Fernández
tuvo reflejos rápidos, y lo aplaudo por ello. Cerró rápidamente las fronteras,
y declaró una cuarentena temprana para frenar la diseminación de los casos
importados que mayormente venían de Europa.
Creo que esa estrategia está dando
sus frutos. Por un
lado, se ve un retardo de la velocidad de diseminación, y se ganó un tiempo
imprescindible para dotar a los servicios de salud de los recursos necesarios
para afrontar lo que se viene.
Porque lo que se viene, no se va a
poder evitar.
Acá es
donde se dividen las aguas entre los que quieren prolongar la cuarentena y los
que no. ¿Por qué?
Para
entender lo que pretendo decir, es necesario aclarar que la evolución de una enfermedad cualquiera y la subsecuente mortalidad dependen no sólo del agente patógeno (en este caso el coronavirus), sino que son un resultado además del estado inmunológico del
huésped (el paciente), y de la calidad de la atención sanitaria que pueda
recibir.
El estado
inmunológico del huésped- cualquier médico lo sabe- depende muchísimo de las
condiciones de alimentación, del estado físico general, y sobre todo del estado
de ánimo.
Una persona
que no trabaja, que no se puede mover, que no genera ingresos y por lo tanto
vive en una situación de estrés y angustia permanente, que se ve bombardeada
por medios de comunicación que pregonan la “crónica de una muerte anunciada”
que sin embargo no termina de llegar, tiene serio riesgo de comprometer su
sistema inmunitario en el corto plazo.
Y los
argentinos hace ya un mes que vivimos en esta situación.
Pronostican
que el pico esperado para nuestro país será en Mayo-Junio. Quienes creen que
hay que prolongar la cuarentena hasta que llegue el pico, ignoran los efectos
devastadores sobre la salud que acabo de mencionar, vale decir, aquellos que
afectan a la integridad del huésped. Suponen que nuestras defensas serán las
mismas en Mayo-Junio, después de dos meses y medio de cuarentena. Y no es así: si la
cuarentena se prolonga, el estado de la población va a ser mucho peor que ahora.
Sin mencionar
que- por el efecto mismo de una cuarentena prolongada- es posible que la curva siga plana y el
mentado pico, que tarde o temprano llegará igual, se siga corriendo hacia delante, hacia Julio-Agosto, sumando mayor
deterioro físico y mental al cuerpo
social y por tanto una mayor vulnerabilidad a la enfermedad.
¿Qué se
puede hacer entonces? He aquí mi idea, que como tantas se ofrece a discusión, pero creo que merece que se la considere.
Yo creo que el parate dispuesto por el Gobierno fue
una medida magistral, permitió frenar lo que de otra manera hubiese sido un
descontrol con un desbordamiento del sistema sanitario. Los Gobernantes han GANADO
un mes para poner a punto su sistema de salud, se han preparado y lo seguirán
haciendo. La cuarentena nos hizo tomar conciencia a todos los argentinos de la
importancia y gravedad del problema, y de la necesidad de darle batalla y vencerlo. Todo eso es muy bueno.
Para
lograrlo, el siguiente paso es
fortalecer al huésped, para que cuando llegue el pico de Mayo no encuentre
a la gente debilitada, deprimida, angustiada, con un sistema inmune fragilizado,
socialmente y afectivamente aislada. Porque sobre un huésped así, el
coronavirus va a hacer estragos.
¿Y cómo se fortalece al huésped? Permitiéndole
alimentarse, hacer ejercicio, trabajar, y cuidar de su salud. Y sobre todo,
haciendo que se sienta potente y gane confianza en sí mismo y en sus
capacidades. Eso no se logra, naturalmente, encerrando a la
gente en soledad, impidiéndole trabajar, dándole un plato de comida o una dádiva para sobrevivir, y
generándole pánico a través de los “pregoneros del apocalipsis”.
Si queremos
que cuando llegue el pico nos encuentre bien en forma y de ese modo se produzca
la menor mortalidad posible, la cuarentena debe abrirse para todos los menores
de 60 años que trabajan, y debe habilitarse a los consultorios de salud que
retomen sus actividades habituales: la falta de atención de problemas de salud habituales,
crónicos, o menores incluso, puede llevar en el mediano plazo a un aumento de
la morbilidad (y esto no por el coronavirus, sino por otras causas)
Pero - y
acá está la clave- en esta apertura,
debe respetarse a rajatabla el distanciamiento social. En los transportes
públicos debe ser obligatorio el uso de barbijo, lo mismo que en el interior de
negocios, y supermercados. Quienes despachan alimentos deben usar barbijo y
guantes, lo mismo cajeros y todo personal que esté en la atención al público. En
las colas y en las oficinas, respetar los 2 metros de distancia. Las
cafeterías deben bloquear mesas intermedias. En las entradas del transporte publico y locales debe haber control de temperatura y no permitir el ingreso de gente con fiebre. Y quienes tengan síntomas gripales deben autoaislarse por 15 días. Y mucha limpieza y antiséptico por
todos lados.
Una guerra no se gana encerrándose en la cueva. Debemos conquistar el poder que deriva del hecho de estar activos, de trabajar y generar recursos, de alimentarnos bien, de hacer ejercicio y de cuidar nuestra salud general. Viéndonos las caras, actuando de manera solidaria, ganaremos la confianza y fortaleceremos
la salud física y mental que vamos a necesitar en Mayo-Junio, cuando el pico de
contagios nos alcance.
1 comentario:
Parece que el presidente leyó esta nota, muy cierta, y ahora va a liberar la cuarentena para que podamos ir a correr!! Qué ganas de correr pueden tener quienes están perdiendo sus trabajos. Muchas gracias por los argumentos.
Publicar un comentario