales e indiferentes podían ser mayoría en un país gobernado democráticamente. Y que una democracia podía funcionar según normas activamente reconocidas sólo por una minoría. El gobierno democrático había descansado tanto en la aprobación tácita y en la tolerancia de sectores indiferentes e indiferenciados del pueblo como en las instituciones y organizaciones diferenciadas y visibles del país.

Las masas no fueron resultado de la creciente igualdad de condición, de la difusión de la educación general, con su inevitable reducción de niveles y vulgarización de su contenido. Pronto se vio con claridad que las personas muy cultas se sentían particularmente atraídas hacia los movimientos de masas.

 

3- ORGANIZACIÓN TOTALITARIA: ALIANZA ENTRE EL POPULACHO Y LA ELITE

Más amenazadora para nuestra paz mental que la lealtad incondicional de los miembros, es la indiscutible atracción que estos movimientos ejercen sobre la élite. Sería temerario tratar de disminuir la importancia de la terrible lista de hombres preclaros a los que el totalitarismo puede contar entre sus simpatizantes.

Los instintos antihumanistas, antiliberales, antiindividualistas y anticulturales de la “generación del frente” (post 1ra guerra), su brillante e ingenioso elogio de la violencia, del poder y de la crueldad, fueron precedidos por las pruebas toscas y pomposamente científicas de la élite imperialista según las cuales es ley del universo la lucha de todos contra todos. La expansión es una necesidad psicológica antes que un objetivo político, y el hombre ha de comportase conforme a tales leyes universales.

La preferencia por el terrorismo por sobre todas las demás formas de actividad política atrajeron al mismo tiempo a la élite y al populacho. Ha sido siempre cierto que el populacho acogerá satisfecho los hechos de violencia con la siguiente observación admirativa: “serán malos, pero son muy hábiles”.

Lo que resultaba tan atractivo era que el terrorismo se había convertido en una clase de filosofía at ravés de la cual se podía expresar el resentimiento, la frustración y el odio ciego y que estaba absolutamente dispuesto a pagar el precio de la vida, por haber logrado imponer el reconocimiento de la existencia propia sobre los estratos “normales” de la sociedad.

El desprecio de la élite por el genio y su anhelo de anonimato demostraban todavía un espíritu que ni las masas ni el populacho se hallaban en disposición de comprender.

A la élite le placía que el hampa asustara a la sociedad respetable colocándola al mismo nivel. Los miembros de la élite no pusieron reparos al hecho de tener que pagar un precio- la destrucción de la civilización- por el placer de ver cómo se abrían camino aquellos que habían sido injustamente excluídos en el pasado. No se sintieron especialmente agraviados por las monstruosas falsificaciones de la historiografía. Se habían llegado a convencer de que en cualquier caso la historiografía tradicional era una falsificación, ya que había excluído del recuerdo de la humanidad a los menos privilegiados y los oprimidos.

 

La alianza temporal entre la élite y el populacho se basó ampliamente en este genuino placer con el que la primera veía al segundo destruir la respetabilidad. El objeto de las más variadas construcciones consistía siempre en presentar a la historia oficial como una burla XX. Lo que ejerció la fascinación no fue la habilidad de Stalin y Hitler en el arte de mentir, sino en el hecho de que fueran capaces de organizar las masas en una unidad colectiva para respaldar sus mentiras con una impresionante magnificencia.

Desde que Balzac reveló las vidas privadas de la sociedad francesa y la dramatización de Ibsen de Los pilares de la sociedad había conquistado el teatro, el tema de la doble moralidad era uno de los ´mas importantes en tragedias,comedias y novelas.

Como la burguesía afirmaba ser el guardián de las tradiciones occidentales y tornó confusas todas las cuestiones morales, jactándose públicamente de virtudes que no solo no poseía en privado sino que realmente despreciaba, parecía revolucionario aceptar la crueldad, el desprecio por los valores morales, y la amoralidad general, porque así se destruía al menos la duplicidad (hipocresía) sobre la que parecía descansar la sociedad existente XX

Particularmente significativa a este respecto fue la acogida que obtuvo la obra de teatro de Brecht que presentaba a los gangsters como respetables hombres de negocios, y a los respetables hombres de negocios como gangsters. La ironía se perdió cuando los respetables hombres de negocios que vieron la obra la consideraron como una profunda percepción de la vida, y cuando el populacho la recibió como una sanción artística del gangsterismo. La canción que fue tema de la obra, Erst kommt das Fressen, dann kommt die Moral (primero la comida, luego la moral) , fue recibida con aplausos por todo el mundo aunque por diferentes razones. El efecto de la obra fue exactamente el opuesto del que Brecht había buscado.

Esto muestra la falta de sentido de la realidad de la élite, junto con su pervertida abnegación. Esta fue la razón por la que pudo surgir una alianza temporal entre la élite intelectual y el populacho. XX

La ausencia de escrúpulos tampoco quedaba restringida al populacho, en cualquier caso podía ser enseñada en un tiempo relativamente corto. Las masas de filisteos coordinados proporcionaron un material mucho mejor y fueron capaces de crímenes aún mayores que los de los llamados criminales profesionales, a condicion tan solo de que tales crímenes estuvieran bien organizados y asumieran la apariencia de un trabajo rutinario.

Para ser completamente justos con aquellos miembros de la élite que se dejaron seducir por los movimientos totalitarios, es preciso declarar que lo que estos hombres hicieron o no hicieron no tuvo influencia en ningún totalitarismo, aunque desempeñó cierto papel en los primeros intentos por obligar al mundo exterior a tomar en serio sus doctrinas.

Allí donde los Movimientos Totalitarios conquistaron el poder, todo este grupo de simpatizantes se deshizo antes de que los regímenes procedieran a cometer sus mayores crímenes. La implacable persecución de cualquier forma superior de actividad intelectual por los nuevos dirigentes de masas, y la dominación total, no permiten la libre iniciativa en ningún campo de la vida ni ninguna actividad que no sea enteramente previsible. El totalitarismo en el poder sustituye invariablemente a todos los talentos de primera fila por aquellos fanáticos y chiflados cuya falta de inteligencia y creatividad sigue siendo la mayor garantía de su lealtad.

 

Una mezcla de credulidad y de cinismo era característica sobresaliente de la mentalidad del populacho antes de convertirse en fenómeno cotidiano de las masas. En un mundo siempre cambiante e incomprensible, las masas alcanzaron un punto en que al mismo tiempo creían en todo y no creían en nada. Pensaban que todo era posible, y que nada era cierto. La propaganda descubrió que su audiencia estaba dispuesta al mismo tiempo a creer lo peor, por absurdo que fuera, y que no se resistía especialmente a ser engañada, puesto que por otra parte sostenía que cualquier declaración era una mentira. Los jefes totalitarios basaron su propaganda en la correcta suposicion psicológica de que bajo semejantes condiciones uno podía hacer un día creer a la gente las más fantásticas declaraciones y confiar en que, si al día siguiente recibía la prueba irrefutable de su falsedad, esa misma gente se refugiaría en el cinismo. En lugar de abandonar a los líderes que le habían mentido, aseguraría que siempre había creído que tal declaración era una mentira, y admiraría a los líderes por su superior habilidad táctica. XX

 

La élite no está compuesta de ideólogos; toda la instrucción de sus miembros está encaminada a abolir su capacidad para distinguir entre la verdad y la falsedad, entre la realidad y la ficción. XX Sin la élite y su incapacidad artificialmente inducida para comprender los hechos como hechos, para distinguir entre la verdad y la falsedad, el movimiento nunca podría moverse en la dirección que requiere la realización de su ficción.

La sobresaliente cualidad negativa de la élite totalitaria es que jamás se detiene a pensar cómo es realmente el mundo y nunca compara las mentiras con la realidad. Su más preciada virtud en consecuencia es la lealtad al jefe, que como un talismán asegura la victoria definitiva de la mentira y la ficción sobre la verdad y la realidad.

 

 

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